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Chapter 9: La trampa del padrino

La noticia se había extendido por todos los medios financieros antes de que Ethan pudiera terminar de leerla.

Las acciones de Carter Holdings comenzaron a caer durante las primeras operaciones de la mañana. Los periodistas llamaban sin descanso a la oficina de comunicación, mientras varios socios comerciales exigían explicaciones sobre el supuesto fraude patrimonial.

Samuel Whitmore había elegido el momento con precisión.

Una boda interrumpida. Un documento sospechoso. Una novia que admitía haber mentido. Y un heredero multimillonario cuya familia parecía esconder secretos.

La historia perfecta para destruir una reputación.

—No respondas a ninguna pregunta de la prensa —ordenó Robert por teléfono—. Estamos preparando una declaración limitada y solicitando que se preserven los documentos originales. No vamos a discutir la filiación de Victoria en público hasta verificarla.

Ethan observó la noticia en la pantalla.

—Samuel está acusándome de silenciarla.

—Lo sé. También ha presentado una solicitud para que se congele temporalmente una parte de los activos vinculados al fideicomiso.

—¿Puede hacerlo?

—Puede solicitar medidas judiciales. Que las consiga es otra cuestión. Necesitamos revisar los documentos y responder mediante el procedimiento correspondiente.

Ethan apretó la mandíbula.

—¿Y si consigue congelar las cuentas?

—Las operaciones ordinarias de la empresa están separadas de los activos que reclama, pero debemos comprobarlo. No hagas movimientos apresurados ni intentes transferir fondos para evitar una posible orden judicial.

—No pienso hacerlo.

—Bien. Mantén todos los registros intactos.

Cuando terminó la llamada, Victoria estaba de pie junto a la ventana. Había escuchado suficiente para comprender que su antiguo aliado estaba dispuesto a sacrificarla con tal de conseguir lo que quería.

—Samuel me dijo que tú serías el problema —murmuró—. Que, si te enterabas de mi existencia, intentarías destruirme para proteger tu fortuna.

Ethan la miró.

—Y tú decidiste creerle.

—Sí.

—Incluso después de conocerme.

Victoria cerró los ojos.

—No hay ninguna excusa para eso.

Por primera vez, Ethan no encontró en ella la sonrisa calculada ni el intento desesperado de cambiar de tema. Solo vio a una mujer que comenzaba a comprender el precio de sus propias decisiones.

Pero la compasión no borraba el daño.

—Necesito que me entregues todos los documentos que Samuel te dio —dijo Ethan—. Mensajes, correos, contratos y cualquier registro de las reuniones que tuvieron.

—Lo haré.

—También necesito que le cuentes a Robert exactamente qué firmaste y cuándo.

Victoria asintió.

—Lo haré.

—No significa que vuelva a confiar en ti.

—Lo sé.

Ethan recogió la fotografía de Isabel.

—Si de verdad quieres descubrir quién fue tu padre, tendrás que aceptar la posibilidad de que la respuesta no sea la que esperas.

Victoria se quedó mirando la imagen.

—Toda mi vida pensé que mi madre me había abandonado con un secreto que nunca quiso contarme. Ahora no sé si intentaba protegerme o si simplemente tenía miedo.

—Eso es algo que tendremos que averiguar con pruebas.

Ella levantó la vista.

—¿Me ayudarás?

Ethan tardó en responder.

—Ayudaré a descubrir la verdad. No confundas eso con perdonarte.

Victoria aceptó la respuesta sin discutir.

Al mediodía, Robert recibió una llamada de su equipo de investigación.

Habían localizado una copia digital de un informe de auditoría que Daniel Carter había encargado meses antes de morir. El archivo estaba almacenado en un servidor antiguo y nunca había sido incorporado al expediente corporativo principal.

Robert lo abrió en una sala de reuniones, con Ethan, Victoria y Natalie presentes.

—El informe identifica varias transferencias entre una fundación administrada por Samuel Whitmore y sociedades vinculadas a Carter Meridian Trust —explicó—. También señala que parte de los fondos terminó en una cuenta utilizada para pagar servicios de investigación privada.

Ethan se inclinó hacia la pantalla.

—¿Investigación sobre quién?

Robert revisó la siguiente página.

—Isabel Blake.

Victoria se llevó una mano a la boca.

El informe incluía fechas, cantidades y referencias a entrevistas realizadas antes de la muerte de Daniel. No demostraba por sí solo que Samuel hubiera cometido un delito, pero sí mostraba que había financiado una investigación sobre Isabel y su hija durante años.

—¿Por qué investigaría a mi madre? —preguntó Victoria.

Natalie respondió con cautela.

—Quizá porque conocía la relación que tuvo con Daniel. O porque sospechaba que existía una reclamación hereditaria.

Robert abrió un anexo.

—Aquí hay una nota del auditor. Daniel creía que alguien había creado una cadena de sociedades para ocultar al beneficiario real de ciertas transferencias. El informe recomienda examinar las firmas de autorización y entrevistar a tres personas.

Ethan leyó los nombres.

Richard Carter.

Samuel Whitmore.

Y Elena Morales.

—La enfermera —dijo.

Robert asintió.

—El informe no explica por qué aparece su nombre, pero eso confirma que debemos escuchar su testimonio.

Victoria miró a Ethan.

—Samuel me dijo que Elena había desaparecido porque tu familia la había comprado para guardar silencio.

Ethan se volvió hacia ella.

—¿Cuándo te dijo eso?

—Hace unos meses. También dijo que, si alguna vez encontrabas la caja fuerte, no debías confiar en nadie que llevara el apellido Carter.

Robert anotó la declaración.

—¿Te entregó algún documento relacionado con Elena?

Victoria negó con la cabeza.

—Solo una dirección antigua y una fotografía de un hospital. Dijo que allí había ocurrido algo que cambiaría mi vida.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Tienes esa fotografía?

Victoria sacó el teléfono y buscó entre sus archivos. Después de unos segundos, mostró una imagen borrosa de la entrada de un hospital privado de Los Ángeles.

La fecha correspondía a la noche en que Daniel había muerto.

En una esquina de la fotografía se veía a Samuel entrando por una puerta lateral.

Robert amplió la imagen.

—Esto no demuestra qué hizo allí, pero puede ayudarnos a reconstruir los acontecimientos.

Ethan miró a Victoria.

—¿Por qué no me mostraste esto antes?

Ella bajó la mirada.

—Porque Samuel me dijo que destruiría cualquier prueba si se enteraba de que yo la tenía. Y porque yo seguía pensando que necesitaba su ayuda para conseguir mi herencia.

—¿Sabías que podía estar relacionado con la muerte de mi padre?

—No. Nunca me dijo eso.

Robert guardó una copia de la imagen y llamó a su equipo para que la preservara junto con los demás archivos.

—Tenemos que proceder con cuidado —dijo—. La fotografía, el informe y las declaraciones justifican investigar, pero no debemos presentar una teoría como si fuera un hecho demostrado.

Ethan asintió.

En ese momento, Natalie recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos y después se volvió hacia ellos.

—Elena Morales está dispuesta a reunirse esta tarde. Ha visto la noticia sobre Samuel y dice que no puede seguir guardando silencio.

Ethan se puso de pie.

—Vamos.

El encuentro se celebró en una pequeña sala privada de una biblioteca pública, lejos de los periodistas que vigilaban la residencia Carter.

Elena Morales llegó acompañada por una abogada. Era una mujer de cabello gris, mirada cansada y manos que se retorcían nerviosamente sobre su bolso.

Cuando vio a Ethan, se levantó.

—Te pareces mucho a tu padre.

Ethan le ofreció una silla.

—Usted estuvo con él la noche en que murió.

Elena asintió.

—Yo era enfermera de guardia. Daniel Carter estaba consciente durante parte de aquella noche, aunque estaba muy débil. Me pidió que no dejara entrar a nadie sin autorización.

—¿A quién quería mantener fuera?

Elena miró a su abogada, quien le indicó que podía continuar.

—A Samuel Whitmore.

Ethan sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¿Samuel estaba en el hospital?

—Sí. Llegó poco antes de medianoche. Discutió con su padre en una habitación privada. Yo no escuché toda la conversación, pero oí a Daniel decir que no firmaría los documentos.

—¿Qué documentos?

Elena respiró profundamente.

—No lo sé. Después de la discusión, Samuel me pidió que registrara la visita como si hubiera ocurrido al día siguiente. Me negué.

Robert tomó notas.

—¿Tiene alguna prueba de esa conversación?

Elena abrió su bolso y sacó una pequeña libreta de enfermería.

—Guardé una copia de mis anotaciones. No incluye lo que dijeron palabra por palabra, pero registra la hora de entrada, la salida de Samuel y una observación que hice cuando encontré a Daniel alterado.

Ethan miró la página.

La anotación estaba fechada cinco años atrás.

«Paciente solicita que se preserve el sobre entregado a la enfermera. Indica que contiene instrucciones para su hijo. Visita no autorizada de Samuel Whitmore».

Ethan sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Qué sobre?

Elena sacó una segunda hoja.

—Daniel me pidió que lo entregara a su abogado después de su muerte. Pero, cuando regresé al hospital al día siguiente, el sobre había desaparecido del lugar donde lo guardaba.

Robert levantó la mirada.

—¿Se lo dijo a la policía?

—Sí. Me dijeron que no podían confirmar que el sobre hubiera existido. Poco después, recibí una oferta de trabajo en otro estado. También me advirtieron que debía dejar de hablar sobre la familia Carter.

—¿Quién la advirtió? —preguntó Ethan.

Elena apretó los labios.

—Un hombre que trabajaba para Samuel.

La sala quedó en silencio.

Ethan se inclinó hacia delante.

—¿Cree que Samuel hizo algo para causar la muerte de mi padre?

Elena tardó en contestar.

—No puedo afirmar eso. Yo no vi lo que ocurrió después de salir de la habitación. Pero sé que Daniel estaba consciente cuando Samuel se marchó, y sé que había pedido ayuda para proteger un documento que nunca apareció.

Robert asintió.

—Su testimonio deberá verificarse con los registros médicos y las demás pruebas.

Elena se volvió hacia Ethan.

—Hay algo que no les he contado porque no sabía si debía hacerlo.

—Dígame.

—Antes de morir, su padre me pidió que le entregara un mensaje si alguna vez aparecía una mujer llamada Victoria Blake.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Qué mensaje?

Elena sacó un papel amarillento del interior de su libreta.

La escritura era temblorosa, pero reconocible.

«Si Victoria llega a conocer a Ethan, no permitan que Samuel los separe antes de que ambos sepan la verdad».

Victoria comenzó a llorar en silencio.

Ethan leyó la frase una vez, luego otra.

Su padre no había escrito que Victoria debía mantenerse alejada de él.

Había pedido que ambos conocieran la verdad.

Pero antes de que Robert pudiera preguntar algo más, el teléfono de Elena vibró.

Ella miró la pantalla y perdió el color del rostro.

—Es un mensaje de un número desconocido —susurró.

Ethan extendió la mano.

El mensaje contenía una fotografía tomada desde el exterior de la biblioteca.

En ella aparecían Ethan, Victoria y Elena sentados juntos.

Debajo había una sola frase:

*«Si siguen buscando, la próxima persona que desaparezca no será un documento».*

Elena comenzó a temblar.

Robert llamó inmediatamente a las autoridades y pidió que todos permanecieran dentro hasta recibir instrucciones.

Ethan miró por la ventana.

Al otro lado de la calle, un automóvil negro arrancó lentamente y desapareció entre el tráfico.

En el asiento del pasajero, durante una fracción de segundo, Ethan creyó reconocer a Samuel Whitmore.

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Y comprendió que el hombre que había sido su padrino durante toda su vida acababa de dejar de esconderse.

Ahora estaba dispuesto a enfrentarse a ellos.

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