Chapter 8: La hija que nadie debía reconocer
—No puede ser —susurró Margaret.
Ethan seguía mirando a Richard, esperando que retirara aquellas palabras. Que admitiera que había mentido, que se había confundido o que estaba intentando protegerse inventando otra historia.
Pero su tío no retrocedió.
—Tu padre descubrió que alguien había utilizado las empresas familiares para ocultar pagos durante años —dijo Richard—. Cuando empezó a investigar, recibió amenazas. No quería involucrarte porque eras joven y porque pensaba que podía resolverlo sin destruir la familia.
—¿Quién financiaba esos pagos? —preguntó Ethan.
Richard miró la puerta por la que acababan de entrar dos agentes de policía.
—No aquí.
—No vuelvas a decirme que no puedes hablar. Mi madre estuvo a punto de quedarse sola en esta casa mientras tú registrabas el estudio de mi padre.
—No vine a hacerle daño.
—Entonces dime la verdad.
Richard bajó la cabeza.
—El nombre que necesitas buscar es el de tu padrino.
Ethan sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
*Samuel Whitmore.*
Samuel había sido el mejor amigo de Daniel Carter y el padrino de Ethan. Era un empresario respetado, un donante habitual de hospitales y universidades, y el hombre que había acompañado a Ethan en su graduación cuando su padre ya no estaba vivo para hacerlo.
Después de la muerte de Daniel, Samuel había ayudado a la familia a reorganizar sus inversiones. También había recomendado a varios de los ejecutivos que dirigían Carter Holdings.
Ethan siempre lo había considerado un segundo padre.
—¿Estás diciendo que Samuel financió a Victoria? —preguntó.
—Estoy diciendo que debes revisar las transferencias que salieron de sus fundaciones.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
Richard apretó los puños.
—Porque yo también recibí dinero.
El silencio fue inmediato.
Margaret retrocedió como si hubiera recibido una bofetada.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿Qué acabas de decir?
Richard cerró los ojos.
—Hace años, Samuel me ofreció una inversión para cubrir las pérdidas de una empresa que yo administraba. Acepté el dinero. Después descubrí que parte de los fondos procedía de operaciones que Daniel había intentado investigar.
—¿Cuánto dinero?
—No lo recuerdo con exactitud.
—¡Mírame cuando me contestes!
Richard levantó la cabeza.
—Varios millones, Ethan.
Margaret dejó escapar un sollozo.
—Daniel confió en ti.
—Lo sé.
—¡Era tu hermano!
—¡Lo sé! —gritó Richard—. Y he vivido con eso todos los días desde que murió.
Los agentes pidieron que todos se apartaran del escritorio. Uno de ellos habló con Margaret y comprobó que no necesitaba asistencia médica. El otro preguntó por la caja fuerte y por los documentos encontrados.
Ethan explicó que quería conservar los archivos y entregarlos a su abogado para que fueran examinados por las autoridades competentes.
Richard no intentó escapar.
Cuando los agentes le pidieron que los acompañara para aclarar las circunstancias de su presencia en la casa, aceptó sin discutir.
Antes de salir, se volvió hacia Ethan.
—Hay algo más que debes saber. Samuel no quiere el dinero de Victoria. Quiere controlar el fideicomiso porque allí existe un registro que podría demostrar de dónde salió su fortuna.
—¿Y qué tiene que ver Victoria con eso?
Richard miró la fotografía de Isabel Blake.
—Ella podría tener acceso a documentos que Samuel lleva años intentando encontrar. Documentos relacionados con la verdadera identidad de su padre.
Ethan sintió que la cabeza le daba vueltas.
—¿Por qué Victoria aceptaría casarse conmigo si solo quería dinero?
Richard lo miró con tristeza.
—Quizá porque creyó que el dinero era lo único que necesitaba. O quizá porque alguien le prometió que el matrimonio le daría acceso a algo que no podía conseguir de otra manera.
Los agentes se llevaron a Richard.
Ethan permaneció junto al escritorio hasta que escuchó cerrarse la puerta principal.
Después se volvió hacia su madre.
—¿Crees que mi padre tuvo una hija con Isabel?
Margaret se sentó lentamente.
—No lo sé, cariño. Daniel me dijo una vez que había cometido errores antes de conocerme. Nunca me explicó cuáles. Lo único que sé es que, durante sus últimos meses, tenía miedo de que alguien utilizara sus decisiones del pasado para perjudicarte.
Ethan se arrodilló junto a ella.
—Debí haberte protegido de todo esto.
Margaret le acarició el rostro.
—No puedes proteger a todos de las mentiras de otras personas. Pero puedes decidir qué hacer cuando finalmente descubres la verdad.
Ethan guardó la fotografía y la carta en una carpeta. Después llamó a Robert.
—Necesito que investigues a Samuel Whitmore. Todas sus fundaciones, todas las transferencias relacionadas con Carter Holdings y cualquier vínculo financiero con Victoria o su madre.
—¿Qué encontraste?
—Una fotografía de mi padre con Isabel Blake. Y una carta que sugiere que Victoria podría estar relacionada con él.
Robert guardó silencio.
—Eso cambia la naturaleza de la investigación. Necesitaremos verificar cualquier posible parentesco con documentos auténticos, no solo con una fotografía.
—Lo sé. También quiero localizar el registro de nacimiento que menciona la carta.
—Voy a ocuparme de ello.
Ethan miró hacia la ventana.
—Y quiero hablar con Victoria.
—¿Ahora?
—Ahora.
Victoria esperaba en una suite del hotel, acompañada por su abogado. Se había quitado el velo, pero todavía llevaba el vestido de novia. El maquillaje se le había corrido alrededor de los ojos y el anillo de diamantes descansaba sobre una mesa.
Cuando Ethan entró, ella se levantó inmediatamente.
—Ethan, gracias a Dios. Necesito explicarte todo.
Él cerró la puerta.
—Entonces empieza por Isabel Blake.
Victoria perdió el color del rostro.
Su abogado se incorporó.
—Mi clienta no está obligada a responder preguntas sin una revisión previa de las circunstancias.
—No estoy aquí para interrogarla formalmente —respondió Ethan—. Quiero saber si conoces a mi padre.
Victoria miró al abogado, después a Ethan.
—Conocía su nombre.
—¿Y a Samuel Whitmore?
Ella no respondió.
Ethan colocó la fotografía sobre la mesa.
Victoria la miró y se cubrió la boca.
Por primera vez, no pareció una mujer sorprendida por una acusación. Pareció alguien que acababa de ver reaparecer un recuerdo que había intentado enterrar.
—¿De dónde sacaste esto? —susurró.
—De la caja fuerte de mi padre. Tu madre aparece en la fotografía junto a él.
Victoria se sentó lentamente.
—Mi madre murió cuando yo tenía diecisiete años. Nunca me habló de tu padre. Solo me dijo que había trabajado para una familia muy rica y que, antes de morir, alguien le había prometido ayudarme a encontrar respuestas sobre mi nacimiento.
Ethan se sentó frente a ella.
—¿Quién?
Victoria apretó los dedos.
—Samuel Whitmore.
La respuesta confirmó una parte de las sospechas de Ethan, pero abrió otras diez preguntas.
—¿Él te dijo que te casaras conmigo?
—No directamente. Me buscó hace dos años y me habló de una herencia que, según él, me correspondía. Dijo que mi madre había sido engañada y que la familia Carter me debía algo.
—¿Y aceptaste?
Victoria bajó la cabeza.
—Al principio, solo quería saber quién era mi padre. Después Samuel empezó a hablar del dinero, del fideicomiso y de lo que podría conseguir si me convertía en parte de tu familia.
—¿Te prometió una fortuna?
—Me dijo que podría vivir sin volver a preocuparme por el dinero.
Ethan la miró con incredulidad.
—Así que decidiste utilizarme.
Victoria comenzó a llorar.
—Sí. Al principio, sí. No voy a mentirte otra vez. Me convencí de que podía casarme contigo, conseguir lo que necesitaba y marcharme antes de que ninguno de los dos sufriera demasiado.
—¿Y después?
Ella levantó la mirada.
—Después me enamoré de ti.
Ethan sintió que aquellas palabras llegaban demasiado tarde.
—¿Cuándo?
—No sé exactamente. Tal vez cuando te quedaste despierto conmigo en el hospital después de mi operación. O cuando recordaste el cumpleaños de mi madre y me llevaste flores. O cuando me dijiste que no necesitaba ser perfecta para que alguien me quisiera.
Victoria se secó las lágrimas.
—Pero seguí adelante con el plan porque tenía miedo de perder la oportunidad de descubrir quién era mi padre. Y porque ya había mentido demasiado para detenerme.
Ethan se quedó en silencio.
Por primera vez, la historia tenía sentido emocional, aunque no justificaba el engaño. Victoria había empezado buscando respuestas y había terminado dispuesta a destruir a un hombre que confiaba en ella.
—¿Sabías que mi padre podía ser el tuyo? —preguntó Ethan.
Victoria negó lentamente.
—Samuel me dijo que había pruebas, pero nunca me mostró ninguna. Me aseguró que el matrimonio era la única manera de acceder al fideicomiso.
—¿Y el documento que apareció en la boda?
—Me pidió que firmara varios papeles antes de la ceremonia. Dijo que eran autorizaciones para que los abogados investigaran mi posible herencia. No sabía que había un documento con la firma de tu padre.
Ethan observó su rostro.
No podía saber todavía si ella decía la verdad. Pero la historia de Samuel encajaba con las transferencias, las modificaciones y el mensaje amenazante.
Victoria tomó aire.
—Ethan, sé que no merezco que confíes en mí. Pero si Samuel descubre que estás investigando, intentará destruir todas las pruebas.
—¿Por qué?
Ella miró hacia la puerta.
—Porque no quiere que sepas quién es realmente mi padre.
En ese instante, el teléfono del abogado de Victoria vibró.
Él leyó el mensaje y palideció.
—Señor Carter, tenemos un problema.
Ethan se levantó.
—¿Qué ocurrió?
El abogado giró la pantalla hacia él.
Era una noticia publicada hacía apenas tres minutos.
*«Samuel Whitmore anuncia una demanda contra Ethan Carter por presunto fraude patrimonial y apropiación de un fideicomiso familiar».*
Debajo del titular aparecía una fotografía de Ethan frente al altar.
Y, junto a ella, una declaración firmada por Samuel.
«Tengo pruebas de que Daniel Carter ocultó deliberadamente la identidad de su hija y de que su hijo ha intentado silenciarla para conservar toda la fortuna familiar».
Ethan sintió que la sangre se le helaba.
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Samuel no estaba esperando a que descubrieran la verdad.
Estaba intentando escribirla primero.