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Chapter 4: La firma de un hombre muerto

El nombre de Victoria permanecía proyectado detrás del altar.

*Beneficiaria designada: Victoria Blake.*

Ethan sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. No podía apartar la mirada de aquella frase ni de la firma que aparecía debajo: la de su padre, Daniel Carter, muerto cinco años antes.

—Apaga esa pantalla —ordenó Richard, avanzando hacia el encargado del sonido—. ¡Ahora mismo!

—No la toques —dijo Ethan.

Su voz fue tan fría que Richard se detuvo.

Los invitados permanecieron inmóviles. Algunos sostenían sus teléfonos en alto; otros susurraban, intentando comprender por qué una boda de ensueño se había convertido en una investigación pública.

Victoria se aferró al brazo de Ethan.

—Mi amor, escúchame. No sé qué es ese documento. Te lo juro por mi vida.

Ethan apartó su brazo sin brusquedad.

—Entonces no tendrás inconveniente en explicarme por qué tu nombre aparece en un acuerdo relacionado con mi padre.

—¡Porque alguien quiere destruirme! —exclamó Victoria—. ¡Esto es una trampa!

Desde la primera fila, Madison se levantó.

—Victoria, por favor, deja de mentir.

La novia giró hacia ella con los ojos desorbitados.

—¿Qué acabas de decir?

Madison tragó saliva. Tenía las manos temblorosas, pero esta vez no bajó la mirada.

—Dije que dejes de mentir. No puedo seguir protegiéndote.

—¡Tú eres mi mejor amiga!

—Y por eso mismo sé cosas que los demás todavía no saben.

Un murmullo recorrió la iglesia.

Ethan miró a Madison.

—¿Qué cosas?

Ella respiró hondo, como si llevara meses conteniendo una confesión.

—Victoria me habló de tu familia mucho antes de que ustedes comenzaran a salir. Sabía quién eras, conocía el valor de tus empresas y preguntaba constantemente por tu padre.

Victoria soltó una carcajada nerviosa.

—¡Eso es absurdo! ¡Yo conocí a Ethan por casualidad!

—No —respondió Madison—. Me dijiste que habías investigado una fundación benéfica vinculada a los Carter. Dijiste que era la manera perfecta de acercarte a él sin levantar sospechas.

Ethan sintió que la mandíbula se le endurecía.

Recordó aquella gala benéfica en la que había conocido a Victoria. Ella había derramado accidentalmente una copa de champán sobre su chaqueta y se había disculpado con una sonrisa tan encantadora que él terminó invitándola a cenar.

Durante meses había llamado a aquello una casualidad maravillosa.

Ahora aquella noche parecía el primer movimiento de una partida cuidadosamente planeada.

—¿Desde cuándo sabías que estaba involucrado en esto? —preguntó Ethan.

Madison se secó una lágrima.

—No sabía lo del documento hasta hace unas semanas. Pero sí sabía que Victoria quería casarse contigo por tu dinero.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

Madison no pudo sostenerle la mirada.

—Porque me prometió que no te haría daño. Me dijo que solo quería seguridad económica, que tú nunca notarías la diferencia y que, cuando consiguiera lo suficiente, se marcharía sin arruinarte la vida.

—¿Y le creíste?

—Quise creerle.

Victoria avanzó hacia Madison.

—¡Cállate de una vez! No tienes idea de lo que estás diciendo.

Su amiga retrocedió.

—También me dijiste que Richard te ayudaría.

La expresión del tío de Ethan cambió.

—¡Eso es mentira! —exclamó Richard—. Esta mujer está inventando historias para salvarse.

Ethan levantó una mano.

—Nadie va a salir de esta iglesia hasta que mi abogado llegue y podamos aclarar qué está pasando.

Richard se volvió hacia él, indignado.

—¿Vas a tratarme como a un delincuente delante de toda nuestra familia?

—No sé todavía qué eres, tío. Precisamente por eso quiero respuestas.

El teléfono de Ethan vibró.

Era Robert.

Contestó de inmediato y activó el altavoz.

—Estoy viendo la transmisión —dijo el abogado—. Ethan, necesito que mantengas intactos los documentos y que nadie abandone el lugar con los originales.

—Tenemos una copia proyectada. La firma de mi padre aparece en un acuerdo que designa a Victoria como beneficiaria.

Hubo una pausa.

—Eso no debería existir —respondió Robert—. Tu padre nunca autorizó que Victoria recibiera participación alguna en las empresas Carter.

Richard palideció.

Ethan lo observó.

—¿Estás seguro?

—Completamente. Sin embargo, necesito examinar el documento completo. La imagen que recibí muestra una referencia a un fideicomiso creado antes de la muerte de tu padre. Nunca vi esa referencia en el expediente sucesorio.

Ethan miró otra vez la pantalla.

—¿Qué fideicomiso?

—No puedo confirmarlo todavía. Pero, si el documento es auténtico, podría tratarse de un instrumento separado de tus bienes personales. Y si es falso, tenemos un posible caso de fraude documental.

Victoria comenzó a sollozar.

—Ethan, por favor. Yo te amo. No dejes que un papel destruya lo que tenemos.

Él cerró los ojos un instante.

—Hace menos de una hora te escuché decir que nunca me habías amado.

—¡Estaba bromeando!

Madison soltó una risa amarga.

—No estabas bromeando cuando me dijiste que seis meses serían suficientes.

Victoria la miró con odio.

—Tú prometiste que jamás revelarías esa conversación.

—Prometí guardar tus secretos cuando creía que no estabas perjudicando a nadie. Ya no puedo hacerlo.

Ethan sintió una punzada de dolor, pero no permitió que lo dominara.

—Robert, ¿cuánto tardarás en llegar?

—Cinco minutos. Y hay algo más: acabo de encontrar un registro de acceso a los archivos del fideicomiso. La consulta se realizó hace tres semanas utilizando una credencial de tu oficina.

—¿De quién?

Robert vaciló.

—La credencial pertenece a tu director financiero.

Ethan miró a Richard.

Su tío tenía una expresión extraña. Ya no parecía enfadado, sino asustado.

—¿Qué relación tiene el director financiero con este documento? —preguntó Ethan.

Richard se pasó una mano por el cabello.

—Ethan, no puedes creer que yo haya participado en una cosa semejante. Tu padre era mi hermano. Jamás haría algo que perjudicara su memoria.

—Entonces dime qué sabes del fideicomiso.

Richard abrió la boca.

No salió ninguna palabra.

En ese instante, las puertas de la iglesia se abrieron y Robert Hayes entró acompañado por una mujer de cabello castaño, vestida con un traje gris y llevando un maletín de cuero.

Ethan reconoció a la mujer de inmediato.

Natalie Brooks.

La antigua asistente jurídica que había coordinado la firma del acuerdo prenupcial.

Robert avanzó hasta el altar.

—Antes de que alguien se marche, tenemos que escuchar a Natalie. Ella acaba de confirmar que la versión proyectada no es la única que existe.

Natalie dejó el maletín sobre una mesa.

Miró a Victoria, luego a Richard y finalmente a Ethan.

—Señor Carter —dijo con voz temblorosa—, lamento haber tardado tanto en hablar.

Abrió el maletín y sacó un sobre sellado.

—Su padre me entregó esto tres meses antes de morir. Me ordenó que solo se lo diera a usted si alguna vez aparecía un documento que designara a Victoria Blake como beneficiaria.

Ethan sintió que el corazón se le detenía.

—¿Mi padre sabía quién era Victoria?

Natalie negó lentamente con la cabeza.

—No. Cuando su padre escribió esta carta, ella todavía no formaba parte de su vida.

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Entonces miró directamente a Richard.

—Pero sí sabía que alguien de la familia intentaría robarle algo mucho más importante que su dinero.

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