Chapter 8: La firma que nunca hizo
A las nueve de la mañana, Andre llegó al despacho de Richard con Maya y una carpeta llena de documentos.
No había dormido. Cada vez que cerraba los ojos, veía la firma al final del fideicomiso y recordaba el mensaje sobre el hospital.
Richard los recibió en una sala privada.
—He conseguido una copia certificada del documento —dijo—. Pero necesitamos distinguir entre lo que demuestra y lo que todavía es una sospecha.
Andre colocó la carpeta sobre la mesa.
—La firma es falsa.
—Puede serlo. El perito deberá determinarlo.
—Yo nunca nombré a Daniel administrador de mis bienes.
Richard abrió una segunda carpeta.
—Entonces tenemos que averiguar quién presentó este documento y con qué propósito.
Maya permanecía junto a la puerta, escuchando.
Richard le indicó una silla.
—Maya, puedes quedarte. Todo lo que vamos a discutir afecta directamente a tus derechos.
La muchacha se sentó.
Richard explicó que el fideicomiso original había sido creado por Elena para proteger el patrimonio destinado a Maya. Sin embargo, la copia encontrada en los registros mostraba una modificación posterior que permitía a un administrador sustituto gestionar ciertos activos.
El documento no demostraba por sí solo que el dinero hubiera sido robado, pero ofrecía una posible explicación de cómo alguien había intentado obtener acceso a los fondos.
—¿Por qué Daniel? —preguntó Maya.
Richard juntó las manos.
—No lo sabemos. Podría haber existido una autorización legítima que después fue modificada, o alguien podría haber utilizado una copia para fabricar otra versión. Necesitamos los originales.
Andre sacó la fotografía de Elena, Vanessa y Daniel.
Richard la observó detenidamente.
—Conozco a este hombre.
—¿Daniel Price?
Richard asintió.
—Trabajó como consultor para varias empresas de construcción. Hace años estuvo involucrado en una disputa por documentos contractuales. Nunca fui su abogado, pero conozco su reputación profesional.
—¿Y Vanessa?
Richard tardó en contestar.
—La vi una vez en una reunión de negocios con él. Fue antes de tu matrimonio.
Andre apretó la mandíbula.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no sabía que tenían una relación. Y porque, en aquel momento, no había ninguna razón legal para relacionar esa reunión con tu familia.
Maya sacó la libreta de Elena.
—Mi mamá escribió que Vanessa estaba interesada en los documentos de la fundación.
Richard examinó la página.
—Esto podría ayudar a establecer una cronología. Pero no debemos asumir que cada anotación demuestra una conducta ilícita.
Andre asintió con impaciencia.
—Entiendo. ¿Qué hacemos ahora?
—Solicitamos una auditoría forense de las cuentas, preservamos los documentos y notificamos al banco que ninguna transferencia del fideicomiso puede ejecutarse sin verificación independiente. También debemos determinar si la sociedad de Nevada presentó documentos fraudulentos.
—Hazlo.
Richard recogió los papeles.
—Hay una cuestión adicional. Si Elena dejó instrucciones específicas sobre la administración del fideicomiso, podríamos necesitar una revisión judicial para confirmar cuáles son válidas.
Maya miró a Andre.
—¿Eso significa que puedo perder el dinero?
—No —respondió él inmediatamente—. Significa que vamos a proteger tus derechos por los medios adecuados.
Richard asintió.
—Y mientras tanto, Andre puede cubrir tus necesidades personales con sus propios recursos, sin tocar el fideicomiso.
Maya pareció relajarse.
Por primera vez desde que había encontrado el sobre amarillo, sintió que los adultos estaban hablando de su futuro sin tratarla como un problema.
Cuando salieron del despacho, Devin estaba esperando en el vestíbulo.
Llevaba una sudadera sencilla y tenía los ojos hinchados.
Maya se detuvo.
—Hola.
—Hola.
Durante unos segundos, ninguno supo qué decir.
Finalmente, Devin metió las manos en los bolsillos.
—Lo siento por lo que dije antes de Hawái.
Maya miró al suelo.
—Me hiciste sentir como si no perteneciera a mi propia casa.
—Lo sé.
—Y cuando Vanessa me empujó, no hiciste nada.
Devin cerró los ojos.
—Tenía miedo de que se enfadara conmigo. Siempre me decía que tú querías quitarme todo lo que tenía.
Maya lo miró directamente.
—Yo nunca quise quitarte nada.
—Ahora lo entiendo.
No hubo un abrazo ni una reconciliación inmediata. El daño era demasiado grande para desaparecer con una disculpa.
Pero Maya aceptó sentarse con él en una cafetería cercana, mientras Andre y Richard hablaban a unos metros.
Devin sacó su teléfono y mostró una fotografía de la computadora portátil de Vanessa.
—Tomé esto antes de que se fuera.
En la pantalla aparecía una carpeta llamada «Proyecto Familiar». Dentro había archivos con fechas, copias de firmas y un documento titulado «Transferencia definitiva».
Maya sintió un nudo en la garganta.
—¿Por qué tomaste la fotografía?
—Porque escuché a mi mamá hablando con alguien. Dijo que tenía que terminarlo antes de que tú cumplieras dieciocho años.
Andre se acercó y observó la pantalla.
—¿Puedes acceder a esos archivos?
—No. Solo fotografié la pantalla antes de que cerrara la computadora.
Richard examinó la imagen.
—No debemos intentar entrar en cuentas privadas sin autorización. Pero esta fotografía puede ser relevante para la investigación. Guárdala y no la alteres.
Devin asintió.
—Hay otra cosa que no le dije a nadie.
Andre se sentó frente a él.
—Adelante.
—Mi mamá me llevó una vez a ver a Daniel. Yo tenía doce años. Me dijo que era un inversionista que podía ayudarme a entrar a una buena universidad.
—¿Qué ocurrió?
—Daniel me preguntó si sabía que mi madre había estado casada antes de conocer a Andre. Cuando le dije que no, se quedó callado. Después me dijo que algún día entendería por qué algunas familias guardan secretos.
Andre miró a Richard.
La conexión entre Daniel, Vanessa y los documentos era cada vez más clara, pero todavía faltaba una pieza esencial: el motivo exacto.
Devin sacó un pequeño papel doblado de su bolsillo.
—Encontré esto en mi mochila después de que mi mamá se fue.
Era una tarjeta con una dirección y una hora.
En el reverso había una frase escrita a mano:
Si Andre encuentra el archivo original, dile que me llame antes de hablar con la policía.
Debajo aparecía un número de teléfono.
Y el nombre de Daniel Price.
Richard examinó la tarjeta.
—No vamos a ir a esa dirección sin tomar precauciones. Si Daniel tiene información relevante, podemos comunicarnos con él a través de los abogados.
Andre asintió.
Sin embargo, antes de que pudieran decidir el siguiente paso, el teléfono de Maya vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
Incluía una fotografía reciente de Elena, tomada aparentemente en una cafetería.
Maya reconoció inmediatamente el lugar.
Era el mismo restaurante que aparecía en la fotografía de la caja fuerte.
Debajo había una frase:
Tu madre no murió sin saber quién era Vanessa.
Maya levantó la mirada, aterrorizada.
—Papá, ¿qué significa esto?
Andre tomó el teléfono.
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El mensaje tenía una segunda línea.
Si quieres conocer la verdad, pregunta por la mujer que firmó el certificado de defunción.