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Chapter 7: El secreto del hospital

Andre leyó el mensaje desconocido tantas veces que terminó memorizándolo.

Si quieres saber la verdad sobre Devin, pregúntale a tu esposa quién estuvo en el hospital la noche en que nació.

Vanessa no contestaba sus llamadas. Devin tampoco. Desde que habían abandonado la casa, ninguno de los dos había regresado ni enviado una explicación.

Maya permanecía sentada frente a él, con las manos entrelazadas sobre las rodillas.

—Papá, ¿crees que Devin sabe algo?

Andre dejó el teléfono sobre la mesa.

—No lo sé, cariño. Y no voy a acusarlo sin pruebas.

—Pero si Vanessa mintió sobre su padre...

—Entonces averiguaremos la verdad. Sin importar lo que encontremos.

Maya bajó la mirada.

—¿Y si eso significa que Devin no es quien creíamos?

Andre se inclinó hacia ella.

—Él seguirá siendo responsable de sus decisiones, igual que tú eres responsable de las tuyas. Pero ningún niño debería pagar por los secretos de los adultos.

Aquellas palabras parecieron tranquilizarla un poco.

Andre llamó a Richard y le pidió que investigara, mediante los procedimientos legales correspondientes, la autenticidad de los documentos del fideicomiso y los antecedentes de la sociedad de Nevada. Después contactó al hospital donde había nacido Devin.

No solicitó información médica privada por teléfono. Pidió orientación sobre cómo verificar los documentos familiares que Vanessa había utilizado en determinados trámites y si existía alguna autorización firmada por él.

Una hora después, una administradora del hospital le devolvió la llamada.

—Señor Mitchell, encontramos un registro de contacto de emergencia asociado con el nacimiento de Devin —explicó la mujer—. Usted no figura como padre ni como contacto autorizado.

Andre frunció el ceño.

—Eso lo entiendo. Devin es hijo de Vanessa de una relación anterior.

—Sí, señor. Sin embargo, existe una anotación administrativa posterior que indica que una persona solicitó corregir información relacionada con el reconocimiento de paternidad.

Andre se enderezó.

—¿Quién hizo la solicitud?

—No puedo revelar información protegida sin la autorización correspondiente. Pero puedo indicarle que el trámite fue remitido a una oficina legal externa hace varios años.

—¿A cuál?

La mujer consultó la pantalla.

—A un despacho que utilizaba el nombre comercial Price Legal Consulting.

Andre sintió un escalofrío.

Daniel Price.

El hombre de la fotografía.

—¿Puede enviarme los procedimientos para solicitar formalmente esos registros?

—Por supuesto, señor Mitchell.

Cuando terminó la llamada, Andre encontró a Maya de pie junto a la ventana.

—Era Daniel, ¿verdad? —preguntó ella.

—El trámite pasó por una oficina relacionada con él.

Maya apretó los labios.

—Vanessa dijo una vez que Daniel había arruinado su vida. Lo dijo cuando creyó que yo estaba dormida en el automóvil.

—¿Cuándo fue eso?

—Hace dos años. Habían discutido por teléfono. Vanessa lloraba y decía que él no tenía derecho a aparecer después de tantos años.

Andre se quedó pensativo.

Quizá Daniel era el padre biológico de Devin. Quizá el mensaje intentaba manipularlo. Ninguna de las dos posibilidades explicaba por qué Vanessa había buscado acceso al dinero de Maya.

Su teléfono vibró.

Era Richard.

—Andre, conseguí información sobre Westbridge Family Services —dijo el abogado—. La empresa fue creada hace cuatro años. Hay documentos que vinculan a su agente registrado con una antigua sociedad administrada por Daniel Price.

—¿Puedes demostrar que Vanessa es la beneficiaria?

—Todavía no. Pero he encontrado algo más preocupante. La empresa presentó una solicitud para adquirir derechos sobre determinados activos del fideicomiso de Elena.

Andre cerró los ojos.

—¿Cuándo?

—Hace seis meses.

—¿Y por qué no se rechazó?

—Porque la solicitud incluye una copia de un documento que aparentemente lleva tu firma.

Andre sintió que la rabia le subía por el pecho.

—Esa firma no es mía.

—Entonces necesitamos el original y un análisis forense.

—Lo tendrás.

Después de colgar, Andre le explicó a Maya lo que había descubierto. Ella escuchó sin interrumpir, hasta que él mencionó el nombre de Daniel.

—Papá, quiero hablar con Devin.

Andre dudó.

—No sabemos dónde está.

—Puedo escribirle. No quiero pelear. Solo quiero saber si él sabía lo del dinero.

Maya tomó su teléfono y abrió la conversación con su hermanastro.

Escribió un mensaje breve.

No voy a culparte por lo que hizo tu mamá. Pero necesito saber si conocías las transferencias de mi fondo.

Pasaron cinco minutos.

Luego diez.

Finalmente apareció una respuesta.

No sabía que era tu dinero.

Maya leyó el mensaje en voz alta.

Andre se acercó.

Llegó otro.

Mi mamá me dijo que tú habías aprobado que usaran esa cuenta para pagar mis estudios. Me enseñó documentos. Pensé que era verdad.

Maya escribió:

¿Por qué te fuiste con ella?

La respuesta tardó más.

Porque es mi mamá.

Maya cerró los ojos. Por un instante, pareció recordar todas las veces que había querido proteger a su padre de la verdad y todas las veces que Devin se había burlado de ella.

Pero no escribió una respuesta cruel.

En cambio, preguntó:

¿Sabes quién es Daniel Price?

El teléfono sonó casi inmediatamente.

Era Devin llamando.

Maya contestó y puso el altavoz.

—¿Qué quieres saber? —preguntó él. Su voz sonaba distinta, sin aquella seguridad arrogante de siempre.

—Lo que sabes de Daniel.

Devin respiró con dificultad.

—Encontré unas cartas de mi mamá cuando estábamos empacando. Había una foto de ella con un hombre. Detrás decía: «Para mi hijo, cuando esté preparado para conocer a su padre».

Maya miró a Andre.

—¿La tienes?

—No. Mi mamá me la quitó. Pero alcancé a leer el nombre.

—¿Daniel Price?

Devin no respondió inmediatamente.

—Sí.

Andre tomó el teléfono.

—Devin, soy Andre. Necesito que me escuches. No voy a obligarte a elegir entre tu madre y la verdad. Pero si tienes información sobre las cuentas o los documentos, debes decirla.

—¿Vas a denunciarla? —preguntó Devin.

—Si encontramos pruebas de un delito, tendré que actuar. No voy a mentir para proteger a nadie.

Devin comenzó a llorar en silencio.

—Ella me dijo que tú nunca me habías querido. Que si no conseguía que firmaras los papeles, me mandarías lejos y dejarías de pagar mis estudios.

Andre sintió una punzada de tristeza.

—Eso no es lo que he dicho.

—Lo sé ahora.

—¿Dónde estás?

—En casa de mi abuela. No quiero volver con mi mamá hasta entender qué está pasando.

Andre le dio la dirección de un lugar público donde podían reunirse al día siguiente, acompañado de un adulto de confianza.

Antes de colgar, Devin dijo algo que dejó a ambos inmóviles.

—Andre, hay otra cosa. Mi mamá guarda una copia de tu firma en su computadora. La usa para preparar documentos. Y anoche, cuando se fue, escuché que llamó a alguien.

—¿A quién?

—Dijo: «El plan cambió. Tenemos que conseguir que Maya desaparezca de los documentos antes de que Andre encuentre el original».

La llamada terminó.

Maya se quedó mirando la pantalla apagada.

—¿Qué significa que quiere hacerme desaparecer de los documentos?

Andre la abrazó.

—No lo sé todavía. Pero no voy a permitir que nadie vuelva a utilizar tu nombre para hacerte daño.

Esa misma noche, Richard le envió un último correo.

Había localizado una copia certificada de un documento firmado por Elena pocos días antes de morir.

El documento no solo confirmaba la existencia del fideicomiso.

También nombraba a una persona como administradora sustituta en caso de que Andre quedara incapacitado o perdiera el control de sus bienes.

Andre abrió el archivo.

El nombre que aparecía al final no era Vanessa.

Era Daniel Price.

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Y debajo había una segunda firma, escrita a mano.

La de Andre.

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