love

Chapter 6: La verdadera razón por la que querían mi vestido

Durante el trayecto de regreso, no pude apartar los ojos de la solicitud de adquisición.

Mi padre no solamente había firmado documentos relacionados con la colección de mi madre dieciocho años atrás.

Ahora estaba intentando transferir los derechos restantes justo antes de que Brianna presentara mi vestido en una competencia patrocinada por el mismo hombre que había participado en la operación original.

—¿Qué ganaría Daniel con todo esto? —pregunté.

Celeste mantenía la mirada fija en la carretera.

—Si adquiere los derechos restantes, podría controlar la explotación comercial de la colección. Eso incluiría licencias, reproducciones autorizadas y determinados usos de los diseños, dependiendo de lo que establezcan los documentos originales.

—¿Y Brianna?

—Si gana, su nombre podría quedar asociado públicamente con un diseño que se parece a una pieza histórica de la colección. Eso no le otorgaría automáticamente los derechos legales, pero podría servir para construir una imagen comercial.

Me quedé mirando por la ventana.

De repente, la competencia dejó de parecer un simple concurso de moda.

Era una oportunidad para que Vanessa y Daniel presentaran a Brianna como una joven diseñadora prometedora, mientras mi nombre desaparecía detrás de la historia que habían inventado.

—¿Crees que mi padre está involucrado en todo esto?

Celeste tardó en responder.

—Los documentos muestran que ha participado en varias decisiones. Todavía no sabemos si comprende todas las consecuencias de lo que está firmando.

—Siempre hay una excusa para él.

—No estoy excusándolo, Nia. Estoy intentando separar lo que podemos demostrar de lo que sospechamos.

Llegamos al taller de Rosa poco después del mediodía.

Yo estaba guardando las fotografías de los documentos cuando recibí una llamada de un número desconocido.

Contesté.

—¿Hola?

—Nia, soy Brianna.

Su voz sonaba distinta. No tenía el tono burlón que utilizaba en casa.

—¿Qué quieres?

—Necesito hablar contigo.

—¿Sobre qué? ¿Sobre el vestido que me robaste?

Escuché una respiración temblorosa al otro lado.

—Mamá dice que estás inventando cosas para arruinar mi oportunidad.

—No estoy inventando nada.

—Dice que tú nunca terminaste ese vestido y que ella me ayudó a completarlo.

Me quedé en silencio.

—Brianna, yo cosí cada centímetro de ese vestido. Tú lo sacaste de mi habitación.

—No es lo que me dijeron.

—¿Entonces por qué me llamas?

Hubo una pausa.

—Porque hay algo raro en todo esto.

Me senté junto a la mesa de trabajo.

—¿Qué cosa?

—Ayer, Daniel Whitmore vino a nuestra casa. Mamá estaba muy nerviosa. Me pidió que me pusiera el vestido y que caminara frente a él. Después hablaron en el despacho con papá.

—¿Y qué escuchaste?

—Daniel dijo que el diseño era demasiado parecido al de una colección antigua. Mamá le respondió que no debía preocuparse porque nadie podía demostrar quién lo había creado.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Escuchaste algo más?

Brianna bajó la voz.

—Daniel preguntó si tú conocías la historia de Elena. Mamá dijo que eras demasiado joven para entenderla y que, si ganaba el concurso, todo quedaría resuelto.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé. Pero cuando salí del despacho, escuché a papá decir que no iba a firmar nada más.

Mi corazón comenzó a latir deprisa.

—¿Tu padre?

—Marcus. Dijo que ya había hecho suficiente.

La noticia me dejó confundida.

—¿Y qué respondió Vanessa?

Brianna tardó unos segundos.

—Dijo que, si él se echaba atrás ahora, todos descubrirían lo que había hecho hace dieciocho años.

La llamada terminó abruptamente.

Me quedé mirando el teléfono.

Por primera vez, Brianna parecía asustada de su propia madre.

No sabía si podía confiar en ella. Era la misma persona que había pintado mi vestido y luego se lo había llevado sin remordimientos.

Pero también podía ser la primera persona dentro de aquella casa que estuviera dispuesta a revelar lo que había visto.

Le conté a Celeste la conversación.

—No le pidas que te entregue documentos ni que se arriesgue —advirtió—. Si tiene información, debemos obtenerla de forma segura y legal.

—¿Y si está mintiendo?

—Entonces lo descubriremos. Pero no descartes una declaración solamente porque proviene de alguien que te ha hecho daño.

Esa tarde, Rosa me ayudó a reparar una muestra de tela utilizando la misma técnica que había aplicado a mi vestido. Necesitaba terminar una pequeña pieza que demostrara mi proceso creativo, con fotografías de las etapas originales, bocetos fechados y muestras de los materiales.

No tenía el vestido en mis manos, pero conservaba pruebas de que lo había diseñado y confeccionado.

Mi cuaderno incluía los primeros dibujos. Mi teléfono tenía fotografías tomadas antes de que Brianna entrara en mi habitación. Y Rosa podía confirmar que había trabajado conmigo en el taller durante meses.

Por primera vez, comprendí que mi trabajo no dependía únicamente de una prenda.

Dependía de todo el proceso que había detrás de ella.

A las seis de la tarde, mi padre llamó.

Contesté después de dejar sonar el teléfono varias veces.

—Nia, necesito que vengas a casa.

—¿Para qué?

—Para hablar sin que otras personas se metan en nuestros asuntos.

—¿Vas a pedirme que firme otro documento?

—No.

Su voz sonaba cansada.

—Quiero explicarte lo que ocurrió con tu madre.

Cerré los ojos.

—Entonces explícame ahora.

Escuché una puerta cerrarse al otro lado.

—Vanessa está aquí. No puedo hablar libremente.

—¿Por qué no?

—Porque no entiendes lo peligrosa que puede volverse esta situación.

La palabra peligrosa me hizo incorporarme.

—¿Me estás diciendo que Vanessa podría hacerme daño?

—No estoy diciendo eso.

—Entonces, ¿qué estás diciendo?

Mi padre respiró profundamente.

—Hay cosas que hice por miedo. Cosas que debí haber corregido hace mucho tiempo. Pero si sigues investigando, podrías perder más que una oportunidad de estudiar moda.

Apreté el teléfono.

—¿Qué me estás ocultando?

—Ven a casa mañana por la mañana. Te lo contaré todo.

—No voy a ir sola.

—Nia...

—Si quieres hablar conmigo, lo harás delante de Celeste y de Rosa.

Mi padre guardó silencio.

Finalmente, respondió:

—Está bien.

Colgué sin despedirme.

Aquella noche, preparé una carpeta con todas las pruebas que teníamos. Ordené las fotografías, los bocetos, los recibos y las cartas de mi madre.

Después me quedé mirando la imagen de Elena frente a su máquina de coser.

—Ojalá estuvieras aquí —susurré.

No esperaba una respuesta.

Sin embargo, al revisar la fotografía una vez más, descubrí algo que había pasado por alto.

En el fondo, detrás de mi madre y Vanessa, había un espejo. En su reflejo aparecía una tercera persona, parcialmente oculta por una puerta.

Un hombre.

Amplié la imagen.

Aunque la calidad era mala, pude reconocer la forma de su rostro.

Era Daniel Whitmore.

Debajo de la fotografía había un pequeño número escrito a mano.

317.

La caja de seguridad.

La misma que mi padre había intentado abrir.

Llamé a Celeste inmediatamente.

—Creo que Daniel estuvo presente cuando se tomaron las fotografías de la colección.

Ella me pidió que le enviara la imagen.

Unos minutos después, me llamó de vuelta.

—Nia, acabo de encontrar algo en los archivos históricos de la competencia. Daniel no era solamente socio comercial de Vanessa. También formaba parte del comité que debía evaluar la colección de tu madre hace dieciocho años.

—¿Entonces sabía que el vestido había desaparecido?

—Eso parece. Y hay algo más. El concurso del sábado no es un evento cualquiera. Daniel está utilizando la competencia para anunciar una nueva línea de moda inspirada en la colección Mareas.

Me quedé sin palabras.

—¿Va a vender los diseños de mi madre?

—Si consigue los derechos que está intentando adquirir, podría hacerlo dentro de los límites de cualquier acuerdo válido. Por eso necesitamos revisar cada documento antes de que se complete la transferencia.

Miré mi cuaderno.

Mi vestido, el que había creado con mis propias manos, se había convertido en la pieza central de una operación que llevaba casi dos décadas en marcha.

Y ahora tenía que decidir cómo enfrentarla.

—Voy a presentarme en la competencia —dije.

Celeste no intentó detenerme.

—Entonces iremos preparadas.

A la mañana siguiente, mi padre llegó al taller acompañado de un abogado.

Colocó una carpeta sobre la mesa y pidió hablar conmigo en privado.

Rosa y Celeste permanecieron cerca.

Marcus me miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Nia, antes de que veas estos documentos, necesito que sepas algo. Nunca quise que tu madre perdiera su colección.

—Pero firmaste los papeles que permitieron que sucediera.

Mi padre bajó la cabeza.

—Sí.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Por primera vez, no intentó defenderse.

Abrió la carpeta y sacó una copia de un documento fechado dieciocho años atrás. Explicó que Vanessa había convencido a ambos de que una transferencia temporal de los derechos ayudaría a pagar los tratamientos médicos de Elena. Él había firmado creyendo que la operación podría revertirse después.

Pero cuando intentó recuperar los derechos, Vanessa le mostró otros documentos que lo vinculaban con la transferencia del dinero.

—Me dijo que, si hablaba, perdería todo y que tú también quedarías involucrada —confesó.

—¿Y por eso guardaste silencio durante dieciocho años?

Marcus comenzó a llorar.

—Sí.

Lo miré sin saber qué sentir.

—¿Qué pasó con el dinero que mamá me dejó?

Mi padre abrió la boca.

Pero antes de que pudiera responder, su teléfono vibró.

En la pantalla apareció un mensaje de Vanessa.

Marcus lo leyó y se puso pálido.

—¿Qué dice? —pregunté.

Él giró lentamente el teléfono hacia mí.

Si le cuentas lo que pasó aquella noche, no volverás a ver a tu hija.

Debajo del mensaje había una fotografía antigua.

Mi madre aparecía sentada en el suelo de su taller, junto a una caja abierta y varios bocetos rotos.

Y al fondo, reflejada en el espejo, se veía a Vanessa sosteniendo unas tijeras.

May you like

Mi padre se cubrió el rostro.

—Nia —susurró—, hay algo más sobre la muerte de tu madre que nunca te conté.

Related Stories

Other posts