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Chapter 1: El vestido que convirtió en una obra de arte

—Brianna creyó que había destruido mi vestido con pintura. Trabajé toda la noche para convertirlo en una obra de arte… sin saber que volvería para robármelo.

Tenía diecisiete años y llevaba semanas cosiendo aquel vestido para mi graduación. No tenía dinero para comprar telas caras ni una familia que celebrara mis logros. Tenía una máquina de coser usada, las manos llenas de pequeñas heridas y un sueño que me negaba a abandonar.

Aquella noche, mientras las agujas del reloj avanzaban hacia las tres de la mañana, contemplé mi creación.

El vestido había sido blanco originalmente. Brianna, mi media hermana, le había arrojado pintura azul después de descubrir que yo había sido seleccionada para presentar un diseño en un concurso juvenil de moda.

—Ahora sí pareces una diseñadora de verdad —se había burlado—. Una diseñadora que sabe trabajar con basura.

Yo había llorado cuando encontré las manchas.

Después había dejado de llorar.

Transformé el desastre en olas turquesas, violetas y coral. Bordé líneas doradas a mano, añadí pequeños detalles sobre el corpiño y confeccioné una cola fluida que parecía moverse incluso cuando el vestido permanecía quieto.

Cuando terminé la última puntada dorada, sonreí.

Por primera vez en mucho tiempo, algo hermoso llevaba mi nombre.

Entonces escuché pasos en el pasillo.

La puerta de mi pequeño taller se abrió de golpe.

Brianna entró primero, vestida con un conjunto de diseñador y el cabello perfectamente peinado. Detrás de ella apareció Vanessa, mi madrastra, con su elegante traje color crema y esa expresión que utilizaba cuando ya había decidido algo por los demás.

Brianna se quedó mirando el vestido.

—Mamá… lo quiero.

Vanessa ni siquiera me preguntó cuánto tiempo había trabajado en él.

—Dáselo a Brianna. Lo usará en el concurso del sábado.

Me coloqué delante del maniquí.

—No. Yo lo hice. Es mío.

La expresión de Vanessa cambió.

Me agarró del brazo y me dio una bofetada tan repentina que choqué contra la mesa de costura. Una caja de botones cayó al suelo y cientos de pequeñas piezas rodaron por las tablas.

Durante unos segundos, solo escuché el zumbido de mis oídos.

—¡No vuelvas a hablarle así! —gritó Vanessa.

Brianna aprovechó para levantar el vestido del maniquí.

—¡No pueden quitármelo! —protesté, intentando incorporarme.

Ella se lo sostuvo contra el cuerpo y se miró en el espejo.

—Yo soy la que tiene una oportunidad real en la moda, Nia.

—Entonces crea tu propio vestido.

Brianna sonrió con crueldad.

—Todos verán mi nombre. El tuyo desaparecerá.

Vanessa señaló mi cara enrojecida.

—Si vuelves a causar problemas, te arrepentirás.

En ese instante apareció mi padre, Marcus Carter, en la puerta. Todavía llevaba su camisa formal del trabajo y parecía cansado, como si aquella discusión fuera una molestia que necesitaba resolver antes de acostarse.

Vanessa cambió de expresión inmediatamente.

—Nia atacó a Brianna porque tuvo un accidente con el vestido —le explicó con voz dulce.

La miré, incrédula.

—¡No fue un accidente! ¡Ella lo destruyó y ahora quiere robármelo!

Mi padre miró el vestido, después mi mejilla y finalmente a Vanessa.

Sabía que había visto suficiente para entender que algo no estaba bien.

Pero volvió a hacer lo de siempre.

Eligió el silencio.

—Ya basta, Nia —murmuró—. Conseguiremos otra cosa para tu graduación.

—Papá, ese vestido es mío.

—No hagas esto más difícil.

Brianna salió con mi creación entre los brazos. Vanessa la siguió, y mi padre se quedó un momento en la puerta antes de marcharse detrás de ellas.

La puerta se cerró.

Me quedé sola, respirando con dificultad, rodeada de botones y retazos de tela.

Entonces vi una pequeña tarjeta blanca debajo de la mesa.

Debía de haberse caído de una caja de herramientas vieja cuando choqué contra ella.

La recogí.

En letras impresas aparecía el nombre de un concurso de diseño. Debajo figuraba una línea que nunca había visto antes:

*DISEÑADORA REGISTRADA: NIA CARTER.*

Más abajo, una nota indicaba que la presentación debía realizarla obligatoriamente la creadora original.

Le di la vuelta a la tarjeta.

Había una dirección de correo electrónico y una frase escrita a mano:

Necesitamos hablar contigo antes de la competencia.

Mi dolor comenzó a transformarse en algo diferente.

Esperanza.

Tomé mi teléfono y abrí el correo. Si Brianna pretendía presentar mi vestido como suyo, tendría que demostrar quién lo había creado.

Pero cuando revisé los documentos que guardaba en mi computadora, descubrí algo extraño.

La confirmación de mi inscripción había sido abierta desde otro dispositivo.

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Y el cambio se había realizado utilizando la contraseña de mi padre.

¿Cómo podía alguien de mi propia familia haber accedido a mi inscripción sin que yo lo supiera?

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