Chapter 9: La última mentira de Marcus
La declaración de Isabel me dejó sin dormir.
Mi madre la leyó una y otra vez, como si pudiera cambiar las palabras con solo mirarlas.
—No tiene sentido —dijo finalmente—. Nadie puede decidir que una madre pierde a su hija después de casi treinta años.
Daniel cerró la carpeta.
—Una declaración no establece por sí sola que exista un derecho legal sobre Nia. Pero debemos averiguar quién es esta mujer y por qué está apoyando la solicitud de Robert.
Miré el nombre.
Isabel Torres.
Mi apellido.
El mismo apellido que había llevado desde que tenía memoria.
—¿Y si es mi madre biológica?
Mi madre levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de miedo.
—Entonces escucharemos lo que tenga que decir. Pero nadie va a borrar los años que hemos vivido juntas.
La abracé.
—Nunca permitiría eso, mamá.
Daniel recibió una llamada y se apartó para contestar.
Cuando regresó, tenía una expresión preocupada.
—El tribunal revisará la solicitud de Robert mañana por la mañana. No significa que vaya a concederle el control del fideicomiso, pero necesitamos presentar nuestra respuesta cuanto antes.
—¿Podemos demostrar que Marcus falsificó mi matrimonio?
—Tenemos indicios sólidos y estamos trabajando para obtener los registros originales. La declaración de Patricia también puede ayudar, siempre que podamos verificar los archivos que entregó.
—¿Y Vanessa?
Daniel asintió.
—Su participación debe investigarse. Si certificó documentos que sabía que eran falsos, tendrá que responder por ello.
Mi madre apretó los puños.
—Después de lo que hizo con mi cabello, espero que finalmente alguien le exija responsabilidades.
No pude evitar una sonrisa triste.
El recuerdo de la suite nupcial todavía me dolía. Pero ahora entendía que aquella humillación había sido solo una parte de algo mucho más grande.
Vanessa había intentado quebrarme frente a todos porque necesitaba que perdiera el control. Marcus había esperado que mi dolor me hiciera firmar cualquier documento con tal de escapar de la vergüenza.
No habían contado con que mi madre y yo lucharíamos juntas.
A las ocho de la noche, Daniel recibió un correo de Patricia con los archivos completos del plan de Cedar Ridge.
Había contratos, mensajes y una grabación adicional.
Esta vez, la voz de Robert era perfectamente clara.
«Marcus, tienes que conseguir la firma de Nia antes de que cumpla treinta años. Si la transferencia no se realiza, los acreedores empezarán a revisar mis cuentas y descubrirán lo que hice con el dinero de la sociedad».
Marcus respondió:
«¿Y si ella descubre que el matrimonio es falso?».
Robert soltó una risa seca.
«Para entonces ya tendremos el control administrativo. No importa lo que diga. Una vez que el proceso esté iniciado, tardará años en recuperar la propiedad».
Sentí una oleada de asco.
La grabación continuó.
«¿Y Vanessa?», preguntó Marcus.
«Vanessa hará lo que le digas. Está demasiado involucrada para echarse atrás».
Daniel detuvo el audio.
—Esto puede ser importante, pero necesitamos autenticar la grabación y determinar cómo fue obtenida.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Marcus.
Esta vez contesté.
—¿Qué quieres?
Su voz sonaba cansada.
—Necesito verte, Nia.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Por favor. Solo diez minutos.
—Ya tuve cuatro años para escucharte. Y durante ese tiempo me mentiste.
—Hay algo que no sabes sobre Robert.
—Sé que ayudaste a falsificar mi matrimonio y que intentaste apropiarte de la herencia de mi padre.
—No entiendes lo que me obligó a hacer.
Cerré los ojos.
—Siempre tienes una excusa.
Marcus respiró profundamente.
—Mi padre murió dejando deudas. Robert me dijo que, si no conseguíamos el dinero, perdería la casa donde crecí y la empresa que había construido. Me prometió que solo necesitaríamos controlar Cedar Ridge temporalmente.
—¿Y por eso decidiste casarte conmigo?
Silencio.
—Al principio, sí —admitió.
Sentí que el corazón se me encogía.
—¿Al principio?
—Después me enamoré de ti, Nia. Eso fue real.
Me reí con amargura.
—¿Y Vanessa también fue real?
—Lo de Vanessa fue un error.
—¿Un error de un año?
—No sabía cómo salir de todo esto.
—Podrías haberme contado la verdad.
—Tenía miedo de perderte.
Me quedé mirando la pared.
—Me perdiste cuando elegiste engañarme.
Marcus bajó la voz.
—Nia, hay algo más. Robert no quiere recuperar Cedar Ridge solamente por las deudas. Cree que tu padre dejó allí documentos que podrían enviarlo a prisión.
Daniel levantó la cabeza al escuchar aquello.
—¿Qué documentos? —pregunté.
—No lo sé. Pero Robert está convencido de que tu padre guardó pruebas de una operación financiera ilegal. Por eso necesita el fideicomiso.
—¿Y tú pensabas ayudarlo a destruir esas pruebas?
—Pensaba recuperar los documentos antes de que los encontraran.
—¿Quiénes?
Marcus guardó silencio.
—¿Quiénes, Marcus?
Finalmente respondió:
—Los investigadores.
Daniel me hizo una señal para que continuara la conversación.
—¿Robert sabe que tienes los archivos de Patricia?
—No lo sé.
—¿Y sabe que Laura está con nosotros?
Marcus tardó demasiado en responder.
—Sí.
Mi sangre se heló.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque Robert me llamó hace veinte minutos. Está furioso. Dice que Laura tiene algo que le pertenece y que, si no se lo devuelve, va a destruir a todos los que la ayuden.
Daniel escribió algo en una hoja.
—Marcus, necesito que repitas eso ante un investigador.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque yo también participé.
Hubo un largo silencio.
Después Marcus dijo algo que no esperaba escuchar.
—Nia, Vanessa no fue quien organizó tu boda.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—La idea de adelantar la ceremonia fue de Robert. Quería que nos casáramos antes de que se revisara el fideicomiso. Vanessa se encargó de los documentos y yo acepté porque creí que podríamos resolverlo después.
—¿Adelantar la boda?
Recordé cómo Marcus había insistido en cambiar la fecha original. Me había dicho que su abuela estaba enferma y quería vernos casados cuanto antes.
Había llorado cuando acepté.
Ahora comprendía que aquella historia también podía haber sido una mentira.
—¿Tu abuela estaba enferma? —pregunté.
Marcus no respondió.
—Dime la verdad.
—No.
Sentí que algo dentro de mí se cerraba para siempre.
—Entonces no tengo nada más que preguntarte.
—Nia, espera. Puedo ayudarte a detener a Robert. Tengo copias de los documentos originales.
Daniel se acercó al teléfono.
—Marcus, si realmente tienes pruebas, entrégalas a través de un abogado. No contactes a Nia directamente.
Marcus comenzó a hablar más rápido.
—No entienden. Robert tiene una copia de la firma de Evelyn y piensa presentarla mañana. Si consigue que el tribunal crea que ella autorizó el préstamo, puede iniciar un proceso contra la casa.
Mi madre se puso pálida.
—¡Ese hombre no tiene mi autorización!
—Lo sé —respondió Marcus—. Pero tiene un documento que parece auténtico.
Daniel anotó la información.
—¿Dónde está ese documento?
—En una caja fuerte de la oficina de Robert.
—¿Tienes acceso?
—Sí.
Daniel me miró.
Yo sabía lo que estaba pensando.
Marcus podía estar diciendo la verdad. También podía estar intentando conseguir que confiáramos en él otra vez.
—Si tienes pruebas, entrégalas a Daniel —dije—. No voy a reunirme contigo.
—Nia, por favor. Una última oportunidad.
—No.
Colgué.
Durante unos minutos, nadie habló.
Entonces llegó un mensaje de un número desconocido.
«Marcus está diciendo la verdad sobre una cosa. Robert no es el único que tiene motivos para ocultar lo que ocurrió hace treinta años».
Debajo había una fotografía de una mujer joven sosteniendo a un bebé.
La mujer era Isabel.
Y el bebé llevaba una pequeña pulsera de hospital con mi fecha de nacimiento.
En el reverso de la fotografía había una frase escrita a mano:
*«Si Evelyn descubre dónde está la segunda copia, la niña conocerá la verdad».*
Mi madre se acercó a la pantalla.
Se quedó inmóvil.
—Esa letra...
—¿Qué pasa, mamá?
Le temblaban los labios.
—Es la letra de tu padre.
Daniel amplió la imagen.
En la esquina inferior se veía una fecha: dos días después de mi nacimiento.
Mi madre se cubrió la boca.
—Tu padre me dijo que habías nacido en el hospital de San Antonio. Pero esa fotografía fue tomada en otro lugar.
Daniel examinó el reverso.
—Hay un nombre escrito aquí. Parece ser el de una clínica privada.
Tomó una fotografía del documento y comenzó a buscar entre los archivos que habíamos encontrado.
De pronto, se detuvo.
—Nia, creo que ya sé dónde está la segunda copia.
Me acerqué a la pantalla.
Daniel señaló un nombre que aparecía en uno de los documentos originales de Cedar Ridge.
*Isabel Torres no era solo una empleada de la antigua empresa.*
Era la mujer que había denunciado las irregularidades financieras de Robert antes de desaparecer.
Y el documento que mi padre había escondido no solo podía demostrar el fraude.
También podía revelar por qué Isabel había perdido a su hija.
Mi madre me tomó de la mano.
—Nia, pase lo que pase mañana, quiero que recuerdes algo. Yo te elegí todos los días de tu vida.
La abracé.
—Y yo te elijo a ti, mamá.
Pero entonces Daniel recibió una llamada urgente de su asistente.
Escuchó durante unos segundos y se puso de pie.
—Robert acaba de presentar una nueva prueba ante el tribunal.
—¿Qué prueba? —pregunté.
Daniel me miró con gravedad.
—Una declaración firmada por Isabel que afirma que Evelyn sabía que la adopción era ilegal y que ocultó deliberadamente la identidad de la madre biológica.
Mi madre dejó escapar un grito.
—¡Eso es mentira!
Daniel cerró la carpeta.
—Tenemos que encontrar a Isabel antes de la audiencia de mañana.
Miré nuevamente la fotografía del bebé.
Por primera vez, no estaba buscando una respuesta sobre mi prometido ni sobre la herencia.
Estaba buscando la verdad sobre mí misma.
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Y si Robert había decidido utilizar mi origen para destruir a mi madre, iba a descubrir exactamente qué había ocurrido treinta años atrás.
Aunque la verdad terminara cambiando todo lo que creía saber sobre mi familia.