Chapter 7: La primera esposa de mi padre
—Eso es imposible —susurré.
Mi madre permanecía frente a la computadora, mirando la fotografía como si acabara de ver a un fantasma.
—Tu padre me dijo que había estado comprometido antes de conocerme, pero nunca mencionó que se hubiera casado —explicó—. Y mucho menos que aquella mujer siguiera formando parte de su vida.
Daniel amplió la imagen.
La mujer llevaba un vestido azul oscuro y tenía el cabello plateado recogido detrás de la cabeza. Parecía rondar los sesenta años. El anillo de oro con la piedra azul brillaba en su mano izquierda.
—¿Estás segura de que es ella? —preguntó Daniel.
Mi madre asintió lentamente.
—Reconocería ese anillo en cualquier parte. La madre de tu padre se lo regaló a Laura cuando todavía estaba comprometida con él. Después de que Laura desapareció de sus vidas, tu padre conservó una fotografía de los dos durante años.
Sentí que algo se retorcía dentro de mí.
—¿Laura desapareció?
Mi madre se sentó.
—Tu padre nunca me contó los detalles. Solo me dijo que había sido una relación dolorosa y que prefería no hablar de ella.
Daniel regresó a los documentos.
—Voy a investigar el nombre completo de Laura y su relación con Robert. Pero antes debemos averiguar por qué está con él ahora.
Mi teléfono vibró.
Era otro mensaje de Marcus.
«Robert estará en la casa de tu madre a las cuatro. Quiere explicarte la verdad sobre tu padre. Si no vas, los documentos se entregarán al banco y perderás cualquier posibilidad de detener la transferencia».
Miré la hora.
Eran las once de la mañana.
—No vamos a permitir que nos chantajee —dijo Daniel.
—¿Y si tiene información que necesitamos?
—La obtendremos sin entregarle documentos originales ni exponerte a una situación peligrosa.
Mi madre me tomó la mano.
—No quiero que vuelvas a verlo, Nia. No después de lo que hizo.
La miré.
—Mamá, si Robert está detrás de todo esto, necesitamos saber por qué. Y si esa mujer conoció a papá antes que tú, quizá sepa algo sobre Cedar Ridge.
Daniel terminó una llamada y regresó a la mesa.
—Podemos organizar una reunión supervisada. No estarás sola y no llevaremos los documentos originales. Pero necesito que entiendas algo: no debemos confiar en ninguna afirmación hasta verificarla.
Asentí.
A las tres y cuarenta y cinco, regresamos a la casa.
Daniel había informado a las autoridades sobre las sospechas de falsificación y estaba coordinando los siguientes pasos con su equipo legal. No prometió que la policía llegaría inmediatamente ni que la transferencia quedaría bloqueada ese mismo día. Solo nos aseguró que cualquier evidencia que reuniéramos debía conservarse intacta.
Mi madre insistió en acompañarnos.
—No voy a dejar que ese hombre vuelva a entrar en mi casa para amenazar a mi hija mientras yo me escondo en otra habitación.
A las cuatro en punto, un automóvil gris se detuvo frente a la propiedad.
Robert descendió primero.
Llevaba un traje oscuro y el cabello cuidadosamente peinado. Habían pasado casi dos años desde la última vez que lo había visto, pero su sonrisa era la misma de mi infancia.
Esa sonrisa me había tranquilizado cuando tenía miedo de las tormentas.
Ahora me hacía desconfiar de cada recuerdo.
Laura salió del lado del pasajero.
Al verla de cerca, comprendí por qué mi madre había reconocido el anillo. Había algo familiar en sus ojos y en la manera en que observaba la casa.
Robert subió los escalones y llamó a la puerta.
Mi madre abrió, pero no se apartó.
—¿Qué haces aquí?
Él bajó la cabeza.
—Evelyn, sé que estás enojada.
—No tienes idea de cuánto.
—Necesito hablar con Nia.
—Puedes hablar desde ahí.
Robert miró por encima de su hombro y me encontró en el pasillo.
—Nia, por favor. Hay cosas sobre tu padre que mereces saber.
Me acerqué a la puerta.
—Empieza explicándome por qué ayudaste a Marcus a falsificar mi matrimonio.
Su expresión cambió.
—Yo no falsifiqué nada.
Daniel apareció a mi lado.
—Tenemos correos electrónicos que indican que usted coordinó el plan para obtener acceso al fideicomiso de Cedar Ridge.
Robert miró a Daniel con evidente irritación.
—Siempre te ha gustado complicar las cosas.
—Y a usted siempre le ha gustado evitar las preguntas —respondió el abogado.
Laura dio un paso adelante.
—Robert, diles la verdad.
Él se volvió hacia ella.
—No te metas.
Laura levantó la barbilla.
—Llevo demasiado tiempo callada.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Qué verdad? —pregunté.
Laura me miró directamente.
—Tu padre y yo estuvimos casados durante tres años. Nos separamos mucho antes de que él conociera a tu madre, pero nunca dejamos de estar legalmente vinculados a algunos asuntos financieros de su familia.
Mi madre se quedó inmóvil.
—¿Tu matrimonio con él terminó legalmente?
Laura asintió.
—Sí. Nos divorciamos. Tengo los documentos.
Daniel intervino.
—Entonces, ¿por qué aparece usted ahora con Robert?
Laura miró a mi tío.
—Porque él me buscó hace seis meses. Me dijo que el testamento de su hermano era fraudulento y que podía recuperar una parte de la propiedad que, según él, me correspondía.
Robert apretó la mandíbula.
—Eso no fue exactamente lo que te dije.
—Me dijiste que Nia estaba intentando quedarse con algo que pertenecía a la familia.
Me volví hacia mi tío.
—¿Me hiciste parecer una ladrona para convencerla de ayudarte?
Robert suspiró.
—Tu padre tomó decisiones que perjudicaron a muchas personas.
—¿Incluyéndote a ti?
—Sí, incluyéndome a mí.
Por primera vez, su sonrisa desapareció.
—Después de que nuestro negocio fracasara, tu padre se quedó con Cedar Ridge. Yo había invertido dinero allí. Cuando murió, creí que tenía derecho a recuperar una parte.
Daniel negó con la cabeza.
—Los documentos indican que su participación se extinguió cuando la sociedad se disolvió.
—¡Porque tu padre se aseguró de que así fuera! —gritó Robert.
Mi madre dio un paso hacia él.
—Tu hermano te ayudó durante años. Vendió inversiones personales para evitar que perdieras tu negocio.
—¡Nunca fue suficiente!
El grito resonó por toda la casa.
Robert respiró con dificultad, como si acabara de revelar algo que había intentado ocultar durante décadas.
—Yo trabajé con él. Construimos aquella empresa juntos. Pero cuando las cosas salieron mal, él protegió su parte y dejó que yo me hundiera.
—¿Y por eso decidiste robarle a su hija? —pregunté.
Robert no contestó.
Laura sacó una carpeta de su bolso.
—Hay algo más que debes saber, Nia. Tu padre me buscó unos meses antes de morir. Me dijo que temía que Robert intentara recuperar Cedar Ridge utilizando documentos falsos.
Mi madre abrió los ojos.
—¿Por qué nunca nos lo dijiste?
—Porque Robert me convenció de que tu padre estaba exagerando. Después, cuando murió, pensé que el asunto había terminado.
Laura me entregó la carpeta.
Dentro había una carta firmada por mi padre y una copia de un contrato antiguo.
Daniel comenzó a revisar las páginas.
De pronto, se detuvo.
—Esto cambia las cosas.
—¿Qué encontraste? —pregunté.
Señaló una cláusula.
—La propiedad no fue transferida a Nia únicamente para protegerla de los acreedores. Tu padre estableció una condición adicional: si algún miembro de la familia intentaba obtener el control mediante engaño o falsificación, la administración del fideicomiso pasaría a un custodio independiente.
—¿Quién es ese custodio? —pregunté.
Daniel revisó la última página.
Su expresión se volvió grave.
—La persona designada es Laura.
Mi madre retrocedió un paso.
Robert se puso pálido.
Laura cerró los ojos.
—Tu padre me pidió que protegiera la propiedad si algo le sucedía. Yo nunca quise el dinero. Solo quería que la familia dejara de destruirse por él.
En ese instante, Robert intentó quitarle la carpeta.
Daniel se interpuso.
—No toque esos documentos.
—¡Son asuntos de mi familia!
—Y ahora hay evidencia de un posible fraude.
Robert miró a Laura con odio.
—¿Vas a entregar todo a la policía después de lo que te prometí?
Laura retrocedió.
—Me prometiste que querías hacer justicia. No que querías destruir a una muchacha que ni siquiera conocías.
Robert se volvió hacia mí.
Su rostro había cambiado por completo.
Ya no parecía el tío que me llevaba a comprar helado.
Parecía un hombre desesperado.
—No entiendes lo que estás haciendo, Nia. Si entregas esos documentos, no solo destruirás a Marcus. También destruirás a tu padre.
—Mi padre está muerto. Tú eres quien sigue haciendo daño.
Robert salió de la casa sin despedirse.
Laura permaneció junto a la puerta, temblando.
Daniel guardó cuidadosamente la carpeta.
—Ahora tenemos una vía para impugnar la transferencia. Pero debemos verificar la autenticidad de estos documentos antes de presentarlos.
Yo miré a Laura.
—¿Por qué mi padre te eligió a ti?
Ella tardó en responder.
Después sacó una última hoja de su bolso.
—Porque sabía algo sobre tu nacimiento que nunca se atrevió a contarle a tu madre.
Mi madre palideció.
Laura dejó el documento sobre la mesa.
En la parte superior aparecía el nombre de mi padre.
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Debajo, una frase escrita a mano:
*«Si Nia descubre la verdad sobre su origen, debe saber que fue amada desde el primer día».*