Chapter 8: El hombre que quería destruir a nuestra familia
—No voy a darte nada —dijo Brianna.
Daniel dejó de sonreír.
El hombre que lo acompañaba cerró la puerta detrás de ellos. Llevaba un traje gris y una expresión impasible. No parecía un abogado que hubiera llegado para resolver un conflicto familiar. Parecía alguien que esperaba que todos obedeciéramos sin hacer preguntas.
Yo sujeté la carpeta contra mi pecho.
—¿Quién es usted? —pregunté.
Daniel me ignoró.
—Brianna, no hagas esto más difícil de lo necesario. Ya has cometido suficientes errores.
Mi hermana apretó los puños.
—Tú me dijiste que querías conocerme. Me prometiste que podíamos empezar de nuevo.
—Y así será cuando termines lo que acordamos.
—¡Me pediste que destruyera la boda de Amara!
Daniel soltó una carcajada.
—Yo jamás te pedí que hicieras algo tan estúpido.
Brianna se quedó inmóvil.
Lo miré con incredulidad.
—¿Estás diciendo que ella inventó todo?
—Estoy diciendo que mi hija tiene una imaginación muy activa cuando se siente rechazada.
—¡Tú me dijiste que Ethan me elegiría si Amara parecía inestable! —gritó Brianna.
Daniel se acercó a ella.
—Baja la voz.
—¡No!
Su grito resonó en el taller.
—¡Me dijiste que, cuando recuperáramos el dinero, podríamos comprar una casa juntos! ¡Me dijiste que ibas a estar presente en mi vida!
Daniel la observó con desprecio.
—Te di una oportunidad de conseguir lo que siempre quisiste. Tú decidiste desperdiciarla.
Vi cómo Brianna retrocedía un paso.
Toda su arrogancia se había desvanecido.
Por primera vez comprendí que su crueldad no había nacido únicamente de los celos. Daniel había encontrado sus inseguridades y las había convertido en una herramienta.
Eso no la hacía inocente.
Pero explicaba por qué había estado dispuesta a destruirlo todo.
—¿Qué quieres de la carta? —pregunté.
Daniel se volvió hacia mí.
—La carta demuestra que tu madre hizo acuerdos económicos con Vanessa. Si conseguimos demostrar que esos acuerdos incluían a Brianna, podremos impugnar las restricciones del fondo.
—Mi madre dejó instrucciones claras sobre quién podía recibir ese dinero.
—Tu madre está muerta, Amara. Los documentos pueden interpretarse de muchas maneras.
El hombre del traje gris abrió su carpeta.
—Señor Mercer, deberíamos proceder.
Daniel asintió.
—Dame la carta y todos podremos marcharnos.
Apreté los documentos contra mi pecho.
—No.
Su expresión cambió.
—No tienes idea de con quién estás tratando.
—Sé exactamente lo que eres. Un hombre que utilizó a su hija para conseguir dinero.
Daniel avanzó hacia mí, pero Brianna se interpuso.
—No la toques.
Él la miró como si acabara de cometer una traición imperdonable.
—Apártate.
—No.
Daniel le agarró el brazo.
Brianna gritó y trató de soltarse. La carpeta cayó al suelo. Los documentos se deslizaron bajo la mesa y entre las patas de los maniquíes.
Corrí hacia ella.
—¡Suéltala!
Daniel me empujó. Tropecé con una silla, pero logré sujetarme del borde de la mesa.
En ese instante, la puerta se abrió de golpe.
Ethan entró acompañado por dos policías.
—¡Aléjese de ellas! —ordenó uno de los agentes.
Daniel soltó a Brianna.
Durante unos segundos nadie se movió.
Después Daniel levantó las manos con una tranquilidad repugnante.
—Esto es un asunto familiar. No hay ninguna razón para exagerar.
Ethan se acercó a mí.
—¿Estás bien?
Asentí, todavía temblando.
Brianna se frotaba el brazo.
Uno de los policías se acercó a Daniel y le pidió que se identificara. El otro comenzó a recoger los documentos del suelo.
—Este hombre ha estado amenazándonos —dije—. Intentó llevarse documentos pertenecientes a mi familia.
Daniel soltó una risa.
—Son documentos privados. No pueden arrestarme por intentar recuperarlos.
El agente no respondió inmediatamente.
Ethan sacó su teléfono.
—Tengo mensajes y correos electrónicos en los que el señor Mercer explica cómo pretendía utilizar el conflicto familiar para presionar a Robert y obtener acceso al dinero.
Daniel perdió la sonrisa.
—¿Qué correos?
—Los que enviaste a Brianna y los que alguien reenvió a mi cuenta esta noche.
Miré a Ethan.
—¿Quién te los envió?
—Una dirección anónima. Incluía capturas de pantalla de las conversaciones y las instrucciones que Daniel le había dado a Brianna.
Daniel miró a mi hermana con furia.
—¿Tú hiciste esto?
Brianna negó con la cabeza.
—No.
Y entonces comprendí.
La persona que había enviado la nota al taller no había sido Daniel. Él había llegado porque alguien le había revelado nuestra ubicación.
Pero ¿quién?
Uno de los policías encontró un pequeño dispositivo de grabación dentro de la carpeta negra del hombre del traje gris.
—¿Qué es esto? —preguntó.
El hombre intentó recuperarlo.
El agente se apartó.
—No lo toque.
Daniel comenzó a hablar rápidamente.
—Ese dispositivo no tiene nada que ver conmigo. Yo no sé qué contiene.
Brianna levantó la cabeza.
—Me dijiste que tenías grabaciones de las reuniones de mi madre con Robert.
Daniel guardó silencio.
El policía encendió el dispositivo. Una voz masculina llenó el taller.
Era la voz de mi padre.
Si Amara descubre las transferencias, perderemos todo. Necesito que la boda se celebre antes de que el fideicomisario revise las cuentas.
Después se escuchó la voz de Vanessa.
Brianna no sabe que el dinero salió del fondo de la madre de Amara. Cree que es una inversión familiar.
La grabación terminó.
Sentí que me faltaba el aire.
Mi padre había sabido exactamente lo que estaba haciendo.
No había cometido un error por intentar ayudar a Brianna. Había utilizado mi boda para ocultar transferencias que podían salir a la luz.
Ethan me tomó del brazo.
—Amara…
Negué con la cabeza.
—No. Necesito escuchar todo.
Uno de los policías examinó el dispositivo y guardó la grabación como evidencia. El otro comenzó a hacer preguntas a Daniel y a su acompañante.
Daniel insistió en que todo era una disputa comercial, pero ya no parecía tan seguro.
Brianna se sentó junto a la máquina de coser de mi madre.
—Yo no sabía que papá había dicho eso —susurró.
Me acerqué a ella.
—¿Qué sabías exactamente sobre el dinero?
Brianna tardó en responder.
—Sabía que venía de una cuenta familiar. Sabía que tú tenías derecho a una herencia. Pero Daniel me dijo que Robert había decidido dividirla porque quería que yo tuviera un futuro.
—¿Nunca preguntaste?
—No quería saber la respuesta.
Aquella frase me dolió porque era la misma clase de excusa que mi padre había utilizado durante años.
No había sido necesario que todos supieran la verdad.
Había bastado con que todos encontraran una razón para no buscarla.
El policía se acercó con la última página de la carta.
—Señorita Amara, este documento parece importante. ¿Puede confirmar si pertenece a su madre?
Tomé el papel.
Reconocí la letra inmediatamente.
Pero antes de que pudiera leerlo, vi una frase escrita al final, debajo de la firma.
Hay una última verdad que Robert debe revelar antes de que Amara se case.
Levanté la mirada hacia Ethan.
Él parecía tan desconcertado como yo.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Era mi padre.
Contesté.
—Amara —dijo con la voz quebrada—, tienes que volver a casa ahora mismo.
—¿Por qué?
Escuché a Vanessa llorar al fondo.
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Entonces mi padre pronunció las palabras que jamás habría esperado escuchar la noche antes de mi boda.
—Porque el fideicomisario acaba de confirmar que tu madre dejó una segunda beneficiaria. Y si la carta es auténtica, el dinero que le quité a tu herencia es solo una pequeña parte de lo que le pertenece a tu hermana.