Chapter 5: El hombre de la fotografía
Mi padre dejó caer el teléfono sobre la mesa.
Vanessa se quedó inmóvil, con los ojos clavados en la fotografía. No lloraba. No gritaba. Simplemente miraba la pantalla como si acabara de reconocer un fantasma.
Y esa reacción me asustó más que cualquier confesión.
—¿Quién es ese hombre? —pregunté.
Vanessa cerró la caja del anillo.
—No es asunto tuyo.
—Acaban de enviarnos una fotografía de Brianna con él y una pregunta sobre su padre. Claro que es asunto mío si mi familia lleva años mintiéndome.
Robert se levantó.
—Amara, por favor. Ya es suficiente por esta noche.
—¡No! —grité—. ¡Toda mi vida me han pedido que tenga paciencia, que no haga preguntas y que no provoque problemas!
¡Mira mi vestido, papá! ¡Míralo! ¡Tu otra hija acaba de destruirlo y todavía estás preocupado por protegerla!
Mi padre miró la tela desgarrada.
Por primera vez, vi lágrimas en sus ojos.
Pero no me acerqué a consolarlo.
No podía hacerlo todavía.
Ethan tomó el teléfono y amplió la fotografía.
El hombre tendría unos cincuenta años. Llevaba una camisa azul oscura y un reloj de plata. Su cabello estaba entrecano y tenía una cicatriz pequeña junto a la ceja izquierda.
No parecía un desconocido para Vanessa.
—¿Lo conoces? —preguntó Ethan.
Ella se volvió hacia él.
—No tienes derecho a interrogarme.
—Entonces deje de comportarse como si todos fuéramos culpables por hacer preguntas.
Vanessa le lanzó una mirada furiosa.
—Tú llegaste a esta familia hace cinco años. No sabes nada de lo que hemos pasado.
—Sé que Amara merece la verdad.
Durante unos segundos, nadie habló.
Después Robert se acercó a Vanessa.
—Tenemos que decirle.
Ella retrocedió.
—No.
—Vanessa, ya no podemos seguir escondiéndolo.
—¡Te dije que no!
Su grito resonó en las paredes.
Me quedé mirándola.
Había visto a Vanessa discutir con mi padre, reprender a los empleados e incluso enfrentarse a los organizadores de eventos. Pero jamás la había visto perder el control de aquella manera.
—¿Quién es ese hombre? —repetí.
Vanessa respiró profundamente.
—Se llama Daniel Mercer.
El nombre no me decía nada.
—¿Y qué relación tiene con Brianna?
Mi madrastra miró hacia la ventana.
—Daniel y yo nos conocíamos antes de que yo conociera a tu padre.
Robert apretó la mandíbula.
—Vanessa.
—¿Qué quieres que diga? ¿Que cometí errores antes de casarme contigo?
—No estamos hablando de tus errores —respondió él—. Estamos hablando de nuestra hija.
Nuestra hija.
Aquellas dos palabras parecieron golpearla.
Vanessa dejó la caja sobre la mesa y se sentó.
—Daniel fue mi pareja durante varios años. Cuando quedé embarazada de Brianna, estábamos pasando por una crisis. Él quería mudarse a otro estado y yo no quería abandonar mi trabajo ni mi familia.
—¿Y mi padre? —pregunté.
—Lo conocí después.
—¿Brianna es hija de Daniel?
Vanessa tardó tanto en responder que no hizo falta escuchar la palabra.
Pero finalmente asintió.
—Sí.
El silencio fue absoluto.
Mi padre se acercó a la ventana y apoyó una mano en el marco.
—Lo supe cuando Brianna tenía tres años —confesó—. Vanessa me lo dijo antes de que nos casáramos.
—¿Y aun así te casaste con ella?
—Amaba a Vanessa. Y quería a Brianna. La había criado como si fuera mi hija.
—Entonces, ¿por qué nunca me lo contaron?
Robert se volvió hacia mí.
—Porque no queríamos que te sintieras desplazada. Tu madre acababa de morir y pensé que sería más fácil si todos empezábamos de nuevo.
—¿Más fácil para quién?
No respondió.
De repente, recordé una conversación de mi adolescencia. Brianna tenía once años y yo trece. Habíamos discutido porque ella había tomado una pulsera de mi madre sin permiso.
Yo le había dicho que no tenía derecho a tocar las cosas que mi madre me había dejado.
Ella había gritado que yo siempre recibía todo y que algún día me quitaría lo que me pertenecía.
Vanessa me había castigado por hacerla llorar.
Durante años pensé que aquella rivalidad era una tontería infantil.
Ahora empezaba a entender que Vanessa había alimentado el resentimiento de Brianna durante mucho tiempo.
—¿Le dijiste que mi herencia debía ser suya? —pregunté.
Vanessa levantó la cabeza.
—Nunca dije eso.
—¿Le dijiste que mi madre había dejado suficiente dinero para las dos?
Su silencio fue una respuesta.
—Vanessa, ¿qué le dijiste?
Ella apretó las manos.
—Brianna creció sabiendo que tú tenías un fondo que podía pagar una casa, una educación y una vida cómoda. Yo intenté explicarle que no era nuestro dinero.
—Pero no le explicaste que tampoco era suyo.
—¡Porque veía cómo vivías! —estalló Vanessa—. Tu padre pagaba tus estudios, te ayudaba con tus gastos y después organizó una boda que parecía sacada de una revista. Brianna siempre sintió que tenía que luchar por cada cosa que quería.
—Yo trabajaba para pagar mis gastos —respondí—. Y el vestido que ella destruyó lo hice yo.
Vanessa bajó la mirada.
Ethan guardó silencio, pero sentí su mano junto a la mía.
Mi padre volvió a hablar.
—Daniel reapareció hace seis meses. Dijo que quería conocer mejor a Brianna.
—¿Y qué tiene que ver eso con el dinero?
Robert respiró profundamente.
—Brianna empezó a reunirse con él. Poco después, comenzó a insistir en que yo debía ayudarla a comprar una propiedad para su negocio. Dijo que necesitaba demostrarle a su padre biológico que podía tener éxito por sí misma.
—¿Y utilizaste mi herencia para demostrarlo?
—Pensé que podría devolver el dinero.
—¿Cuándo?
Mi padre no tuvo respuesta.
Entonces el teléfono de Ethan vibró.
Había recibido un correo electrónico de un remitente desconocido. El asunto decía: La verdad sobre la noche del compromiso.
Ethan abrió el mensaje.
Dentro había una fotografía tomada cinco años antes, durante una fiesta en la que yo había anunciado oficialmente mi compromiso con él.
En la imagen, Brianna estaba sentada junto a Daniel. Él le sostenía la mano mientras ella lloraba.
Pero lo que me hizo sentir un frío insoportable fue la fecha.
La fotografía había sido tomada dos días después de que Ethan me pidiera matrimonio.
Debajo aparecía una nota.
Brianna no empezó a perseguir a Ethan por amor. Empezó porque Daniel le prometió que, si conseguía casarse con un hombre de una familia adinerada, él finalmente la reconocería como su heredera.
Miré a Vanessa.
—¿Daniel le prometió una herencia?
Ella se puso de pie tan bruscamente que la silla cayó hacia atrás.
—¡Ese hombre ha manipulado a mi hija durante toda su vida!
—¿Y tú qué hiciste? —pregunté—. ¿La ayudaste a robar mi dinero para que él la aceptara?
Vanessa comenzó a llorar.
Mi padre intentó acercarse, pero ella lo apartó.
Entonces Ethan recibió una llamada.
Miró la pantalla y frunció el ceño.
—Es un número desconocido.
Contestó y activó el altavoz.
Una voz masculina habló desde el otro lado.
—¿Está Amara ahí?
—¿Quién habla? —pregunté.
—Daniel Mercer. Necesito que me escuches antes de que mañana cometas el peor error de tu vida.
Vanessa se quedó blanca.
Daniel continuó:
—Tu hermana cree que quiere quitarte a Ethan. Pero no sabe toda la verdad. Y si quieres descubrir por qué destruyó tu vestido, tendrás que preguntarle qué encontró en los documentos de tu madre.
La llamada se cortó.
Miré el teléfono.
Después miré a mi padre.
—¿Qué documentos encontró Brianna?
Robert cerró los ojos.
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Y Vanessa, entre lágrimas, susurró algo que hizo que Ethan soltara mi mano.
—La carta original de tu madre.