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Chapter 7: Mi hermana tenía la última página

—Deja esa carpeta, Amara.

La voz de Brianna atravesó el taller como una cuchilla.

La encontré junto a la puerta, con el cabello rubio recogido en una coleta y el anillo de mi madre brillando en su mano izquierda. Ya no llevaba el abrigo de plumas blancas de la noche anterior. Vestía pantalones negros, una blusa de seda y unos tacones que resonaban sobre el suelo de madera.

En la otra mano sostenía la última página de la carta.

—¿Me seguiste? —pregunté.

—No eres tan difícil de encontrar cuando haces exactamente lo que te dicen que no hagas.

—¿Quién te dio esta dirección?

Brianna sonrió sin alegría.

—La misma persona que te mandó la nota. Daniel.

Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.

—¿Tu padre?

—No lo llames así como si fuera una persona decente. Apareció hace unos meses prometiéndome que iba a arreglar mi vida. Ahora quiere utilizarme para destruir la suya.

—¿Y tú aceptaste?

Ella bajó la mirada hacia el papel.

—Acepté porque pensé que, por una vez, alguien estaba dispuesto a elegirme a mí.

Aquella respuesta me produjo una mezcla de rabia y tristeza.

—¿Por eso destruiste mi vestido? ¿Porque querías que Ethan me abandonara?

Brianna levantó la barbilla.

—Quería que sintieras lo que yo he sentido toda mi vida.

—¿Que alguien te robe algo que amas?

Su rostro se endureció.

—No finjas que sabes cómo ha sido mi vida, Amara. Desde que llegué a la casa de papá, todo el mundo hablaba de ti. Tu madre, tus recuerdos, tus premios, tus fotografías. Yo era la niña que debía estar agradecida porque un hombre hubiera aceptado criarla.

—Papá te trató como a su hija.

—Pero nunca fui su hija de verdad.

—Eso no te daba derecho a robar mi herencia.

Brianna apretó el papel.

—¿Quieres saber lo peor? Durante años pensé que, si conseguía algo suficientemente importante, papá finalmente me miraría como te miraba a ti. Cuando abrí mi negocio, me dijo que estaba orgulloso. Pero después mencionó que tú estabas ahorrando para tu boda y comenzó a hablar de cuánto dinero te había dejado tu madre.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—De repente, todo volvió a girar alrededor de ti.

—Mi madre dejó ese dinero para que yo pudiera construir mi vida. No para que tú tuvieras que competir conmigo.

—¡Lo sé!

El grito hizo temblar las viejas ventanas.

Brianna se llevó una mano a la boca, sorprendida por su propia reacción.

Durante un instante, vi a la niña que había sido. La niña que se sentaba al final de la mesa familiar, esperando que alguien notara que también estaba allí.

Pero aquella niña había crecido y había aprendido a convertir su dolor en un arma.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —pregunté, señalando la carpeta—. ¿Por qué robaste la carta?

Brianna miró la página que sostenía.

—Porque aquí está la razón por la que mi madre nunca quiso que yo recibiera nada.

Extendió el papel, pero no me lo entregó.

—Lee la última parte.

—Dámela.

—Primero quiero que me digas algo. Si descubres que mamá hizo algo terrible, ¿vas a seguir creyendo que ella era perfecta?

—Mi madre murió cuando yo tenía dieciséis años. No necesito que haya sido perfecta para amarla.

Por primera vez, Brianna pareció no saber qué contestar.

Finalmente dejó la página sobre la mesa.

Me acerqué y comencé a leer.

La letra de mi madre era más temblorosa que en el resto de la carta.

Amara, cuando conocí a Vanessa, ella estaba pasando por una situación difícil. Su hija, Brianna, necesitaba estabilidad y yo creí que Robert podía ayudarla. No imaginé que mi confianza sería utilizada para construir una mentira.

Pasé a la siguiente línea.

Daniel Mercer fue quien convenció a Vanessa de ocultar la verdad sobre la paternidad de Brianna. Sin embargo, el mayor daño no fue la mentira sobre su padre. Fue el acuerdo que ambos intentaron hacer con Robert.

Sentí que la habitación se inclinaba.

—¿Qué acuerdo? —pregunté.

Brianna se acercó.

—Sigue leyendo.

La carta explicaba que, años atrás, Daniel había intentado convencer a mi madre de invertir en un negocio suyo. Ella se había negado después de descubrir irregularidades en sus cuentas. Daniel había reaccionado amenazando con revelar información privada sobre Vanessa y Brianna.

Mi madre había ayudado a Vanessa a abandonar aquella relación y había convencido a Robert de que reconociera a Brianna como parte de la familia.

Pero había una condición.

Daniel debía mantenerse alejado.

A cambio, mi madre había ofrecido pagar determinados gastos de la niña mientras Vanessa se estabilizaba económicamente. No era una herencia para Brianna, sino una ayuda temporal que mi madre había autorizado voluntariamente.

La última parte me dejó helada.

Si Daniel vuelve a acercarse a Brianna para reclamar dinero, no confíes en sus promesas. Él no busca recuperar a su hija. Busca una manera de llegar a los bienes que nunca consiguió obtener de mí.

Levanté la mirada.

—¿Daniel sabía que mi madre había descubierto sus irregularidades?

Brianna asintió.

—Y ahora cree que la carta puede demostrar que papá y mamá conspiraron contra él.

—¿Qué tiene que ver eso con mi boda?

Brianna guardó silencio.

Entonces vi otro documento debajo de la carpeta.

Era una copia de un acuerdo financiero con la firma de Robert y la de Vanessa. En la última página aparecía una cláusula que vinculaba una transferencia de dinero a la celebración de mi boda.

La cantidad era idéntica a la que mi padre había retirado de mi herencia.

—¿Qué es esto?

Brianna se sentó lentamente.

—Daniel me dijo que, si conseguía que tu boda se cancelara antes de que se completara el último pago, podría demostrar que papá había incumplido el acuerdo. Quería que Ethan se alejara de ti, que tu familia entrara en pánico y que todos comenzaran a acusarse.

—¿Y tú pensaste que destruir mi vestido ayudaría?

—Pensé que Ethan te abandonaría al ver el desastre. Daniel me prometió que después me ayudaría a reclamar el dinero.

—¿Y ahora?

Brianna bajó la cabeza.

—Ahora sé que solo quería utilizarme.

Me quedé mirándola.

—¿Cuánto tiempo llevabas planeándolo?

—Semanas.

—¿Y nunca pensaste en llamarme? ¿En decirme que tenías miedo? ¿En pedirme ayuda?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No quería tu ayuda. Quería ganar.

Aquella confesión dolió más que cualquier insulto.

Durante toda mi vida había intentado construir una relación con Brianna. Le había regalado ropa, la había ayudado a preparar entrevistas y había defendido su nombre cuando otras personas hablaban mal de ella.

Ella había interpretado cada gesto como una competición.

—No puedo perdonarte por lo que hiciste —dije.

Brianna se limpió la cara.

—No te estoy pidiendo que me perdones.

Tomó el anillo de mi madre y lo dejó junto a la carta.

—Solo quiero que sepas que no fui la única que mintió.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era Ethan.

Estoy afuera. La policía acaba de llegar. Daniel está aquí.

Levanté la mirada hacia Brianna.

Ella se puso de pie de golpe.

—No puede estar aquí.

—¿Por qué?

Antes de que respondiera, la puerta del taller se abrió.

Daniel Mercer apareció en el umbral, acompañado por un hombre que llevaba una carpeta negra. Tenía la misma cicatriz junto a la ceja que había visto en la fotografía.

Sonrió al ver los documentos sobre la mesa.

—Excelente —dijo—. Ya encontraste la carta.

Después miró a Brianna.

—Dame la última página, hija.

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Brianna retrocedió.

Y por primera vez desde que la conocía, vi que mi hermana tenía miedo de alguien más que de perder contra mí.

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