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Chapter 2: El secreto que Ethan escondió durante cinco años

Durante casi un minuto permanecí inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja y el vestido destruido frente a mí.

La pintura rosa comenzaba a secarse sobre el mármol. Un cristal diminuto se había quedado adherido a mi zapato. Lo recogí y lo apreté entre los dedos.

¿Qué podía haberme ocultado Ethan sobre mi propia hermana?

Cinco años juntos. Cientos de conversaciones. Viajes, cumpleaños, cenas familiares y noches en las que nos habíamos quedado despiertos hablando de nuestros futuros hijos.

Nunca había dudado de él.

Brianna, en cambio, llevaba años compitiendo conmigo por todo.

Cuando conseguí mi primer empleo, ella anunció que quería fundar una empresa. Cuando Ethan me regaló un collar por nuestro tercer aniversario, ella apareció dos semanas después con uno casi idéntico y aseguró que su novio se lo había comprado primero.

Vanessa siempre encontraba una manera de convertir sus celos en una virtud.

—Brianna es apasionada —decía—. Tú deberías aprender a luchar por lo que quieres.

Pero aquella noche no había luchado por nada.

Había destruido algo mío porque no podía soportar que yo lo tuviera.

Me arrodillé junto al vestido y aparté con cuidado la tela rasgada. El corsé estaba partido en dos lugares. Las flores bordadas, que había copiado del jardín donde Ethan me había pedido matrimonio, estaban cubiertas de pintura.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi padre.

Amara, por favor, no hagas nada impulsivo. Mañana es un día importante para todos nosotros. Deja que tu hermana se calme.

Leí el mensaje tres veces.

No preguntaba si estaba bien.

No me ofrecía ayuda.

Solo quería que me callara.

Entonces llegó otro mensaje, esta vez de Vanessa.

Brianna está devastada por lo ocurrido. Espero que mañana puedas disculparte con ella para que la boda no se arruine.

Solté una risa amarga.

Mi vestido estaba destruido, mi boda corría peligro y mi familia esperaba que yo pidiera perdón.

Unos veinte minutos después, escuché pasos apresurados en el pasillo.

Ethan apareció en la puerta con el cabello despeinado y la camisa fuera del pantalón. Al verme sentada junto al maniquí, se detuvo.

No dijo nada al principio.

Miró la pintura.

Miró las tijeras.

Después observó el corte que atravesaba el corsé.

—Dios mío —murmuró.

Se arrodilló frente a mí.

—Amara, mírame.

—Me dijo que debería casarse contigo.

La expresión de Ethan cambió.

No parecía sorprendido.

Y esa fue la primera cosa que me asustó de verdad.

—¿Ya te había dicho algo parecido? —pregunté.

Ethan bajó la mirada.

—Sí.

Retiré lentamente mis manos de las suyas.

—¿Cuándo?

—Hace aproximadamente tres meses.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Y no pensaste que debías contármelo?

—Quería hacerlo. Pero tu padre me pidió que no provocara problemas en la familia antes de la boda.

Me levanté tan rápido que el maniquí tembló.

—¿Mi padre sabía que Brianna estaba intentando separarnos?

—Sabía que ella había cruzado ciertos límites.

—¿Qué límites, Ethan?

Él se pasó una mano por la cara.

—Una noche, después de una cena en tu casa, Brianna me esperó junto a mi automóvil. Me dijo que había cometido un error al elegirte y que todavía podía cambiar de opinión.

Sentí náuseas.

—¿Qué le respondiste?

—Que te amaba y que nunca me casaría con ella.

—¿Y después?

Ethan tardó demasiado en contestar.

—Después empezó a mandarme mensajes.

Extendió su teléfono.

En la pantalla había una conversación con Brianna. Los primeros mensajes parecían inofensivos. Preguntas sobre la boda, comentarios sobre los preparativos y fotografías de vestidos.

Luego el tono cambiaba.

Todavía estás a tiempo, Ethan.

Amara no te conoce como yo.

Si te casas con ella, vas a arrepentirte.

Tragué saliva.

—¿Por qué guardaste todo esto y no me lo enseñaste?

—Porque pensé que dejaría de hacerlo. Y porque no quería que llegaras al día de tu boda pensando que toda tu familia estaba en tu contra.

—Pues ahora estoy aquí, Ethan. Con mi vestido destruido y sin saber quién me está diciendo la verdad.

Él aceptó el golpe sin defenderse.

—Tienes razón.

Se acercó al maniquí y examinó la tela.

—Podemos intentar salvar algunas partes. No todo está perdido.

—No quiero que me digas que todo estará bien.

—No voy a hacerlo.

Por primera vez aquella noche, agradecí su honestidad.

Ethan sacó su teléfono y buscó algo entre sus archivos.

—Hay otra cosa que debes ver.

Me mostró una fotografía tomada durante una cena familiar, tres meses antes. Brianna estaba sentada a su lado. Vanessa aparecía detrás de ellos, sonriendo.

En la imagen, Brianna llevaba un anillo de diamantes en la mano izquierda.

Reconocí aquel anillo inmediatamente.

Era el mismo que había desaparecido de la caja fuerte de mi padre dos semanas antes.

—¿Por qué tiene el anillo de mamá? —pregunté.

Mi madre biológica había muerto cuando yo tenía dieciséis años. El anillo había sido una de las pocas cosas que me dejó, aunque mi padre lo había guardado en la caja fuerte hasta que yo estuviera preparada para recibirlo.

Ethan amplió la imagen.

—No sé cómo lo consiguió. Pero cuando le pregunté, me dijo que tu padre se lo había regalado.

Sentí que algo se quebraba dentro de mí.

—Papá jamás haría eso.

Ethan no respondió.

Busqué el número de mi padre, pero antes de llamar recibí una notificación de un número desconocido.

Era una fotografía de Brianna frente al espejo de su habitación.

Llevaba el anillo de mi madre.

Debajo de la imagen había una sola frase:

Si quieres saber por qué tu hermana te odia tanto, pregúntale a tu padre quién pagó realmente la boda.

Le mostré el mensaje a Ethan.

Su rostro perdió el color.

—Amara, no respondas.

—¿Por qué?

Él tomó aire y me miró directamente a los ojos.

—Porque el dinero de tu boda no salió de la cuenta de tu padre. Y si Brianna tiene razón sobre quién lo pagó, hay algo mucho peor detrás de todo esto.

Antes de que pudiera preguntarle qué quería decir, alguien llamó a la puerta del cuarto nupcial.

Tres golpes.

Pausados.

Después escuché la voz de mi padre.

—Amara, abre. Tenemos que hablar de lo que acaba de pasar.

Ethan se interpuso entre la puerta y yo.

—No abras todavía.

Pero yo ya había visto la sombra de Vanessa bajo la puerta.

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Y estaba sosteniendo algo que brillaba bajo la luz del pasillo.

Era el anillo de mi madre.

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