Chapter 8: El precio de la traición
A las ocho de la mañana siguiente, Vanessa estaba sentada frente a nosotros en la oficina de Daniel Price.
No llevaba maquillaje. Su cabello, ahora desigual y mucho más corto, estaba recogido con una pinza. Tenía los ojos enrojecidos y las manos apretadas sobre las rodillas.
Apenas me vio, empezó a llorar.
—Nia, por favor, déjame explicarte.
Me senté al otro lado de la mesa.
—Tienes diez minutos.
Daniel colocó delante de ella una copia del registro bancario.
Vanessa palideció.
—¿De dónde sacaron esto?
—Eso no importa —respondió Daniel—. Lo que importa es que tu firma aparece autorizando una transferencia a una cuenta vinculada a Richard Cole. Necesitamos saber qué hiciste.
Vanessa miró a Marcus, que permanecía junto a la ventana.
—Tú dijiste que nadie descubriría esa cuenta.
Marcus cerró los ojos.
—Yo nunca te pedí que transfirieras dinero.
—¡Me dijiste que tenía que hacerlo antes de la boda!
—Te dije que encontraras los documentos.
—¡Y yo hice lo que me pediste!
La discusión se volvió tan intensa que Daniel tuvo que interrumpirlos.
—Si van a hablar, háganlo de uno en uno. Y quiero dejar claro que esta conversación no sustituye una declaración formal ante las autoridades.
Vanessa se secó las lágrimas.
—Richard me ofreció dinero para ayudar a mi padre. Me dijo que, si conseguía recuperar unos documentos antes de la boda, nos pagaría lo suficiente para cubrir las deudas de nuestra familia.
—¿Qué documentos? —pregunté.
—Los originales de la transferencia de la casa de Evelyn. También había una carta de Isabella.
Mi madre se inclinó hacia delante.
—¿La carta de mi hija?
Vanessa asintió.
—Richard dijo que contenía información capaz de invalidar algunos documentos de la empresa. Me pidió que la encontrara y se la entregara.
—¿Y por eso me cortaste el cabello? —preguntó Evelyn.
Vanessa comenzó a llorar con más fuerza.
—Quería asustarte. Richard me dijo que tenías copias escondidas y que, si te presionaba, terminarías diciéndome dónde estaban.
—¿Pensaste que humillarme delante de mi hija te ayudaría a conseguirlas?
—No pensé que Nia reaccionaría así.
La miré con incredulidad.
—¿Eso es lo que te preocupa? ¿Que reaccionara?
Vanessa bajó la cabeza.
—No. Lo siento. Sé que hice algo horrible.
—No sabes nada de lo que significa pedir perdón.
Mi madre levantó una mano para detenerme.
—Nia, déjala terminar.
Vanessa sacó un teléfono de su bolso.
—Tengo mensajes de Richard. Me dijo que, cuando terminara la boda, Marcus firmaría un acuerdo y todo quedaría resuelto. Pero después de que te marchaste, recibí una llamada.
Richard estaba furioso. Dijo que había arruinado el plan y que ahora debía devolverle todo el dinero.
—¿Qué plan? —preguntó Daniel.
Vanessa buscó entre sus mensajes.
—No sé todos los detalles. Solo sé que Richard quería que Nia se casara con Marcus antes de que se abriera la caja de seguridad.
Marcus se volvió bruscamente.
—¿Por qué?
—Porque el acuerdo matrimonial incluía una cláusula sobre la administración de determinadas propiedades familiares. Richard creía que, después de la boda, podría utilizar esa cláusula para bloquear cualquier reclamación relacionada con la antigua empresa.
Daniel tomó nota.
—Necesitaremos revisar el acuerdo completo. No debemos asumir que esa cláusula habría tenido el efecto que él pretendía.
Vanessa deslizó el teléfono sobre la mesa.
—Aquí están los mensajes. También hay una grabación.
La abrió.
La voz de Richard Cole surgió del altavoz.
«La madre de Nia sabe demasiado. Si no coopera, haz que parezca inestable. No necesitamos que la policía escuche su versión antes de que cerremos el asunto».
Después se oyó la voz de Vanessa.
«¿Y si Nia descubre la verdad?».
Richard respondió sin vacilar.
«Para cuando la descubra, ya estará casada. Y si Marcus hace lo que le pedí, no tendrá manera de detenernos».
La grabación terminó.
Nadie habló durante varios segundos.
Mi madre tenía la mano sobre la boca. Marcus parecía incapaz de apartar los ojos del teléfono.
Yo sentía una rabia fría, distinta de la que había experimentado en la boda.
Aquello no había sido una simple pelea familiar. Habían utilizado mi boda como una fecha límite para cerrar una operación que llevaba años preparándose.
Daniel guardó una copia de los mensajes y explicó que los entregaría a los investigadores. Vanessa aceptó firmar una declaración formal y colaborar, aunque su abogado tendría que revisar las condiciones.
—Todavía no entiendo una cosa —dije—. ¿Por qué Richard quería que Marcus se casara conmigo si podía falsificar documentos sin necesidad de una boda?
Marcus respondió antes que nadie.
—Porque necesitaba que yo firmara una declaración reconociendo que mi padre había transferido voluntariamente ciertos activos a tu padre. Si la declaración se presentaba después del matrimonio, Richard esperaba que pareciera parte de un acuerdo familiar y no una maniobra para encubrir el fraude.
—¿Y tú ibas a firmarla?
—No.
Vanessa soltó una risa amarga.
—Ya habías firmado una versión.
Marcus se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—La semana pasada. Me dijiste que era un documento para desbloquear la caja de seguridad.
Él se acercó a la mesa.
—Era una autorización limitada.
—No. Era una declaración en la que aceptabas que Thomas había actuado de buena fe y que cualquier disputa con Evelyn se debía a un error administrativo.
Daniel pidió ver la copia.
Vanessa se la entregó.
El abogado leyó cada página con atención.
—Esta declaración podría ser utilizada para apoyar la versión de Richard —dijo finalmente—. Necesitamos determinar exactamente qué firmó Marcus, cuándo lo hizo y si el documento fue modificado después.
Marcus se dejó caer en una silla.
—No sabía que estaban utilizando mi firma de esa manera.
Lo miré.
—Pero firmaste sin leer.
No respondió.
A mediodía, Daniel presentó la documentación necesaria para solicitar la apertura supervisada de la caja de seguridad. También entregó a las autoridades las pruebas relacionadas con las amenazas contra mi madre.
Pensé que, por fin, habíamos conseguido detener el plan de Richard.
Entonces el teléfono de Claudia sonó.
Era un contacto de la oficina del banco.
Escuchó durante unos segundos y luego me miró.
—La caja ha sido vaciada.
Me levanté.
—¿Qué?
—Alguien presentó una autorización de retirada ayer por la tarde. La firma está siendo revisada, pero el registro indica que se llevaron varios documentos y un sobre.
Marcus se puso de pie.
—¿Quién los retiró?
Claudia miró la pantalla.
—Richard Cole.
Mi corazón se hundió.
—¿Y la carta de Isabella?
Claudia negó lentamente.
—No sabemos si estaba dentro.
En ese instante, Vanessa recibió un mensaje.
Lo leyó y empezó a temblar.
—No puede ser.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Me mostró la pantalla.
Era una fotografía de una habitación vacía. En el suelo había una caja de madera rota y, junto a ella, una hoja de papel.
El mensaje decía:
*«Gracias por tu colaboración. Ahora todos sabrán lo que realmente hizo Evelyn».*
Debajo había un enlace a un archivo programado para publicarse a las seis de la tarde.
Faltaban menos de cuatro horas.
May you like
Y cuando abrimos el archivo, descubrimos que Richard no pretendía acusar a mi madre de un fraude.
Pretendía acusarla de algo mucho peor.