love

Chapter 2: Lo que ocurrió en el salón de belleza

No llegamos al estacionamiento.

Mi madre se detuvo junto a una columna cubierta de hiedra, lejos de los invitados y de la música. Su respiración era irregular, y cada vez que intentaba hablar, sus dedos se cerraban con más fuerza alrededor de mi mano.

—Mamá, me estás asustando.

Ella miró hacia el jardín.

Marcus seguía cerca del arco floral. Vanessa estaba a su lado, llorando con un pañuelo sobre la cabeza. Él no dejaba de mirar hacia nuestra dirección.

—Tenemos que irnos de aquí —dijo mamá—. Pero antes necesito que me escuches sin interrumpirme.

Asentí.

—Te escucho.

Mi madre tragó saliva.

—Esta mañana fui al salón de belleza a las ocho. Quería que todo estuviera listo antes de la ceremonia. La estilista estaba terminando mi peinado cuando Vanessa entró con dos mujeres que nunca había visto.

Fruncí el ceño.

—¿Qué mujeres?

—Una era rubia y la otra llevaba un abrigo beige. Vanessa dijo que eran amigas suyas. Me pidió que saliera de la silla porque quería enseñarme algo.

—¿Y tú saliste?

—Pensé que era una sorpresa relacionada con la boda.

Mi madre bajó la mirada hacia su cabello.

—Me llevaron a una habitación de atrás. Vanessa dijo que había encontrado un regalo para mí. Cuando pregunté qué era, la mujer del abrigo cerró la puerta.

Sentí un frío repentino en el estómago.

—¿Te amenazaron?

—Al principio no. Vanessa empezó a hablar de ti. Dijo que estabas cometiendo un error al casarte con Marcus. Que eras demasiado confiada y que no sabías lo que él había sacrificado por ti.

Negué con la cabeza.

—Eso no tiene sentido. Marcus y yo pagamos nuestra boda juntos.

—Eso creía yo.

La voz de mamá se quebró.

—Después Vanessa me mostró unos documentos. Dijo que, si de verdad te quería, debía convencerte de cancelar la boda.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué documentos?

Mi madre buscó dentro de su bolso con manos temblorosas. Sacó un pañuelo, una cajita de pastillas para la garganta y un pequeño sobre blanco arrugado.

Me lo entregó.

Dentro había una fotografía impresa.

La imagen mostraba a Marcus sentado en una oficina, frente a un hombre de traje gris. Sobre el escritorio había una carpeta abierta. No podía leer los documentos, pero reconocí la pulsera metálica que Marcus llevaba siempre en la muñeca derecha.

En la parte posterior de la fotografía alguien había escrito una frase con tinta azul:

*TU HIJA NO SABE CON QUIÉN SE VA A CASAR.*

Levanté la vista.

—¿Quién tomó esta foto?

—No lo sé. Vanessa dijo que Marcus estaba ocultándote algo importante. Cuando le pregunté qué era, se rio.

—¿Y luego te cortaron el cabello?

Mamá asintió lentamente.

—La mujer rubia me sujetó de los brazos. Vanessa tomó unas tijeras de la mesa y empezó a cortarlo. Yo intenté apartarme, pero me dijeron que, si gritaba, publicarían algo que destruiría tu vida.

Sentí que me ardían los ojos.

—¿Por qué no pediste ayuda?

—Porque dijeron que tenían pruebas de que tú habías firmado documentos fraudulentos. Dijeron que podrían enviarlas a la policía, a tu trabajo y a todos tus invitados antes de que terminara la ceremonia.

Miré la fotografía otra vez.

Marcus estaba sentado en aquella oficina con una expresión seria. No parecía estar celebrando nada. Tampoco podía saber qué estaba firmando.

Pero había una cosa que sí sabía.

Mi madre no habría inventado semejante historia para arruinar mi boda.

—¿Por qué no me lo dijiste cuando llegaste al jardín?

—Vanessa me estaba observando. Cuando te vi acercarte, pensé que si me quedaba callada quizá podría evitar que te hicieran daño.

La abracé.

Su cuerpo temblaba contra el mío.

—No tienes que protegerme de todo, mamá.

—Soy tu madre. Es lo que he hecho toda mi vida.

—Y ahora me toca protegerte a mí.

Por primera vez desde que había visto su cabello, sentí que podía respirar.

Entonces escuchamos unos pasos rápidos.

Marcus apareció al otro lado de la columna.

—Nia, por fin. Llevas diez minutos haciendo un espectáculo y necesito que regreses.

Me aparté de mi madre.

—¿Qué hay en esta fotografía?

Se la mostré.

Marcus perdió el color del rostro.

Fue apenas un segundo, pero lo vi.

Miró la imagen, después a mi madre y finalmente hacia el jardín.

—¿De dónde sacaste eso?

—Mi madre me lo dio.

—No deberías tenerla.

Aquella respuesta me hizo sentir como si acabara de abrir una puerta a una habitación llena de humo.

—¿Por qué?

Marcus extendió la mano.

—Dámela. No entiendes lo que estás viendo.

Aparté la fotografía.

—Entonces explícamelo.

Él se pasó una mano por el cabello.

—Es un asunto de negocios.

—¿Qué negocios tienes que ocultarme?

—Nia, no es el momento.

—¡Era el momento cuando decidiste que mi madre merecía ser amenazada!

—Yo no la amenacé.

—Pero sabías lo que iba a pasar.

Marcus miró a mi madre.

—Evelyn, por favor, dime que no le contaste todo.

Mamá se puso rígida.

Aquella frase confirmó más que cualquier confesión.

—¿Qué significa «todo»? —pregunté.

Marcus cerró los ojos durante un instante.

—Vanessa exageró. Quería asustarla para que dejara de meterse en asuntos que no le correspondían.

—¿Qué asuntos?

—Cosas que no tienen nada que ver contigo.

Solté una risa amarga.

—Estás a punto de casarte conmigo. Todo lo que pueda destruir a mi familia tiene que ver conmigo.

Marcus se acercó.

—Escúchame. Si cancelas la boda, vas a arrepentirte.

—¿Eso es una amenaza?

—Es una advertencia.

Mamá dio un paso adelante.

—Marcus, ya le has hecho suficiente daño a esta familia.

Él la miró con una frialdad que jamás le había visto.

—Usted no debería hablar de familias, Evelyn.

Mi madre se quedó sin aliento.

—¿Qué dijiste?

Marcus pareció darse cuenta de su error. Intentó corregirse, pero ya era tarde.

—No quise decir eso.

—¿Por qué la conoces tanto? —pregunté—. ¿Qué sabes de mi madre que yo no sé?

Marcus miró la fotografía una última vez.

—Nia, necesito que me prometas algo.

—No te prometo nada.

—Si alguien te llama esta noche, no contestes. Y si recibes documentos por correo, no los abras sin hablar conmigo.

Sentí que la fotografía me quemaba los dedos.

—¿Por qué?

Él se acercó lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo.

—Porque hay gente que quiere que creas que soy un monstruo. Y si descubres lo que realmente pasó hace doce años, vas a entender por qué tu madre ha estado mintiéndote toda tu vida.

Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.

—¿Qué pasó hace doce años?

Marcus retrocedió.

Por primera vez, parecía verdaderamente asustado.

—Pregúntaselo a ella.

Después se marchó hacia el jardín.

Me volví lentamente hacia mi madre.

Ella estaba llorando otra vez.

Pero esta vez no intentaba ocultarlo.

—Mamá —susurré—, ¿qué pasó hace doce años?

No respondió.

Solo abrió su bolso, sacó un teléfono viejo que nunca le había visto y buscó algo entre los mensajes guardados.

Cuando encontró lo que buscaba, me entregó el aparato.

En la pantalla había una conversación fechada doce años atrás.

El primer mensaje era de un número desconocido.

El segundo llevaba el nombre de mi padre.

May you like

Y el último decía:

*«Evelyn, si Nia descubre quién es realmente su padre, Marcus no será el único hombre que pierda todo».*

Related Stories

Other posts