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Chapter 7: La persona que entregó a Elena a sus enemigos

Marcus permaneció de pie junto a la silla caída, con el teléfono pegado a la oreja y una sola pregunta golpeándole la cabeza.

—Daniel, dime quién le dio a Vanessa la información sobre Elena.

Al otro lado de la línea, su hermano respiraba con dificultad.

—No puedo decírtelo sin que entiendas primero lo que ocurrió aquella noche.

—¡Mi esposa murió, Daniel! ¡Mi hija creció sin su madre! ¡Y tú llevas casi cinco años guardando silencio! No vuelvas a decirme que necesito entender algo antes de escuchar la verdad.

Daniel sollozó.

—Elena descubrió que yo había utilizado su número de identificación para abrir una cuenta. Al principio era una cantidad pequeña. Pensaba devolver el dinero antes de que nadie lo notara, pero las deudas se acumularon. Cuando intenté detenerme, ya había transferido casi treinta mil dólares.

Marcus apretó el teléfono.

—¿Treinta mil dólares de Elena?

—Sí.

—¿Y esperabas que yo sintiera lástima por ti?

—No. Sé que fui un cobarde. Elena me llamó y me dijo que tenía copias de todo. Quería que me entregara a las autoridades antes de que ella presentara la denuncia.

—¿Qué tiene que ver Vanessa con esto?

—Ella trabajaba con una empresa que administraba cuentas para pequeños negocios. Fue quien me ayudó a abrir la cuenta. Cuando Elena descubrió el fraude, Vanessa entró en pánico. Si la investigación avanzaba, las dos personas que habían participado podían terminar en prisión.

Marcus sintió que las manos le temblaban.

—¿Cómo conocía Vanessa a Elena?

—No eran amigas. Se habían conocido a través de un cliente de la empresa donde trabajaba Vanessa. Elena la había consultado meses antes por un problema con una transferencia.

Marcus recordó las palabras de su difunta esposa. En los últimos meses de su vida, Elena había estado preocupada por unas operaciones bancarias que no reconocía. Él había atribuido su ansiedad al estrés del trabajo y a la crianza de Maya.

Nunca imaginó que su propio hermano estuviera implicado.

—Continúa —ordenó.

Daniel tragó saliva.

—La noche del accidente, Vanessa me llamó y me dijo que Elena iba camino a una oficina para entregar las pruebas. Yo conduje hasta allí. Cuando llegué a la carretera, vi el coche de Elena junto a la barrera de protección. Había chocado.

Marcus sintió que le faltaba el aire.

—¿Estaba viva?

—No lo sé. Me quedé dentro de mi camioneta. Tenía miedo de que me relacionaran con ella. Vi otro vehículo alejarse del lugar, pero no pude identificarlo.

—¿Y no llamaste a emergencias?

Daniel rompió a llorar.

—No.

Marcus cerró los ojos.

Su hermano no había provocado necesariamente el accidente, pero había tenido la oportunidad de ayudar y había elegido huir.

—¿Quién era la persona que se alejó?

—No lo sé, Marcus. Te lo juro.

—¿Y quién le dio a Vanessa la información sobre Elena?

Daniel guardó silencio.

Entonces, desde la sala, Maya gritó.

Marcus corrió hacia ella.

La niña estaba despierta, sentada en el sofá, con el conejo de peluche apretado contra el pecho. Denise se encontraba a su lado, intentando tranquilizarla.

—¿Qué pasa, princesa?

Maya señaló el teléfono.

—¿Es el tío Daniel?

Marcus asintió.

La niña comenzó a llorar.

—Papá, yo escuché ese nombre antes.

Marcus se arrodilló.

—¿Cuándo?

—Cuando Vanessa hablaba por teléfono en la cocina. Decía que Daniel ya había hecho su parte y que ahora solo faltaba que tú firmaras los papeles.

Marcus sintió un escalofrío.

—¿Cuáles papeles, Maya?

—Los que estaban en la carpeta amarilla. Pero también decía algo de la abuela.

Marcus frunció el ceño.

Su madre, Patricia, vivía a veinte minutos de su casa. Había sido una presencia constante en la vida de Maya, aunque durante los últimos meses había visitado menos a la niña.

Marcus siempre había supuesto que estaba ocupada con sus tratamientos para la artritis y sus compromisos con la iglesia.

—¿Qué decía de la abuela?

Maya apretó el conejo.

—Vanessa dijo que la abuela había prometido guardar el secreto. Después se enojó y dijo que, si la abuela hablaba, todos iban a descubrir lo que pasó con mamá.

Denise se llevó una mano a la boca.

Marcus sintió que el corazón le golpeaba con violencia.

Su madre.

La mujer que había llorado durante meses después de perder a Elena. La mujer que le había prometido que siempre protegería a Maya.

¿También ella sabía algo?

—Maya, ¿estás segura de lo que escuchaste?

La niña asintió.

—Vanessa me encontró detrás de la puerta. Me dijo que, si repetía aquellas palabras, tú ibas a perder tu trabajo y nosotros nos quedaríamos sin casa.

Marcus abrazó a su hija.

—Escúchame bien. Nadie puede quitarte tu derecho a decir la verdad. Nadie.

Después se levantó y regresó al teléfono.

—Daniel, voy a preguntarte algo una sola vez. ¿Nuestra madre sabía lo que había pasado aquella noche?

Su hermano dejó escapar un sonido ahogado.

—Sí.

Marcus tuvo que apoyarse contra la pared.

—¿Desde cuándo?

—Desde el día siguiente al accidente.

—¿Y por qué no me dijo nada?

—Porque Vanessa le mostró documentos que podían incriminarme. Mamá pensó que, si me denunciaban, perdería a otro hijo. Yo le supliqué que no dijera nada.

—¿Y ella aceptó protegerte?

—Sí.

Marcus colgó.

No porque hubiera terminado la conversación, sino porque necesitaba unos segundos para no destruir todo lo que tenía delante.

Denise se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Marcus, tenemos que hacerlo bien. No podemos acusar a tu madre sin pruebas.

Él asintió lentamente.

—Tienes razón.

Miró a Maya.

—¿Quieres venir conmigo a ver a la abuela mañana?

La niña dudó.

—¿Ella también está enojada conmigo?

Marcus sintió una punzada de dolor.

—No, cariño. Pero necesitamos hacerle algunas preguntas.

Esa noche, Marcus entregó las fotografías, la nota de Elena y las grabaciones de sus conversaciones al abogado y al detective Brooks. También solicitó una revisión de los documentos de la casa y de las transferencias del fondo de Maya.

Por primera vez, dejó de intentar resolverlo todo por su cuenta.

A la mañana siguiente, condujo hasta la casa de su madre.

Patricia abrió la puerta con una sonrisa que desapareció cuando vio la expresión de su hijo.

—Marcus, ¿qué sucede?

Él no respondió inmediatamente.

Sacó la fotografía de Vanessa junto al hombre de traje oscuro y la colocó sobre la mesa de la sala.

Patricia miró la imagen.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde encontraste esto?

Marcus sintió que la última esperanza de estar equivocado se desvanecía.

—Mamá, necesito que me digas la verdad sobre la muerte de Elena.

Patricia se sentó lentamente.

Miró hacia la ventana, como si buscara una salida.

Después empezó a llorar.

—Tu hermano me dijo que había sido un accidente —susurró.

—Eso no es lo que te pregunté.

Ella se cubrió el rostro.

—Vanessa vino a verme al día siguiente. Me dijo que Elena había descubierto algo terrible y que Daniel estaba involucrado. Me aseguró que, si hablaba, la policía podría acusar a los dos.

Marcus se inclinó hacia ella.

—¿Te dijo quién estaba con Elena aquella noche?

Patricia levantó la cabeza.

Su rostro estaba pálido.

—Sí.

—¿Quién?

Su madre abrió la boca, pero las palabras no salieron.

Finalmente, susurró:

—La persona que estaba con Elena antes del accidente no era Daniel.

Marcus sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Patricia tomó su mano con desesperación.

—Hijo, tienes que escucharme. La persona que estuvo allí aquella noche fue alguien a quien tú has protegido durante toda tu vida.

Y antes de que pudiera pronunciar el nombre, sonó el timbre de la casa.

Patricia miró hacia la puerta.

El terror en sus ojos fue inmediato.

—No puede ser —murmuró—. Me prometió que nunca volvería.

Marcus se levantó.

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Y cuando abrió la puerta, encontró a Vanessa de pie en el porche, con una carpeta negra bajo el brazo y una sonrisa que no tenía nada de arrepentimiento.

—Hola, Marcus —dijo ella—. Creo que ha llegado el momento de que hablemos de lo que realmente le pasó a Elena.

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