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Chapter 6: La noche en que murió Elena

Marcus pasó los siguientes minutos intentando respirar con normalidad.

Maya estaba sentada frente a él, con las manos apretadas entre las rodillas. Parecía arrepentida de haber hablado, como si cada palabra pudiera provocar otra desgracia.

Marcus apartó la nota y la abrazó.

—Hiciste lo correcto, princesa.

—¿Estás enojado conmigo?

—Nunca.

—¿Aunque haya tardado mucho en contártelo?

Marcus la sostuvo con más fuerza.

—No tienes que cargar con secretos de los adultos. Eso nunca debió pasar.

Maya apoyó la cabeza en su hombro.

—Vanessa decía que, si contaba cosas de mamá, tú te pondrías triste y después me mandarías lejos.

Marcus cerró los ojos.

—Nadie va a mandarte lejos por decir la verdad.

Cuando Maya se quedó con Denise, Marcus llamó al detective que había llevado el caso del accidente de Elena.

El detective Samuel Brooks se había jubilado recientemente, pero seguía viviendo en la ciudad.

Marcus le explicó que había encontrado una nota de su difunta esposa y necesitaba revisar algunos detalles de la investigación.

Brooks escuchó sin interrumpirlo.

—Han pasado casi cinco años, Marcus —dijo finalmente—. No quiero prometerte que podremos encontrar algo nuevo.

—No te estoy pidiendo que inventes respuestas. Solo quiero saber si hubo algo que no me contaron.

—Ven a verme esta tarde. Trae todo lo que tengas.

A las cuatro, Marcus llegó a la casa del antiguo detective.

Brooks abrió la puerta con una expresión seria y lo condujo a un pequeño estudio lleno de libros y cajas de archivo.

Marcus colocó sobre la mesa la nota de Elena y las fotografías de los documentos de Vanessa.

El detective leyó la nota en silencio.

—¿Cuándo encontraste esto?

—Esta mañana.

—¿Y tu esposa actual tenía acceso a tus documentos?

—Sí.

Brooks apoyó los codos sobre la mesa.

—¿Qué sabes sobre Vanessa antes de que la conocieras?

Marcus frunció el ceño.

—Trabajaba en una empresa de administración de propiedades. Tenía un hijo y estaba divorciada.

—¿Nunca te habló de haber conocido a Elena?

—No. ¿Por qué habría de hacerlo?

El detective abrió una caja que había preparado antes de la llegada de Marcus.

Dentro había fotografías, informes y copias de declaraciones.

—Durante la investigación, encontramos el testimonio de un conductor que aseguró haber visto otro vehículo detenido cerca del lugar del accidente. No pudimos identificarlo. La matrícula estaba parcialmente cubierta por barro y el hombre no pudo recordar el modelo exacto.

Marcus sintió un escalofrío.

—¿Y eso no apareció en el informe final?

—Apareció como una pista no corroborada. No había evidencia suficiente para relacionarlo con el accidente.

Brooks sacó una fotografía.

Era una imagen borrosa de una camioneta oscura estacionada junto a una gasolinera, tomada por una cámara de seguridad unas horas antes del choque.

—El conductor dijo que una mujer estaba hablando con alguien junto al vehículo. Nunca pudimos establecer su identidad.

Marcus observó la fotografía.

La mujer aparecía de perfil.

No se distinguían claramente sus facciones, pero el cabello rubio y la forma de la mandíbula le resultaron familiares.

Demasiado familiares.

—¿Crees que es Vanessa? —preguntó Brooks.

Marcus no respondió.

No quería convertir una sospecha en una acusación sin pruebas.

—Necesito revisar los archivos originales —dijo finalmente—. También necesito saber quién tuvo acceso a ellos.

Brooks asintió.

—Puedo ayudarte a solicitar una revisión formal. Pero no confrontes a nadie con esta fotografía hasta que sepamos más.

Marcus guardó la imagen con cuidado.

Antes de marcharse, el detective le hizo una última pregunta.

—¿Elena tenía enemigos? ¿Alguien que pudiera beneficiarse de su muerte?

Marcus pensó en su hermano, en Vanessa y en la carpeta desaparecida.

—No lo sé —respondió—. Pero creo que alguien ha pasado años asegurándose de que yo tampoco lo supiera.

Al regresar a casa, encontró a Denise esperándolo en la sala.

Maya estaba dormida en el sofá, abrazada a un conejo de peluche que había pertenecido a su madre.

Denise le hizo una seña para que hablara en voz baja.

—Hay algo más. Revisé las cosas que Vanessa dejó aquí. Encontré un sobre escondido detrás de los cajones de su cómoda.

Marcus sintió una punzada de alarma.

—¿Lo abriste?

—Sí. Lo siento, pero tenía tu nombre escrito en él.

Denise le entregó el sobre.

Dentro había una copia de un contrato de préstamo, varias transferencias bancarias y una fotografía de una mujer saliendo de un edificio de oficinas.

Marcus reconoció a la mujer.

Era Vanessa.

En el reverso de la fotografía había una fecha: tres meses antes del accidente de Elena.

Y debajo, una frase escrita a mano:

«Ella ya sabe lo de la cuenta. Hay que resolverlo antes de que hable con Marcus».

Marcus leyó la frase tres veces.

—¿De dónde salió esto?

—No lo sé. Pero el sobre también tenía una tarjeta de presentación.

Denise le mostró la tarjeta.

Pertenecía a una firma legal que había representado a Daniel durante uno de sus negocios fallidos.

Marcus sintió que todas las piezas comenzaban a encajar de una manera aterradora.

Vanessa conocía a Daniel antes de que él la presentara oficialmente a su familia.

Había tenido contacto con ella meses antes del accidente de Elena.

Y alguien había escrito que Elena sabía algo sobre una cuenta.

Marcus volvió a mirar la fotografía.

En el fondo, junto a Vanessa, aparecía un hombre de traje oscuro. Su rostro estaba parcialmente oculto por una columna, pero Marcus reconoció el reloj que llevaba en la muñeca.

Era el mismo reloj que Daniel le había regalado a su padre años atrás.

Marcus levantó la cabeza.

—Necesito hablar con mi hermano.

Denise negó con firmeza.

—No. Necesitas entregar todo esto al abogado y al detective. Si Daniel está involucrado, no puedes confiar en que vaya a decirte la verdad.

Marcus sabía que tenía razón.

Fotografió cada documento y los envió al abogado. Después llamó a Brooks para informarle sobre la nueva evidencia.

El detective le pidió que no tocara el resto de los objetos y que los conservara tal como estaban.

Marcus estaba guardando el sobre cuando su teléfono comenzó a sonar.

Era Daniel.

Contestó sin saludar.

—¿Qué quieres?

La voz de su hermano sonaba tensa.

—Tenemos que vernos.

—No tengo nada que hablar contigo.

—Es sobre Elena.

Marcus se quedó inmóvil.

—¿Qué sabes de Elena?

Daniel respiró profundamente al otro lado de la línea.

—No puedo explicártelo por teléfono.

—Entonces empieza por decirme por qué Vanessa tenía una fotografía tuya tomada meses antes de que Elena muriera.

Silencio.

Un silencio tan largo que Marcus creyó que la llamada se había cortado.

Finalmente, Daniel habló.

—Porque yo estaba allí aquella noche.

Marcus sintió que la sangre abandonaba su rostro.

—¿Dónde?

—Cerca del lugar del accidente.

—¿Qué hacías allí?

Daniel comenzó a hablar rápidamente.

—No fue lo que estás pensando. Yo no provoqué el accidente. No toqué su coche. No sabía que Elena iba a estar allí hasta que recibí una llamada.

Marcus apretó el teléfono.

—¿Quién te llamó?

—Vanessa.

La habitación pareció quedarse sin aire.

—¿Por qué te llamó Vanessa si todavía no formaba parte de mi vida?

Daniel tragó saliva.

—Porque Elena había descubierto algo que los dos habíamos intentado ocultar.

Marcus sintió que el teléfono le resbalaba entre los dedos.

—¿Qué cosa?

Daniel no respondió de inmediato.

Cuando finalmente habló, su voz sonó quebrada.

—Marcus, Elena no iba a encontrarse contigo aquella noche.

Marcus frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

—Ella iba a encontrarse conmigo. Tenía documentos que demostraban que yo había utilizado su identidad para abrir una cuenta bancaria. Quería denunciarme y entregarte las pruebas.

Marcus sintió náuseas.

—¿Y Vanessa?

—Ella sabía lo que había hecho. Me llamó para decirme que Elena estaba de camino a la policía. Yo fui a buscarla para convencerla de que no hablara.

Marcus se levantó tan bruscamente que la silla cayó hacia atrás.

—¡¿Y después qué pasó?!

Daniel comenzó a llorar.

—Llegué demasiado tarde. El accidente ya había ocurrido.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste?

—Porque Vanessa me aseguró que, si hablaba, todos perderíamos todo.

Marcus apretó los dientes.

—¿Qué hizo Vanessa aquella noche?

Daniel guardó silencio.

Después pronunció unas palabras que hicieron que Marcus sintiera que el corazón se le detenía.

—Ella fue la última persona que habló con Elena antes de que su coche saliera de la carretera.

Y, antes de que Marcus pudiera formular otra pregunta, Daniel añadió:

—Pero hay algo que no sabes, hermano. Vanessa no fue quien organizó aquel encuentro.

—¿Entonces quién?

Daniel soltó un sollozo.

—La persona que le dio a Vanessa la información sobre Elena fue alguien de tu propia casa.

Marcus miró hacia la sala, donde Maya dormía abrazada a su conejo.

Y comprendió que, mientras él había pasado años creyendo que la muerte de Elena había sido una tragedia inexplicable, alguien de su propia familia había estado ocultando la verdad.

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Alguien que todavía podía estar cerca de su hija.

Alguien que quizá había regresado a su vida por una razón mucho más siniestra que el amor.

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