love

Chapter 5: Los cuarenta y ocho mil dólares

Marcus no durmió aquella noche.

Después de que Daniel se marchara, se quedó sentado en el despacho, rodeado de documentos, con una taza de café que se enfrió sin que llegara a probarla.

La fotografía que su hermano le había mostrado seguía grabada en su mente.

Cuarenta y ocho mil dólares.

Tres meses atrás, Marcus había descubierto irregularidades en las cuentas de un proyecto de construcción. Una empresa subcontratada había presentado facturas duplicadas y pagos por materiales que nunca llegaron a la obra.

Como supervisor, Marcus había detenido las autorizaciones y enviado un informe al departamento financiero.

La cantidad cuestionada ascendía a cuarenta y ocho mil dólares.

El asunto se encontraba bajo investigación interna.

Marcus no había robado aquel dinero. Al contrario, había sido quien detectó el problema.

Pero la fotografía que Daniel le mostró parecía insinuar algo muy distinto.

A las seis de la mañana, Marcus llamó a su jefe, Robert Miller.

—Necesito hablar contigo sobre la investigación del proyecto de Lakewood —dijo.

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

—¿Por qué me llamas tan temprano?

—Porque alguien está usando información confidencial de esa investigación para amenazarme.

Robert dejó de sonar somnoliento.

—¿Quién?

—Todavía no lo sé.

—Marcus, escucha. No hables de ese asunto con nadie fuera de la empresa. Te enviaré el contacto de nuestro departamento legal. Si alguien tiene documentos internos, necesitamos saber cómo los consiguió.

Marcus agradeció la información y colgó.

Por primera vez desde que había encontrado a Maya comiendo sobras, comprendió que la crueldad de Vanessa podía formar parte de algo mucho más amplio.

No se trataba únicamente de una madrastra que odiaba a su hijastra.

Había documentos falsificados, dinero desaparecido, una casa amenazada y una persona que conocía detalles de su trabajo.

Y su hermano estaba en medio de todo.

A las siete, Denise entró en el despacho con dos tazas de café.

—Maya sigue dormida —le dijo—. Anoche se despertó tres veces preguntando si podía comer algo.

Marcus bajó la cabeza.

—No debí haber dejado que esto pasara.

Denise colocó una taza frente a él.

—No conviertas la culpa de Vanessa en tu culpa. Tú no sabías lo que ocurría.

—Yo estaba en casa antes de irme al trabajo. Confiaba en ella. Le dejé dinero para las necesidades de Maya. ¿Cómo no me di cuenta?

—Porque ella se aseguró de que no te dieras cuenta. Eso no la convierte en inocente, pero tampoco te convierte a ti en culpable.

Marcus se quedó mirando el café.

—¿Crees que Daniel está involucrado desde el principio?

Denise tardó en responder.

—Creo que Daniel siempre ha tenido problemas para aceptar que tú construyeras una vida mejor que la suya.

Marcus levantó la vista.

Su hermano había pasado años cambiando de negocio, endeudándose y pidiéndoles dinero a familiares. Marcus lo había ayudado varias veces. Incluso había pagado parte de una deuda importante cuando su padre murió.

Pero Daniel nunca había aceptado la ayuda con gratitud.

Siempre parecía convencido de que Marcus le debía algo más.

—No quiero creer que sea capaz de hacerle esto a Maya —dijo Marcus.

Denise suspiró.

—Entonces deja de intentar decidir qué clase de hombre es tu hermano y empieza a descubrir qué hizo.

A las nueve, Marcus llevó a Maya a la clínica.

La pediatra, la doctora Patel, examinó a la niña con delicadeza. Le preguntó sobre sus comidas, sus hábitos de sueño y los dolores de estómago que había empezado a sufrir.

Maya respondió con frases cortas.

Cuando la doctora le preguntó si tenía miedo de comer en casa, la niña miró a Marcus.

Él le tomó la mano.

—Puedes hablar con ella, princesa. No estás haciendo nada malo.

Maya respiró hondo.

—A veces escondía galletas debajo de la cama porque no sabía cuándo iba a poder comer otra vez.

Marcus tuvo que mirar hacia la ventana.

La doctora no hizo comentarios innecesarios. Continuó el examen, registró las preocupaciones sobre la alimentación y recomendó seguimiento para evaluar el estado nutricional de Maya.

Antes de terminar, habló con Marcus en privado.

—Necesita estabilidad, comidas regulares y un entorno donde se sienta segura. También es importante documentar lo que nos ha contado y valorar las medidas de protección adecuadas.

—Haré todo lo necesario —respondió él.

Cuando salieron, Maya pidió un panecillo de canela de una cafetería cercana.

Marcus compró dos.

La niña sostuvo el suyo con ambas manos.

—¿Puedo comerlo ahora?

Él sintió que algo se le quebraba otra vez.

—Puedes comer cuando tengas hambre, cariño. No necesitas pedir permiso para alimentarte.

Maya mordió el panecillo.

Después de unos segundos, envolvió la mitad en una servilleta y la guardó en el bolsillo de su sudadera.

Marcus lo notó, pero no la corrigió.

Sabía que recuperar la confianza llevaría tiempo.

Mientras Maya comía, recibió un mensaje de un número desconocido.

«Si quieres recuperar el dinero de tu hija, deja de hacer preguntas sobre Daniel».

Marcus llamó inmediatamente al número.

Estaba desconectado.

Guardó una captura de pantalla y se la envió al abogado que Robert le había recomendado.

Después regresó a casa.

Al entrar, encontró a Denise hablando por teléfono en la sala. Cuando ella lo vio, terminó la llamada y se acercó.

—Hay algo que necesitas saber.

—¿Qué pasa?

Denise respiró profundamente.

—Anoche, después de que te llamara, busqué los mensajes que Vanessa me había enviado durante los últimos meses. Al principio parecían conversaciones normales. Pero encontré uno de hace seis semanas.

Le mostró la pantalla.

El mensaje decía: «Si Marcus no firma antes de octubre, tendremos que encontrar otra forma de conseguir que se vaya».

Marcus sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé. Pero había otro mensaje en el que Vanessa preguntaba si alguien podía conseguir una copia de tu firma.

—¿Y tú por qué no me lo dijiste antes?

Denise bajó la mirada.

—Porque no lo había visto. Ella me preguntó si sabía de algún notario que pudiera ayudarla con unos papeles de la casa. Pensé que estaba organizando sus asuntos personales.

Marcus le devolvió el teléfono.

—Necesito ver todos esos mensajes.

Denise se los envió.

Mientras los revisaba, encontró una conversación con un contacto llamado D.

El mensaje de Vanessa era breve.

«La niña está empezando a sospechar. Necesito que todo esté listo antes de que Marcus regrese».

La respuesta había llegado dos minutos después.

«Entonces deja de cometer errores. Si él descubre lo que realmente pasó con Elena, no solo perderás el dinero».

Marcus dejó caer el teléfono sobre el sofá.

Elena.

Su difunta esposa.

¿Por qué Vanessa estaba hablando de ella?

Denise se acercó.

—Marcus, ¿qué significa eso?

Él negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé.

Pero una imagen comenzó a formarse en su memoria.

Seis meses antes de morir, Elena había descubierto algo relacionado con una cuenta que compartía con su antiguo abogado. Una semana después, le había pedido a Marcus que guardara una carpeta en su caja de seguridad.

Él nunca había abierto aquella carpeta.

Después del funeral, la guardó en un cajón y se concentró en criar a Maya.

Vanessa había encontrado la caja de seguridad cuando organizaron los documentos de la casa.

Marcus estaba seguro de ello.

Corrió al despacho, abrió el cajón y sacó la llave de la caja.

La carpeta que Elena le había dejado ya no estaba allí.

En su lugar había una nota escrita a mano.

Marcus reconoció la letra de su esposa.

«Si alguien te dice que todo fue un accidente, no le creas sin revisar primero los documentos del hospital».

Las manos comenzaron a temblarle.

Elena había muerto en un accidente de carretera.

La policía nunca encontró indicios de que alguien hubiera provocado el choque.

Pero aquella nota había sido escrita meses antes de su muerte.

Marcus la leyó una y otra vez, buscando una explicación que no aparecía.

Entonces Maya entró en el despacho.

Al ver el papel en sus manos, la niña se quedó inmóvil.

—Papá...

Marcus se volvió hacia ella.

—¿Qué pasa, cariño?

Maya señaló la nota.

—Yo vi ese papel antes.

Marcus sintió que el corazón se le detenía.

—¿Dónde?

La niña tragó saliva.

—Vanessa lo tenía en su bolso. Y una noche, cuando pensó que yo estaba dormida, la escuché decir por teléfono que la mamá no debía haber descubierto la verdad.

Marcus se arrodilló lentamente.

—¿Qué más escuchaste?

Maya empezó a llorar.

—Dijo que, si tú llegabas a saber quién estaba con mamá aquella noche, ibas a odiarla para siempre.

Marcus se quedó sin palabras.

Porque la noche del accidente de Elena, Vanessa todavía no era su esposa.

May you like

Ni siquiera formaba parte de su vida.

Y, sin embargo, parecía haber sabido algo sobre la muerte de Elena mucho antes de que él la conociera.

Related Stories

Other posts