Chapter 4: El precio de la humillación
—¿Por qué le estabas pagando a Marcus Reed?
La pregunta de Daniel Sterling atravesó el vestíbulo como un disparo.
Victoria miró a su esposo, después al gerente y finalmente a Richard Brooks. Durante unos segundos, pareció que iba a responder con la misma arrogancia que había mostrado desde su llegada. Sin embargo, sus labios se separaron y no salió ningún sonido.
Marcus intentó recuperar el control.
—Señor Sterling, seguramente existe una explicación administrativa. Mi trabajo implica tratar con numerosos proveedores y representantes comerciales.
Daniel levantó el documento.
—La transferencia salió de una cuenta personal de mi esposa. El dinero terminó en una empresa registrada a nombre de tu hermano. ¿Qué clase de operación administrativa es esa?
Marcus palideció.
—No tengo conocimiento de esa transferencia.
—Entonces no te importará que revisemos tus cuentas —respondió Richard.
Victoria se acercó a Daniel e intentó tomarlo del brazo.
—Cariño, podemos hablar de esto en casa. Hay demasiadas personas mirando.
Daniel apartó suavemente su mano.
—Hace cinco minutos estabas exigiendo que todos miraran cómo expulsaban a una madre con su bebé. Ahora te preocupa que haya testigos.
Victoria lo miró con incredulidad.
—¿Vas a humillarme delante de todos por culpa de esta mujer?
Danielle ajustó a Grace contra su pecho.
—Yo no la humillé. Usted se humilló sola cuando decidió golpearme.
—¡Cállate!
La voz de Victoria resonó bajo los candelabros.
Grace se sobresaltó y comenzó a llorar.
Danielle sintió que el cuerpo de su hija se estremecía contra el suyo. Inmediatamente la acunó, alejándose unos pasos de Victoria.
Richard se interpuso entre ambas.
—Se acabó. No volverá a acercarse a mi hija ni a mi nieta.
Victoria respiraba agitadamente.
—¡Esto es una conspiración! ¡Todos ustedes quieren destruirme!
—Señora Sterling —intervino Thomas Caldwell—, le recomiendo que se calme.
Ella se volvió hacia él.
—¡Tú también! ¿Después de todos los eventos que he organizado aquí? ¿Después de todo el dinero que he gastado en este hotel?
Thomas bajó la mirada.
—Su gasto comercial no cambia nuestras políticas de conducta.
—¡Hace una hora me habrías ofrecido una suite presidencial!
—Y ahora estoy tratando de entender por qué uno de mis gerentes recibió dinero de su empresa.
Richard levantó una mano para detener la discusión.
—Nadie va a resolver esto a gritos. Ethan, asegúrese de que los documentos y las grabaciones estén preservados. Contacte al departamento jurídico y solicite una investigación independiente. No quiero que ningún empleado involucrado tenga acceso a las pruebas.
—Entendido, señor Brooks.
Ethan se alejó con la tableta.
Richard se volvió hacia Thomas.
—Marcus queda suspendido inmediatamente, con acceso restringido a los sistemas de la compañía. También quiero que revisen cualquier queja anterior relacionada con su comportamiento.
Marcus dio un paso adelante.
—Señor, no puede tomar esa decisión basándose en una transferencia que todavía no se ha explicado.
—Tiene razón —respondió Richard—. No lo estoy suspendiendo por una transferencia sin investigar. Lo suspendo porque las grabaciones muestran que ignoró una agresión, presentó una versión falsa de los hechos y trató de expulsar a la víctima. La investigación determinará si hay algo más.
Marcus no encontró respuesta.
El guardia le indicó que lo acompañara a las oficinas administrativas.
Mientras se alejaba, miró a Victoria.
Ella no hizo nada para ayudarlo.
Aquello pareció dolerle más que la suspensión.
Richard condujo a Danielle hasta una sala privada situada junto al vestíbulo. Era un espacio tranquilo, con ventanas altas, sillones color marfil y una pequeña mesa donde un empleado dejó agua y una manta adicional para Grace.
—Voy a pedir que venga un médico para revisar tu mejilla —dijo Richard.
—Papá, de verdad, estoy bien.
—No voy a discutir contigo sobre eso.
Danielle soltó una pequeña risa cansada.
—Sigues siendo igual de terco.
—Y tú sigues intentando hacerte cargo de todo sin pedir ayuda.
La sonrisa de Danielle desapareció lentamente.
—No quería llamarte.
Richard se sentó frente a ella.
—¿Por qué?
Danielle miró a Grace, que empezaba a quedarse dormida otra vez.
—Porque llevo años intentando demostrar que puedo vivir sin depender de tu dinero. No quería que cada persona que me tratara mal terminara descubriendo quién soy y cambiando de actitud por miedo a ti.
Richard permaneció callado.
—Cuando esa mujer me golpeó, lo peor no fue el dolor —continuó Danielle—. Fue ver al gerente mirarme y decidir que yo era menos importante que ella. Me pregunté cuántas veces habría hecho lo mismo con otras personas que no tenían a nadie que pudiera defenderlas.
Su padre entrelazó las manos.
—No puedo cambiar lo que te pasó.
—Lo sé. Pero puedes hacer algo para que no vuelva a pasarle a otra persona.
Richard asintió lentamente.
—Eso es exactamente lo que voy a hacer.
En ese momento, una mujer de cabello corto y traje gris entró en la sala. Era Evelyn Price, directora jurídica de Brooks Hospitality.
—Richard, ya he hablado con el equipo de cumplimiento —dijo—. Hay varios problemas que debemos revisar, pero antes necesito confirmar algo con Danielle.
Se volvió hacia la joven madre.
—Señorita Brooks, ¿desea presentar una denuncia formal por la agresión?
Danielle miró a su padre.
Richard no respondió por ella.
—Sí —dijo finalmente—. Quiero que quede constancia de lo que pasó. Y quiero una copia de la grabación.
—Por supuesto. Conservaremos las pruebas y le explicaremos las opciones disponibles.
Danielle respiró profundamente.
—También quiero que entrevisten a los empleados que estaban aquí. No quiero que alguien pierda su trabajo solo por haber tenido miedo de hablar. Pero tampoco quiero que alguien sea premiado por mentir.
Evelyn tomó nota.
—Es una petición razonable.
La abogada cerró la carpeta que llevaba bajo el brazo y miró a Richard.
—Hay otro asunto. El equipo financiero encontró una irregularidad relacionada con los contratos de Sterling Events. Parece que alguien presentó facturas por servicios que nunca se realizaron.
Richard frunció el ceño.
—¿Cuánto dinero?
—Todavía no tenemos una cifra definitiva. Pero las primeras discrepancias son considerables.
Danielle sintió un escalofrío.
—¿Creen que Victoria lo hizo?
—No vamos a sacar conclusiones antes de revisar los documentos —respondió Evelyn—. Por ahora, solo sabemos que existen pagos que requieren una explicación.
Desde el vestíbulo llegó una voz furiosa.
—¡No pueden hacerme esto!
Victoria había entrado en el pasillo.
Su teléfono estaba pegado a la oreja y caminaba tan deprisa que casi tropezó con una mesa auxiliar.
—Te estoy diciendo que necesito que vengas ahora mismo —gritó—. ¡No, no puedes esperar hasta mañana!
La llamada terminó.
Victoria levantó la mirada y vio a Danielle a través de la puerta abierta.
Su expresión se endureció.
—Tú —dijo, entrando sin pedir permiso—. ¿Estás satisfecha?
Danielle se puso de pie, protegiendo instintivamente a Grace.
—No quiero nada de usted.
—Por tu culpa, mi esposo está interrogándome como si fuera una criminal.
—Su esposo le está haciendo preguntas sobre documentos que llevan su firma.
Victoria apretó los puños.
—No tienes idea de lo que estás provocando.
Richard se levantó.
—Salga de esta sala.
Pero Victoria ya no parecía escuchar a nadie.
Se acercó a Danielle y bajó la voz.
—Crees que has ganado porque tu papá tiene dinero. Pero hay cosas que ni siquiera él puede arreglar.
Danielle sintió miedo, pero no retrocedió.
—¿Eso es una amenaza?
Victoria sonrió sin alegría.
—Tómalo como un consejo.
Evelyn se interpuso inmediatamente.
—Señora Sterling, esta conversación ha terminado.
Victoria salió de la sala con pasos rápidos.
Durante unos segundos, nadie habló.
Entonces el teléfono de Richard vibró.
Era un mensaje de Ethan.
*«Señor Brooks, encontramos un correo electrónico eliminado del sistema de Marcus. La transferencia no era el único pago. Hay una instrucción escrita sobre cómo debía tratar a la señorita Brooks si alguna vez aparecía en el hotel».*
Richard abrió el archivo adjunto.
Leyó la primera línea.
Y su rostro cambió por completo.
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Porque el correo no había sido enviado esa mañana.
Había sido enviado tres semanas antes, cuando nadie podía haber previsto que Danielle visitaría aquel hotel.