love

Chapter 7: La prueba que podía enviar a Daniel a prisión

Daniel entró en la sala justo cuando su padre terminó de leer el último mensaje de Marcus.

—¿Qué está pasando ahora? —preguntó, mirando alternativamente a Richard y a Valeria—. ¿Por qué parecen haber visto un fantasma?

Richard levantó el teléfono.

—Tu hermano acaba de aparecer en esta historia.

Daniel frunció el ceño.

—¿Marcus?

Valeria asintió, incapaz de sostenerle la mirada.

—Él fue quien me puso en contacto con Thomas Reed.

Daniel se quedó inmóvil.

Durante tres años, Marcus había sido prácticamente un extraño. La pelea entre los hermanos había comenzado después de que el mayor acusara a Richard de favorecer siempre a Daniel en las decisiones de la empresa familiar. Las discusiones terminaron con Marcus marchándose a California y jurando que no volvería a pedirle nada a su padre.

Daniel había intentado comunicarse con él varias veces.

Nunca recibió una disculpa. Apenas recibía respuestas.

—¿Mi hermano te pidió que consiguieras dinero utilizando mi nombre? —preguntó Daniel.

—No me lo explicó de esa manera —respondió Valeria—. Me dijo que conocía una oportunidad de inversión y que podía ayudarme a resolver mis problemas.

—¿Qué problemas?

Ella bajó la mirada.

Richard intervino.

—Daniel, tenemos que concentrarnos en lo que podemos demostrar. Tu hermano ha mencionado que posee pruebas contra ti. Antes de sacar conclusiones, debemos averiguar qué tiene.

Daniel sacó su teléfono.

—Voy a llamarlo.

—No —respondió Richard inmediatamente—. Si Marcus está detrás de esto, llamarlo ahora solo le dará tiempo para preparar otra historia.

—¿Entonces qué quieres que haga? ¿Esperar mientras alguien intenta incriminarme?

—Quiero que dejemos de reaccionar y empecemos a pensar.

Daniel soltó una carcajada amarga.

—Eso es fácil para ti. No hay ningún documento con tu firma falsificada. No hay nadie amenazándote con destruir tu vida.

Richard aceptó el golpe sin defenderse.

—Tienes razón. No estoy en tu lugar. Pero soy tu padre y no voy a permitir que enfrentes esto sin ayuda.

Daniel se pasó las manos por el rostro.

Valeria dio un paso hacia él.

—Daniel, yo nunca quise hacerte daño.

Él se volvió lentamente.

—¿Y qué querías, Valeria? ¿Que tuviéramos una casa? ¿Que tu madre pudiera pagar sus deudas? ¿Que mi padre te entregara suficiente dinero para que nadie volviera a hacerte sentir inferior?

Ella comenzó a llorar.

—Quería dejar de tener miedo.

—Yo también tengo miedo. Tengo miedo de que alguien haya utilizado mi nombre para cometer un delito. Tengo miedo de que mi padre termine perdiendo su empresa por algo que ni siquiera sabía que estaba ocurriendo. Y tengo miedo de que la mujer con la que pensaba pasar el resto de mi vida me haya mentido durante meses.

Valeria se cubrió la boca.

No había respuesta que pudiera reparar aquello.

Richard tomó las llaves del automóvil.

—Voy a llamar a nuestro abogado y a un especialista en delitos financieros. Nadie debe firmar nada ni transferir dinero mientras investigamos.

—¿Y Marcus? —preguntó Daniel.

—A Marcus lo vamos a escuchar cuando tengamos los documentos delante.

Richard salió de la sala para hacer las llamadas.

Por primera vez, Daniel y Valeria quedaron solos sin que ninguno intentara acercarse al otro.

Ella se sentó en el extremo del sofá.

—Hay algo que debes saber —dijo finalmente—. Marcus me aseguró que tú conocías la inversión.

Daniel la miró con incredulidad.

—¿Por qué iba a conocerla si nunca he hablado con él sobre negocios?

—Dijo que habían discutido por una propiedad y que tú habías aceptado participar en un acuerdo para demostrarle a tu padre que podías manejar tus propios asuntos.

—Eso es mentira.

—Ahora lo sé.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿Y no te pareció extraño que me involucrara en un negocio del que nunca me habías hablado?

Valeria no respondió.

Daniel se levantó.

—No. No me contestes. Ya conozco la respuesta.

Caminó hasta la ventana, intentando controlar la rabia. Su hermano había encontrado una manera de utilizar la ambición de Valeria y, al mismo tiempo, atacar la empresa de su padre.

Pero seguía faltando algo.

¿Por qué Marcus necesitaba incriminarlo?

Daniel recordó una conversación de hacía varios meses. Su padre había mencionado que quería transferir una parte de las acciones de la empresa a un fideicomiso para garantizar su continuidad y financiar nuevos proyectos comunitarios.

Marcus se había opuesto.

Quería que su padre le devolviera el control de las divisiones que había dirigido antes de marcharse.

Richard se negó.

Desde entonces, la relación entre ellos había empeorado.

—Papá necesita revisar las cuentas de la empresa —murmuró Daniel.

Valeria levantó la cabeza.

—¿Por qué?

—Porque Marcus no arriesgaría tanto solo para vengarse de mí. Tiene que haber algo más.

En ese instante, Richard regresó.

Su expresión era todavía más grave que antes.

—El abogado viene de camino —anunció—. También he hablado con el director financiero. Hay movimientos que no podemos explicar.

Daniel se volvió hacia él.

—¿Qué clase de movimientos?

Richard dejó su teléfono sobre la mesa.

—Durante los últimos seis meses, alguien ha transferido pequeñas cantidades desde una cuenta operativa a varias sociedades externas. Las cantidades eran lo suficientemente bajas para pasar inadvertidas en los informes mensuales.

—¿Cuánto dinero?

—Casi doscientos mil dólares en total.

Daniel sintió que el estómago se le encogía.

—¿Y quién autorizó las transferencias?

Richard abrió un archivo en su teléfono.

—La primera se realizó con las credenciales de un administrador financiero. Las siguientes utilizaron una autorización vinculada a una cuenta antigua de la empresa.

—¿De quién era esa cuenta?

Richard tardó un segundo en responder.

—De Marcus.

Valeria se puso de pie.

—Entonces él sí está involucrado.

—Eso parece —dijo Richard—. Pero no sabemos si fue quien ejecutó todas las operaciones.

Daniel comenzó a caminar de nuevo.

—¿Y si utilizó mis documentos para conseguir el préstamo porque ya había agotado el dinero que estaba sacando de la empresa?

Richard asintió lentamente.

—Es una posibilidad.

El timbre de la puerta sonó.

El abogado de la familia, Samuel Brooks, entró con un maletín y una expresión profesional. Escuchó la explicación completa sin interrumpir y después pidió ver todos los documentos, incluidos los mensajes de Valeria.

Tras revisar los archivos, dejó el teléfono sobre la mesa.

—Tenemos que separar tres cuestiones —dijo—. La deuda personal de Valeria, la solicitud de préstamo con la firma cuestionada y las transferencias de la empresa. Pueden estar relacionadas, pero todavía no podemos afirmar que todas formen parte del mismo delito.

—¿Qué pasa si Marcus presenta esas supuestas pruebas contra mí? —preguntó Daniel.

Samuel lo miró directamente.

—Si existe una investigación, necesitaremos verificar cada documento y preservar todas las comunicaciones. No debes borrar mensajes, alterar archivos ni intentar enfrentarte a tu hermano por tu cuenta.

Daniel asintió.

—¿Y si las pruebas son falsas?

—Entonces tendremos que demostrarlo mediante registros verificables.

Samuel examinó la fotografía del hotel y pidió el archivo original, no una captura reenviada.

Valeria desbloqueó su teléfono.

Mientras buscaba la imagen, apareció una notificación nueva.

Era un mensaje de Marcus.

*«Ya sé que papá descubrió los documentos. Tienen hasta mañana al mediodía para devolverme lo que me pertenece. Si no, Daniel descubrirá lo que su padre lleva años ocultándole».*

Daniel leyó el mensaje por encima del hombro de Valeria.

—¿Qué significa «lo que me pertenece»?

Richard se quedó mirando la pantalla.

Durante varios segundos no dijo nada.

Después se dirigió a Samuel.

—Necesito que revises también los documentos de la sucesión de Eleanor.

Daniel frunció el ceño.

—¿Qué tiene que ver mamá con esto?

Richard cerró los ojos brevemente.

May you like

—Hay algo que nunca te conté sobre las últimas semanas de su vida.

Y cuando abrió los ojos, Daniel comprendió que la historia que conocía sobre la pelea con su hermano estaba a punto de cambiar por completo.

Related Stories

Other posts