Chapter 6: La mujer detrás del sobre blanco
—¿Vas a seguir mirándome sin decir nada? —preguntó Daniel.
Valeria permanecía junto a la escalera, con los brazos pegados al cuerpo. La fotografía seguía iluminando la pantalla del teléfono de su prometido.
Richard había regresado al despacho para llamar a su abogado, pero Daniel no había apartado los ojos de ella desde que vio la imagen.
—Thomas me pidió que me reuniera con él —dijo Valeria finalmente—. Me aseguró que podía ayudarme con el negocio.
—¿Y el sobre?
—No sé qué había dentro.
Daniel soltó una risa breve, sin alegría.
—Estás sentada frente a un hombre que intenta conseguir un préstamo utilizando mi firma, sostienes un sobre y ahora me dices que no sabes nada.
—¡Porque no sabía lo de la firma!
—Pero sí sabías lo del dinero.
Valeria se llevó una mano a la frente.
—Mi madre tiene problemas económicos. Thomas dijo que podía conseguir una inversión. Yo quería solucionar las cosas antes de nuestra boda.
—¿Solucionarlas para quién?
La pregunta la dejó sin respuesta.
Daniel caminó hasta el sofá y se sentó. Parecía agotado, como si en cuestión de minutos hubiera envejecido varios años.
—Cuando empezamos a salir, me dijiste que querías construir algo conmigo —continuó—. Nunca me prometiste que serías rica. Nunca te pedí que tuvieras una casa, un automóvil caro ni ropa de diseñador. ¿Por qué no me dijiste que tenías problemas?
Valeria se acercó lentamente.
—Porque estaba avergonzada.
—Podías confiar en mí.
—¡No quería que me vieras como alguien que necesita ayuda todo el tiempo!
Daniel levantó la cabeza.
—Entonces, ¿por qué decidiste involucrar a mi familia en una operación que ni siquiera entendías?
—Porque creí que podía arreglarlo.
—¿Cómo?
Ella apretó los labios.
La verdad era más complicada de lo que había admitido. Thomas le había explicado que, una vez aprobado el préstamo, una parte del dinero se utilizaría para cubrir las deudas de su madre. El resto financiaría una empresa de eventos que Valeria administraría.
Le había prometido que recibiría una participación importante.
También le había dicho que Richard podría recuperar el dinero sin dificultades si algo salía mal.
Valeria había querido creerle.
—Thomas me dijo que tu padre podía asumir el riesgo —confesó—. Que para él esa cantidad no significaba demasiado.
Daniel se levantó tan bruscamente que el sofá se movió.
—¿Mi padre? ¿Eso es lo que te dijo?
—No sabía que estaba falsificando documentos.
—¡Pero pensabas utilizar su dinero!
—¡Sí! —gritó ella, desesperada—. ¡Sí, quería el dinero!
¿Eso es lo que necesitas escuchar? Quería tener algo propio. Quería dejar de sentir que todos podían decidir sobre mi vida.
Daniel la miró en silencio.
Valeria sintió que cada palabra la alejaba un poco más de él.
Sin embargo, ya no podía detenerse.
—Tú nunca entiendes lo que significa entrar en una habitación y sentir que todos te consideran inferior —continuó—. Tu padre tiene una mansión. Tu hermana tiene una carrera brillante.
Tú tienes una empresa, un sueldo y una familia que siempre te protege. Yo no tengo nada de eso.
—Tienes tu propia vida, Valeria.
—¡Eso no basta!
Daniel bajó la mirada.
La respuesta de ella había sido tan sincera que, por un instante, no supo qué decir.
Había querido comprender sus inseguridades. Había imaginado que, con paciencia y cariño, conseguirían superarlas juntos.
Pero ahora empezaba a sospechar que Valeria no buscaba solamente seguridad.
Quería que el mundo dejara de poder decirle que no.
—Necesito que me contestes algo —dijo él—. ¿Sabías que Thomas pensaba utilizar mi firma?
—No.
—¿Sabías que el préstamo estaría respaldado por la propiedad de mi padre?
Valeria vaciló.
—Sabía que necesitaba una garantía.
Daniel cerró los ojos.
—¿Y sabías que el dinero iba a transferirse a la cuenta de tu madre?
Ella no respondió.
Daniel abrió los ojos de nuevo.
—Valeria.
—Thomas dijo que era temporal.
El silencio posterior fue insoportable.
Daniel tomó las llaves de la mesa.
—No voy a casarme contigo mientras no sepa exactamente qué ocurrió.
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—La boda queda suspendida.
—No puedes hacerme esto.
—No estoy haciendo nada. Estoy intentando entender por qué mi prometida entregó mis documentos personales a un desconocido y permitió que mi nombre apareciera en un préstamo fraudulento.
—¡No sabía que iba a terminar así!
—Pero aceptaste el riesgo.
Valeria se acercó y le agarró el brazo.
—Daniel, mírame. Yo te amo.
Él observó su mano hasta que ella lo soltó.
—Ojalá eso fuera suficiente para resolverlo todo.
Daniel salió al jardín para llamar a un abogado.
Valeria se quedó en la sala, escuchando el eco de sus pasos desaparecer detrás de las puertas de cristal.
Entonces oyó la voz de Richard desde el despacho.
—Sí, quiero que revises cada transferencia relacionada con Reed Capital Solutions. Y no autorices ningún movimiento hasta que sepamos quién está detrás.
Valeria caminó hasta la puerta entreabierta.
Richard estaba de espaldas, hablando por teléfono.
—No me importa cuánto tiempo lleve esa empresa operando —continuó—. Quiero saber quién la financia y quién recibió los documentos de Daniel.
Hizo una pausa.
—¿Qué acabas de decir?
Su tono cambió.
Valeria se acercó un poco más.
—No. Repítelo.
Richard guardó silencio mientras escuchaba.
Después colgó lentamente.
Por primera vez desde que había empezado aquella crisis, parecía verdaderamente desconcertado.
—¿Qué pasó? —preguntó Valeria desde la puerta.
Richard se volvió.
—La empresa que aparece en los documentos tiene una cuenta bancaria vinculada a otra sociedad.
—¿Y?
—Esa sociedad recibió dinero de una compañía que mi hijo utilizó hace años para una inversión privada.
Valeria frunció el ceño.
—¿Daniel?
—No. Mi otro hijo.
Ella lo miró sin comprender.
Richard tenía dos hijos. Daniel era el menor; el mayor, Marcus, llevaba tres años viviendo en California después de una disputa familiar que casi nadie mencionaba en la mesa.
—¿Qué tiene que ver Marcus con esto? —preguntó.
Richard cerró la puerta del despacho.
—Eso es lo que voy a averiguar.
Valeria sintió un escalofrío.
Si Marcus estaba involucrado, quizá Thomas no era el verdadero responsable. Quizá alguien había utilizado a su madre, sus ambiciones y su desesperación para llegar hasta la familia Coleman.
Pero aquella posibilidad no la absolvía.
Ella había entregado los documentos.
Había aceptado reunirse con Thomas.
Y había esperado que el dinero resolviera sus problemas antes de que alguien descubriera lo que estaba haciendo.
—Richard, necesito decirte algo más —murmuró.
Él la miró con cautela.
—¿Qué cosa?
Valeria respiró hondo.
—Thomas no fue quien me contactó primero.
Richard se quedó inmóvil.
—¿Quién fue?
Ella sacó el teléfono y buscó una conversación antigua. Sus dedos temblaban tanto que tuvo que intentarlo dos veces antes de encontrarla.
Luego le mostró la pantalla.
Era un mensaje enviado tres meses atrás desde un número que Valeria tenía guardado bajo el nombre de «M. Coleman».
*«Si de verdad quieres entrar en esta familia, puedo ayudarte a conseguir lo que necesitas. Pero Richard jamás debe saber que hablamos».*
Richard leyó el mensaje.
Su rostro cambió.
—¿Marcus te escribió esto?
Valeria asintió.
—Me dijo que conocía una forma de conseguir dinero sin que tu padre tuviera que aprobarlo directamente. Me aseguró que, cuando todo terminara, nadie saldría perjudicado.
Richard tomó el teléfono para examinar la conversación.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque Marcus me pidió que guardara el secreto. Y porque pensé que podría conseguir lo que quería sin poner en peligro mi relación con Daniel.
Richard siguió leyendo.
Había más mensajes. Instrucciones para contactar con Thomas, referencias a documentos financieros y una advertencia que Valeria no había comprendido hasta aquel momento.
*«Cuando llegue el momento, Daniel tendrá que elegir entre proteger a su padre o protegerte a ti. Asegúrate de que no pueda hacer ambas cosas».*
Richard levantó la vista.
—¿Sabes qué significa esto?
Valeria negó lentamente.
—No.
—Significa que alguien no solamente quería conseguir dinero. Quería provocar una ruptura dentro de mi familia.
Desde el jardín llegó el sonido de una puerta cerrándose.
Daniel regresaba.
Richard le devolvió el teléfono a Valeria.
—No le ocultes nada más a mi hijo. Si hay otros mensajes, si hubo otras reuniones o si alguien te prometió algo a cambio de tu colaboración, quiero saberlo ahora.
Valeria miró la pantalla.
Había un último mensaje de Marcus que nunca se había atrevido a leer completo. Lo había recibido la noche anterior, cuando todavía creía que el préstamo era una oportunidad para cambiar su vida.
Abrió la conversación.
El mensaje decía:
*«Mañana, cuando Richard descubra la solicitud, dile que Daniel conocía el plan desde el principio. Si lo niega, tengo pruebas que demostrarán lo contrario».*
Valeria sintió que se le doblaban las rodillas.
—Richard...
Él se acercó.
—¿Qué ocurre?
Ella levantó lentamente la mirada.
—Marcus dice que tiene pruebas contra Daniel.
Richard tomó el teléfono otra vez.
Y mientras leía las últimas líneas, comprendió que el verdadero objetivo quizá nunca había sido la fortuna.
Quizá alguien quería destruir a su hijo menor utilizando a la mujer que él amaba.
Y si aquellas supuestas pruebas eran auténticas, Daniel podía perder mucho más que su boda.
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Podía perder su libertad.
¿Para los capítulos 7–9 prefieres *más intriga criminal o más traición familiar*? <FollowUp value="Intriga criminal" query="Continue the same story with Chapters 7–9, emphasizing criminal intrigue, evidence, and escalating suspense.""/> <FollowUp value="Traición familiar" query="Continue the same story with Chapters 7–9, emphasizing family betrayal, emotional confrontations, and shocking revelations.""/>