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Chapter 4: El expediente que nadie debía encontrar

—Si descubren lo del bebé, estamos acabados.

Las palabras de Bruno quedaron suspendidas en el pasillo.

Camila las escuchó desde la cama mientras Laura caminaba a su lado. Una nueva contracción le hizo cerrar los ojos, pero aquella frase se le había clavado en la mente.

¿De qué bebé estaba hablando Bruno?

—Laura… —susurró, apretándole la mano—. ¿Escuchaste lo que dijo?

La enfermera miró hacia la recepción. Verónica estaba intentando quitarle la tableta a su compañera, mientras Bruno discutía con el guardia.

—Sí, Camila. Pero ahora necesito que te concentres en tu bebé. Vamos a llevarte a una sala donde puedan atenderte.

—No quiero que le pase nada a mi hijo.

—No voy a dejar que nadie interfiera con tu atención.

Laura hizo una señal al médico, quien ordenó continuar el traslado. La cama avanzó por el pasillo, dejando atrás los gritos de Verónica.

Sin embargo, la mujer no estaba dispuesta a rendirse.

—¡Bruno! ¡No permitas que se lleven ese expediente!

Bruno se volvió hacia ella.

—¡Ya te dije que te calles!

El silencio que siguió fue tan repentino que hasta el guardia dejó de hablar.

Verónica miró a su hijo, ofendida.

—¿Cómo te atreves a hablarme así después de todo lo que he hecho por ti?

—¡Porque tú dijiste que todo estaba arreglado!

Laura no pudo escuchar el resto. Las puertas de la sala obstétrica se cerraron y el ruido del pasillo quedó atrás.

El médico comenzó a revisar a Camila mientras una segunda enfermera preparaba los instrumentos necesarios.

—Camila, necesito que me contestes unas preguntas —dijo el doctor Ramírez—. ¿Has tenido alguna complicación durante el embarazo?

—No, doctor. Todas mis revisiones salieron bien.

—¿Has sentido que tu bebé se mueve normalmente hoy?

Camila asintió, aunque las lágrimas comenzaron a correrle por las sienes.

—Sí. Pero desde hace unos minutos siento mucha presión.

El médico intercambió una mirada con Laura.

—Vamos a vigilar de cerca al bebé. Si necesitas empujar, te lo indicaremos. No te adelantes.

Camila respiró profundamente, tratando de controlar el temblor de sus piernas.

Entonces recordó a Daniel.

Su esposo llevaba meses trabajando turnos dobles para preparar la llegada de su primer hijo. Habían comprado una cuna usada, pintado una habitación diminuta y discutido durante una semana sobre qué nombre elegir.

Mateo había ganado aquella discusión.

—Daniel debería estar aquí —murmuró.

Laura le acomodó el cabello detrás de la oreja.

—¿Quieres que intentemos llamarlo?

—Ya le mandé mensajes. No sé si los recibió.

La enfermera tomó su teléfono, que estaba guardado en una bolsa junto a la cama.

—Podemos intentarlo otra vez cuando terminemos esta valoración.

Camila asintió.

Por unos segundos, el único sonido fue el de los aparatos médicos y las indicaciones tranquilas del doctor.

Hasta que alguien golpeó la puerta.

—¿Qué sucede? —preguntó Laura.

Una enfermera asomó la cabeza.

—Necesitamos que vengas un momento. Es sobre el expediente de Bruno Salgado.

El doctor Ramírez frunció el ceño.

—Laura, no puedes abandonar a tu paciente.

—Lo sé, doctor. Solo necesito que me expliquen qué está ocurriendo.

—Yo me quedo con ella —respondió él—. Ve, pero regresa enseguida.

Laura salió al pasillo.

La otra enfermera la esperaba con la tableta en las manos. A su lado estaba un administrador del hospital, un hombre de traje oscuro que parecía furioso.

—Tenemos un problema —dijo el administrador—. Alguien solicitó que se cambiara la clasificación de Bruno de paciente ambulatorio a paciente con movilidad severamente limitada.

Laura abrió los ojos.

—Pero yo lo vi caminar.

—La grabación de recepción también lo muestra caminando.

—¿Quién hizo la solicitud?

El administrador bajó la voz.

—La petición llegó desde una cuenta autorizada para gestionar expedientes externos. Sin embargo, el nombre de la persona que aparece en el registro no coincide con el médico que atendió a Bruno en la otra clínica.

Laura recordó la carpeta que Verónica había intentado ocultar.

—¿Y el expediente anterior?

—Bruno acudió esta noche a una clínica privada. Allí le hicieron unos estudios y le recomendaron permanecer para una valoración adicional. Se marchó antes de que terminaran el proceso.

—¿Qué estudios?

El administrador negó con la cabeza.

—No tenemos autorización para revisar todos sus resultados. Pero hay una nota sobre una posible exposición a un medicamento que no debía haber tomado.

Laura sintió que algo no encajaba.

Bruno no había llegado al hospital buscando tratamiento para una lesión. Había llegado insistiendo en que lo atendieran primero, ofreciendo dinero y exigiendo que nadie hiciera preguntas.

—¿Y qué tiene que ver eso con la mujer embarazada? —preguntó.

El administrador miró hacia la sala donde Camila estaba siendo atendida.

—Eso es precisamente lo que todavía no sabemos.

Antes de que Laura pudiera responder, Verónica apareció acompañada por el guardia.

—¡Quiero que me devuelvan los documentos de mi hijo!

El administrador se volvió hacia ella.

—Señora, nadie ha retenido sus documentos. Necesitamos aclarar algunas inconsistencias.

—¡No hay ninguna inconsistencia!

—Entonces no tendrá inconveniente en responder unas preguntas.

Verónica apretó su bolso contra el pecho.

—Mi hijo está enfermo. Eso es todo lo que necesitan saber.

—Pero su hijo puede caminar —respondió Laura.

—¡No se meta en lo que no le importa!

Bruno apareció detrás de su madre.

—Basta. Nos vamos.

El administrador extendió un brazo para detenerlo.

—Señor Salgado, necesitamos que permanezca disponible hasta aclarar la información de su expediente.

Bruno lo miró con desprecio.

—¿Me está reteniendo?

—Le estoy pidiendo que coopere con el personal mientras verificamos los registros.

—Entonces llame a mi abogado.

Verónica sonrió por primera vez en varios minutos.

—Eso es. Que venga alguien que sí sepa tratar a nuestra familia.

Pero la sonrisa desapareció cuando una mujer de uniforme médico salió de la oficina administrativa sosteniendo una carpeta azul.

—Disculpen —dijo—. Encontramos algo más en los registros de la clínica privada.

Bruno se quedó inmóvil.

La mujer miró al administrador.

—La prueba que abandonó antes de recibir sus resultados estaba relacionada con una muestra biológica. Y el registro indica que esa muestra fue entregada por una mujer embarazada.

Verónica retrocedió un paso.

Bruno bajó la mirada.

Y Laura comprendió que la mentira de aquella familia podía ser mucho más peligrosa de lo que todos habían imaginado.

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Porque la mujer que había entregado aquella muestra no era Verónica.

Era Camila Reyes.

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