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Chapter 7: La tía que quería quedarse con todo

—No puede ser ella —susurró Danielle.

Robert seguía mirando el nombre en la pantalla de su teléfono. Mariana Brooks. Su hermana menor. La mujer que había estado a su lado durante el funeral de su esposa, que había ayudado a Danielle a elegir su vestido de graduación y que, tres días antes, había llevado flores al hospital para conocer a Grace.

La misma mujer que había besado la frente de la recién nacida y había prometido que siempre protegería a las dos.

—Papá, dime que hay otra explicación —rogó Danielle—. Tal vez alguien utilizó su cuenta.

Robert no respondió inmediatamente.

Quería creerlo. Más que cualquier otra cosa, quería encontrar una explicación que no destruyera los recuerdos de su hija.

—Vamos a verificarlo antes de acusar a nadie —dijo finalmente—. Un registro demuestra que se utilizó una cuenta. No demuestra por sí solo quién estaba frente a la computadora.

Danielle asintió, aunque sus ojos ya estaban llenos de lágrimas.

—Si fue ella, no entiendo por qué. Nunca le hice nada.

—Esto no tiene por qué ser culpa tuya, cariño.

—¿Y Grace? ¿Por qué alguien intentaría involucrar a mi hija?

Robert miró a su nieta.

—Eso es precisamente lo que vamos a averiguar.

En ese momento, Elena Vargas, la directora jurídica de Brooks Hospitality, entró por las puertas del vestíbulo acompañada por un especialista en seguridad digital y una abogada externa. Llevaba un portafolio negro y una expresión que dejaba claro que había entendido la gravedad del asunto.

—Robert, recibí tu llamada —dijo Elena—. Los registros originales están preservados. También conseguimos una copia de la solicitud de modificación del fideicomiso.

Robert le entregó el teléfono.

—Necesito que me expliques qué significa esto.

Elena revisó el documento y después miró a Danielle.

—La solicitud pretende cambiar quién administra determinados bienes destinados a Grace. No significa que la custodia física de tu hija esté en peligro ni que alguien pueda llevársela mediante este documento. Pero sí podría dar a un tercero control sobre ciertos activos si se aceptara una modificación válida.

Danielle apretó a Grace contra su pecho.

—¿Y mi firma?

—Aparece en dos documentos distintos —respondió Elena—. Uno relacionado con la transferencia de acciones y otro con la modificación del fideicomiso. Los dos requieren una revisión forense. No podemos asumir que sean auténticos.

Robert señaló el registro.

—¿Y la cuenta de Mariana?

Elena respiró profundamente.

—La cuenta se utilizó anoche para consultar el expediente. También se descargaron varios documentos. Sin embargo, hay un detalle que me preocupa: la sesión se inició desde un dispositivo que no coincide con el equipo habitual de Mariana.

Danielle levantó la cabeza.

—Entonces alguien pudo haberla suplantado.

—Es posible —respondió Elena—. Pero todavía no sabemos si fue eso lo que ocurrió.

Robert pidió al especialista que preservara los registros y revisara los accesos sin alterar los archivos originales.

Después se volvió hacia su hija.

—Voy a llamar a tu tía.

Danielle lo sujetó del brazo.

—Espera, papá. Si ella está involucrada, podría intentar borrar cualquier otra prueba.

—No voy a decirle lo que sabemos. Solo quiero escuchar su explicación.

Marcó el número de Mariana.

El teléfono sonó cuatro veces.

Finalmente, ella contestó.

—Robert, ¿por qué me llamas a esta hora? ¿Está todo bien con Danielle y la bebé?

Al escuchar su voz, Danielle sintió una punzada de nostalgia. Era la misma voz cálida que había escuchado durante toda su infancia.

Robert mantuvo el tono tranquilo.

—Estamos en el hotel. Necesito que vengas.

Hubo una pausa.

—¿Qué pasó?

—Encontramos documentos que requieren tu atención.

—¿Qué clase de documentos?

—Prefiero hablar contigo en persona.

Mariana guardó silencio durante varios segundos.

—Robert, si esto tiene que ver con la votación de la junta, puedo explicártelo mañana.

Elena levantó la cabeza inmediatamente.

Robert miró a Danielle.

Ninguno había mencionado la votación.

—¿Por qué supones que se trata de la junta? —preguntó Robert.

—Porque sé que están revisando la operación. Charles me llamó hace un rato.

—¿Qué te dijo?

—Nada importante. Solo que había surgido un problema con algunos documentos.

Robert sintió que algo se endurecía dentro de su pecho.

—¿Qué documentos, Mariana?

—No lo sé con exactitud.

—Entonces, ¿por qué Charles te llamó?

—Robert, no quiero discutir por teléfono. Iré al hotel.

La llamada terminó.

Danielle se quedó mirando a su padre.

—Sabía que había un problema antes de que tú la llamaras.

Robert asintió lentamente.

—Sí.

Elena volvió a examinar los documentos.

—Hay otra cosa. La solicitud de modificación del fideicomiso incluye una cláusula que designa a un administrador provisional en caso de que Danielle no pueda ejercer sus derechos.

—¿Quién? —preguntó Robert.

Elena giró la pantalla.

Apareció el nombre de una sociedad: Sterling Meridian Holdings.

Edward, que seguía cerca de la recepción, se puso de pie de inmediato.

—Esa es la misma sociedad que aparece en la transferencia del hotel.

—Así es —respondió Elena—. Si las dos operaciones están relacionadas, alguien podría haber intentado utilizar la firma falsificada de Danielle para conseguir control sobre activos diferentes.

Robert apretó la mandíbula.

—¿Y Mariana qué gana con eso?

Nadie contestó.

Entonces Victoria, que había permanecido en la sala privada, pidió hablar. La abogada que la acompañaba permitió que regresara al vestíbulo para dar su declaración.

Victoria parecía otra persona. Ya no tenía la sonrisa arrogante ni la seguridad con la que había entrado aquella mañana.

—Sé por qué Mariana estaba interesada en la operación —dijo.

Robert se volvió hacia ella.

—Explíquese.

Victoria miró a Danielle antes de continuar.

—Daniel Cross me dijo que la sociedad necesitaba un representante familiar para facilitar la adquisición. Alguien que conociera la estructura de la empresa y pudiera convencer a la junta de que la operación era legítima.

—¿Y Mariana aceptó? —preguntó Edward.

—No sé si aceptó desde el principio. Pero Daniel dijo que ella había proporcionado información sobre el fideicomiso y que esperaba recibir una participación cuando todo terminara.

Danielle negó con la cabeza.

—Mi tía no necesita dinero. Mi padre siempre la ha ayudado.

Victoria la miró con una expresión amarga.

—Tal vez no quería dinero. Tal vez quería algo que tu padre nunca le dio.

Robert se quedó inmóvil.

—¿Qué cosa?

Victoria bajó la voz.

—El control.

Antes de que pudiera explicar más, las puertas de cristal se abrieron.

Mariana Brooks entró al vestíbulo con un abrigo beige, el cabello perfectamente peinado y una expresión de preocupación ensayada con tanta naturalidad que Danielle sintió ganas de correr hacia ella.

—¡Robert! —exclamó Mariana—. ¿Qué está pasando? Me dijiste que había documentos importantes.

Después vio a Danielle y sonrió con ternura.

—Mi niña. ¿Cómo está mi pequeña Grace?

Danielle no se movió.

Mariana se acercó para besarla, pero Danielle retrocedió instintivamente.

La sonrisa de su tía desapareció.

—¿Qué sucede, cariño?

Robert le mostró el documento.

—Quiero que me expliques por qué tu cuenta accedió al fideicomiso de Danielle anoche.

Mariana miró la pantalla.

Por un instante, el miedo atravesó su rostro.

Luego se recompuso.

—No sé de qué estás hablando.

Elena le mostró los registros.

—La cuenta se utilizó para descargar documentación confidencial. También encontramos una solicitud que podría transferir la administración de ciertos bienes de Grace a Sterling Meridian Holdings.

Mariana miró a Robert con indignación.

—¿Me estás acusando de robarle a tu hija?

—Te estoy preguntando qué ocurrió.

—¡Esto es una locura! ¡Soy su tía!

Danielle sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

—Tía Mariana, solo dime que no lo hiciste.

Mariana se volvió hacia ella.

Durante unos segundos, su expresión pareció suavizarse.

Pero entonces miró a Victoria.

Y algo cambió.

—¿Qué hace ella aquí?

Robert respondió con frialdad:

—Está dando explicaciones sobre su participación en la operación.

Mariana apretó el bolso.

—No deberías escuchar a esa mujer. Siempre ha sido capaz de hacer cualquier cosa por dinero.

Victoria bajó la mirada, avergonzada, pero no respondió.

Elena intervino.

—Señora Brooks, necesitamos que permanezca disponible mientras verificamos los registros. Nadie la está declarando culpable, pero hay documentos que requieren una explicación.

Mariana levantó la barbilla.

—No tengo nada que explicar.

Sacó su teléfono y marcó un número.

—Charles, estoy en el hotel. Robert está haciendo acusaciones absurdas y necesito que vengas inmediatamente.

Robert no intentó detenerla.

Solo observó cómo su hermana escuchaba la respuesta.

Mariana palideció.

—¿Qué quieres decir con que no puedes venir?

Se apartó unos pasos.

—¡Me prometiste que esto estaba resuelto!

Danielle dejó de respirar por un instante.

Mariana se volvió hacia ellos, comprendiendo demasiado tarde que todos habían escuchado sus palabras.

Su teléfono cayó de su mano y golpeó el mármol.

La pantalla seguía encendida.

Una notificación apareció sobre el fondo negro.

*MENSAJE DE DANIEL CROSS: «Si Robert ya sabe lo del fideicomiso, ejecuta el plan de emergencia. No dejes que Danielle salga del hotel con los documentos».*

Robert recogió el teléfono sin desbloquearlo y lo dejó sobre el mostrador.

—Mariana —dijo con voz baja—, ¿qué plan de emergencia?

Su hermana comenzó a llorar.

Pero no miró a Robert.

Miró a Danielle.

—Perdóname —susurró—. No sabes lo que me obligaron a hacer.

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Y entonces añadió algo que hizo que Danielle comprendiera que aquella traición escondía un peligro todavía mayor.

—Porque el hombre que está detrás de todo esto no quiere solamente tu herencia, cariño. Quiere impedir que descubras lo que tu madre dejó escrito antes de morir.

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