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Chapter 4: La firma que podía destruir a los Brooks

El teléfono de Robert Brooks seguía vibrando sobre el mostrador de mármol.

En la pantalla aparecía el nombre de Charles Whitmore, presidente de la junta directiva de Brooks Hospitality y uno de los hombres que habían acompañado a Robert desde los primeros años de la empresa.

Robert observó el documento con la firma falsificada de Danielle.

Después contestó.

—Charles, qué sorpresa recibir tu llamada precisamente ahora.

—Robert, necesitamos hablar —respondió el hombre al otro lado—. Me informaron que estás en el hotel del centro. Espero que no hayas tomado ninguna decisión precipitada.

Robert levantó la mirada hacia Marcus, quien seguía inmóvil junto a la recepción.

—Qué curioso. Yo también necesito hablar contigo. Al parecer, alguien está utilizando la firma de mi hija para transferir el control de una propiedad de nuestra compañía.

Se produjo un silencio.

Solo duró dos segundos, pero Robert había negociado suficientes contratos para reconocer el sonido del miedo.

—No sé de qué estás hablando —respondió Charles finalmente—. Hay documentos que todavía no han sido revisados. No deberías sacar conclusiones.

Danielle se acercó a su padre, sosteniendo a Grace con ambos brazos.

—Pregúntale quién autorizó la operación —susurró.

Robert la escuchó.

—Mi hija quiere saber quién autorizó la operación.

—Danielle no tiene por qué involucrarse en asuntos corporativos —contestó Charles—. Este es un tema de la junta.

Danielle sintió que la sangre le subía al rostro.

—Dígale que yo no firmé nada, papá.

Robert activó el altavoz.

—Charles, estás hablando de la hija del fundador de esta compañía. Si su nombre aparece en un documento, tiene todo el derecho de conocer cada detalle.

—Robert, por favor. No hagamos esto en público.

—Tú elegiste llamarme mientras estoy aquí, frente a los empleados y los testigos de una agresión. Ahora vamos a terminar esta conversación.

Al otro lado de la línea se escuchó una respiración profunda.

—La transferencia todavía no es definitiva —dijo Charles—. Podemos resolver cualquier irregularidad antes de la votación.

—¿Qué irregularidad?

—La documentación necesita una última revisión.

Robert apretó el documento entre los dedos.

—¿Llamas irregularidad a falsificar la firma de mi hija?

Charles no respondió.

Entonces Edward Sterling intervino.

—Charles, soy Edward. ¿Sabías que el documento incluye a Danielle como beneficiaria y firmante de la transferencia?

La voz del presidente cambió.

—Edward, no deberías estar hablando de esto aquí.

—Entonces contéstame. ¿Lo sabías?

—No voy a discutir información confidencial con personas que no están autorizadas.

Edward soltó una risa amarga.

—Qué conveniente.

Victoria lo agarró del brazo.

—¡Edward, basta!

Él se apartó.

—No vuelvas a decirme que me calle.

Danielle miró a Victoria. La mujer que unos minutos antes había tratado a todos como sirvientes ahora parecía incapaz de controlar sus propias manos.

Robert terminó la llamada sin despedirse.

—Marcus —dijo—, necesito la sala de juntas privada. Y quiero que se preserve toda la documentación relacionada con esta operación.

—Por supuesto, señor Brooks.

—También quiero los registros de acceso a los documentos digitales. Nadie debe modificar archivos ni borrar correos.

Marcus asintió, pero no se movió.

Robert lo miró directamente.

—¿Hay algún problema?

—Señor, debo informarle que el sistema corporativo está administrado por un equipo externo. No sé si tengo autorización para entregar esos registros.

—Entonces llame al responsable del sistema. Ahora.

Marcus sacó su teléfono.

Danielle sintió que Grace se movía suavemente entre sus brazos. La pequeña abrió la boca en un bostezo y volvió a cerrar los ojos.

Ese gesto tan sencillo le recordó por qué había ido al hotel.

No buscaba una reunión de negocios. No quería dirigir una empresa. No había ido a demostrar que pertenecía a una familia poderosa.

Solo quería compartir el almuerzo con su padre.

—Papá —dijo en voz baja—, si todo esto tiene que ver conmigo, quiero saber la verdad. No quiero que me protejas ocultándome cosas.

Robert se volvió hacia ella. Por primera vez desde que había llegado, su expresión mostró algo más que indignación.

Mostró preocupación.

—Tienes razón. Te lo prometo.

Edward abrió la carpeta y extendió varias páginas sobre el mostrador.

—La sociedad que aparece aquí se llama Sterling Meridian Holdings. Se constituyó hace seis meses. La dirección registrada corresponde a un edificio de oficinas en Delaware.

Robert examinó los documentos.

—¿Y quiénes son sus propietarios?

—Eso es precisamente lo extraño. La estructura legal oculta a los beneficiarios finales detrás de otras dos sociedades.

—¿Y por qué aparece Danielle?

Edward señaló una cláusula.

—Porque, según estos documentos, ella habría aceptado transferir sus derechos sobre una participación heredada en Brooks Hospitality a cambio de una compensación simbólica.

Danielle frunció el ceño.

—¿Qué participación heredada?

Robert levantó lentamente la cabeza.

—La que tu madre dejó establecida para ti.

Danielle sintió que el ruido del vestíbulo desaparecía.

Su madre había muerto cuando ella tenía diecisiete años. Durante años, Robert le había hablado de los documentos que había dejado preparados para proteger el futuro de su hija. Danielle sabía que existía un fideicomiso familiar, pero nunca había querido utilizarlo para obtener privilegios.

—Me dijiste que nadie podía tocarlo sin mi consentimiento —murmuró.

—Y así debería ser.

—Entonces, ¿cómo consiguieron mi firma?

Robert no respondió.

Edward pasó otra página.

—Hay algo más. La autorización lleva el sello de un notario que trabaja habitualmente con la empresa de Charles.

Robert cerró la carpeta.

—¿Estás diciendo que alguien de mi propia junta facilitó una transferencia fraudulenta?

—Estoy diciendo que hay suficientes señales para investigar esa posibilidad.

Victoria soltó una exclamación.

—¡Esto es absurdo! ¡Yo no tengo nada que ver con los documentos de Danielle!

Edward la miró.

—Entonces explícame por qué estabas tan preocupada por que el acuerdo se firmara hoy.

—Porque la inversión depende de una fecha límite.

—¿Qué inversión?

Victoria guardó silencio.

Robert se acercó a ella.

—Hace unos minutos dijiste que mi hija había arruinado algo. Ahora aparece su firma en una transferencia que afirma que nunca autorizó. Quiero saber qué sabes.

—No sé nada.

—¿Entonces por qué tienes miedo?

Victoria abrió la boca, pero su teléfono volvió a sonar.

Esta vez no rechazó la llamada.

Miró la pantalla y palideció.

Edward reconoció el nombre.

—¿Es Charles otra vez?

Victoria no contestó.

—Victoria, dame ese teléfono.

—No.

Edward extendió la mano.

—¡Dámelo!

Ella retrocedió.

—¡No tienes derecho a revisar mis llamadas!

En ese instante, el empleado de recepción recibió una notificación en su tableta. La leyó y se acercó a Robert.

—Señor Brooks, disculpe. Acaba de llegar una solicitud urgente de acceso a los archivos del hotel.

—¿De quién?

El joven tragó saliva.

—De la oficina del presidente de la junta. Solicitan eliminar una grabación de seguridad correspondiente a esta mañana.

Robert se quedó completamente quieto.

—¿Qué grabación?

El empleado miró la pantalla.

—La que muestra el incidente del vestíbulo.

Danielle sintió que Grace se movía otra vez entre sus brazos.

Alguien estaba intentando borrar la prueba de la agresión.

Pero la solicitud incluía una segunda instrucción.

Una que hizo que Robert extendiera la mano para tomar la tableta.

*Eliminar también cualquier registro de acceso de Danielle Brooks al sistema corporativo durante los últimos noventa días.*

Danielle miró a su padre.

—Papá, yo no he entrado en ese sistema en meses.

Robert levantó la vista hacia Marcus.

—Entonces, ¿quién está utilizando el nombre de mi hija para entrar en nuestra empresa?

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Nadie respondió.

Y justo cuando Robert ordenó bloquear la solicitud, el empleado descubrió que la eliminación ya había comenzado.

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