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Chapter 5: La mujer que conocía demasiado

—¡Detenga el proceso! —ordenó Robert.

El empleado golpeó varias teclas en la tableta.

—Estoy intentando cancelarlo, señor, pero la solicitud proviene de una cuenta administrativa con permisos superiores a los míos.

—¿Puede identificar al usuario?

—El sistema muestra un código de autorización. Necesito que el equipo corporativo lo valide.

Robert miró a Marcus.

—Llame al responsable de seguridad digital.

—Ya lo estoy haciendo, señor.

—No. Está marcando un número. Quiero que consiga una respuesta.

Marcus se apartó unos pasos para realizar otra llamada.

Victoria aprovechó la distracción para acercarse a Edward.

—Tenemos que irnos —susurró—. Esto ya se salió de control.

Edward ni siquiera la miró.

—No voy a abandonar este hotel hasta que me expliques qué sabes.

—¡No sé nada de los documentos!

—Entonces deja de actuar como si estuvieras a punto de perderlo todo.

Victoria apretó los labios.

Danielle observaba la escena desde su lugar junto a la columna. Había querido marcharse desde el primer momento, pero ahora entendía que irse sin respuestas significaría permitir que alguien utilizara su nombre para algo que ni siquiera comprendía.

Robert regresó a su lado.

—¿Estás cansada? Puedo pedir que preparen una habitación tranquila para ti y Grace.

Danielle negó con la cabeza.

—No quiero una habitación. Quiero saber por qué alguien intenta borrar mis registros.

Robert asintió.

—Entonces vamos a averiguarlo.

Edward abrió nuevamente el maletín.

—Hay una manera de comprobar si la firma fue incorporada recientemente. Los documentos de la transferencia se enviaron a un sistema de revisión legal antes de su presentación formal. Si encontramos el archivo original, podremos comparar las versiones.

—¿Quién tiene acceso a ese sistema? —preguntó Robert.

—El departamento jurídico, la oficina de Charles y dos representantes externos.

—¿Quiénes son los representantes externos?

Edward dudó.

—Una firma de asesoría corporativa y un despacho que administra algunas de las sociedades de inversión.

Robert observó el documento.

—¿Tu empresa tiene alguna relación con ese despacho?

Edward bajó la mirada.

—Sí.

Victoria cerró los ojos.

—Edward, por favor...

—¡Basta! —respondió él—. Si hay algo que deba saber, prefiero escucharlo ahora.

Danielle dio un paso hacia ellos.

—Señor Sterling, cuando mi padre le preguntó por qué su esposa estaba aquí, usted pareció asustado. Después, cuando vio los documentos, dijo que todo era peor de lo que pensaba. ¿Qué sabía antes de llegar?

Edward se quedó mirando a Danielle durante varios segundos.

—Sabía que se estaba preparando una operación para adquirir una participación importante en Brooks Hospitality. Pensé que era una negociación legítima.

—¿Y mi nombre?

—Lo vi por primera vez esta mañana.

—¿Cuándo?

—Hace aproximadamente una hora. Charles me envió un borrador y me pidió que verificara unas cláusulas. Cuando vi tu firma, supuse que tu padre había autorizado la transferencia.

—Pero no lo verificó conmigo.

—No.

—¿Y no le pareció extraño que yo cediera mis derechos por una cantidad simbólica?

Edward apretó los labios.

—Sí. Por eso vine al hotel.

Victoria se volvió hacia él, indignada.

—¡Me dijiste que solo venías a reunirte con Marcus!

—Te mentí porque sabía que intentarías detenerme.

—¿Me mentiste?

—Sí, Victoria. Porque llevo semanas sospechando que me estás ocultando algo.

La mujer retrocedió como si la hubiera abofeteado él.

Danielle sintió una punzada de incomodidad. No tenía interés en presenciar una discusión matrimonial, pero aquella conversación parecía ser la única manera de llegar a la verdad.

—¿Qué sospecha? —preguntó.

Edward miró a Robert antes de responder.

—Hace dos meses descubrí varios pagos de mi empresa a una sociedad que no aparecía en nuestros contratos habituales. Cuando pregunté, me dijeron que eran honorarios de consultoría. Después encontré correos que sugerían que alguien estaba preparando una adquisición de activos hoteleros a través de intermediarios.

Robert frunció el ceño.

—¿Y no lo denunciaste?

—Todavía no tenía pruebas suficientes para identificar a los responsables. Pensé que podía tratarse de una operación autorizada por la junta.

—¿Por qué no me llamaste?

Edward no respondió inmediatamente.

—Porque Charles me dijo que tú estabas al tanto.

Robert soltó una risa sin humor.

—Charles parece haber utilizado mi nombre para tranquilizar a muchas personas.

El empleado de recepción levantó la cabeza.

—Señor Brooks, logré detener la eliminación de los archivos del hotel. Pero no pude recuperar los registros corporativos.

—¿Se borraron?

—No exactamente. El sistema indica que fueron movidos a un archivo restringido. Todavía existen, pero necesitamos autorización para acceder.

Robert se volvió hacia Danielle.

—Eso significa que alguien está intentando ocultar información, no necesariamente destruirla.

—¿Podría tratarse de un procedimiento normal? —preguntó ella.

—Podría —respondió Edward—. Pero la coincidencia con la solicitud de borrar el video es demasiado sospechosa.

Marcus regresó de su llamada.

Tenía el rostro desencajado.

—Señor Brooks, el responsable de seguridad digital acaba de confirmar que la solicitud de eliminación no fue generada por Charles directamente.

Robert se acercó.

—¿Entonces quién la envió?

Marcus miró su teléfono.

—La cuenta pertenece a una asistente ejecutiva de la oficina del presidente. Sin embargo, el código de autorización utilizado está vinculado a otra persona.

—¿A quién?

Marcus tragó saliva.

—A la señora Victoria Sterling.

Edward se volvió lentamente hacia su esposa.

—¿Qué?

Victoria soltó una carcajada nerviosa.

—¡Eso es imposible! Nunca he tenido acceso a los sistemas de Brooks Hospitality.

—El registro muestra una autorización emitida desde una cuenta vinculada a tu correo corporativo —explicó Marcus.

—¡Pueden falsificar un correo!

Robert levantó una mano.

—Nadie va a sacar conclusiones todavía. Vamos a verificarlo.

Victoria pareció aliviada durante un instante.

Entonces Edward abrió el maletín y sacó su computadora portátil.

—Hay otra cosa. Mi empresa conserva un registro de los documentos que recibió para revisar la transferencia. Si Victoria está vinculada a esa solicitud, quizá también aparezca en los correos relacionados con la operación.

—¿Puedes acceder ahora? —preguntó Robert.

—Sí, siempre que el servidor no haya sido bloqueado.

Edward introdujo su contraseña y abrió una carpeta protegida.

La pantalla mostró decenas de mensajes.

Revisó varios rápidamente hasta detenerse en uno enviado seis días antes.

El asunto decía: *Confirmación de identidad y firma — Danielle Brooks.*

Edward abrió el mensaje.

Había un archivo adjunto y una nota breve.

La documentación está lista. No contactes a la beneficiaria. Ella no debe enterarse hasta después de la votación.

Debajo aparecía el nombre del remitente.

Victoria Sterling.

Edward levantó lentamente la mirada.

—Victoria...

Ella dio un paso hacia atrás.

—Eso no significa nada.

—¿Enviaste un documento con la firma de Danielle y pediste que nadie la contactara?

—No sabes qué estás leyendo.

—¡Explícamelo!

Victoria miró a Robert y luego a Danielle.

Por primera vez, sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no parecían lágrimas de arrepentimiento.

Parecían las de alguien que acababa de comprender que su plan ya no estaba bajo su control.

—Yo no debía estar involucrada en esto —susurró.

Robert se acercó.

—Entonces dime quién te involucró.

Victoria apretó el bolso contra su cuerpo.

—No puedo.

—¿Por qué?

Ella miró hacia las cámaras de seguridad, después hacia los empleados y, finalmente, hacia Danielle.

—Porque la persona que organizó todo esto no es Charles.

Edward palideció.

—¿De quién estás hablando?

Victoria tragó saliva.

Y pronunció un nombre que hizo que Robert retrocediera un paso.

—De alguien que vive en tu propia casa.

Danielle sintió que el corazón se le detenía.

Robert la miró inmediatamente, como si quisiera asegurarse de que había escuchado mal.

—¿Qué acabas de decir?

Victoria cerró los ojos.

—La persona que me entregó la información sobre Danielle fue alguien de tu familia, Robert.

Antes de que pudiera continuar, el teléfono de Danielle vibró.

Un mensaje de un número desconocido apareció en la pantalla.

*Deja de hacer preguntas. Tu hija no es la única persona a la que podemos utilizar para llegar a ti.*

Danielle sintió que los brazos se le tensaban alrededor de Grace.

Robert leyó el mensaje por encima de su hombro.

Toda la ira de su rostro se convirtió en una frialdad aterradora.

—Marcus, cierre las puertas principales y avise al responsable de seguridad. Nadie va a tocar a mi hija ni a mi nieta.

Después miró a Victoria.

—Ahora va a decirnos el nombre de esa persona.

Victoria abrió los ojos, temblando.

—No entiendes, Robert. Si digo quién es, no solo perderás el hotel.

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Miró a Danielle y luego a la pequeña Grace.

—Podrías perder a toda tu familia.

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