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Chapter 5: La cuenta que nadie debía encontrar

Marcus llamó a su abogado a las ocho y cuarto de la mañana.

No le contó toda la historia por teléfono. Solo explicó que había encontrado documentos financieros relacionados con el patrimonio de Olivia y que necesitaba una revisión confidencial.

—No firmes nada y no confrontes a nadie con acusaciones que todavía no puedas demostrar —le aconsejó el abogado, Daniel Brooks—. Envíame copias de los documentos y revisaré qué autorizaciones existen realmente.

—Quiero saber si alguien ha accedido al dinero de mi hija.

—Entonces necesitaremos los registros bancarios originales, las autorizaciones y el historial de movimientos. Si hay algo irregular, podremos determinarlo.

Marcus miró hacia la ventana del despacho.

Abajo, Vanessa caminaba por el jardín con una taza de café en la mano. Parecía tranquila. Incluso sonreía mientras hablaba por teléfono.

—Daniel, hay otra cosa —dijo Marcus—. Alguien está presionando a Olivia para que firme documentos que no comprende.

La voz de su abogado se volvió más seria.

—Eso debe detenerse inmediatamente. Asegúrate de que Olivia tenga claro que puede negarse a firmar cualquier documento. Y conserva todas las pruebas.

Cuando terminó la llamada, Marcus guardó los papeles en una carpeta y bajó al comedor.

Vanessa estaba allí, revisando una lista de compras.

—Buenos días —dijo ella sin levantar la mirada—. Las niñas necesitan ropa para la próxima semana. Brianna tiene una presentación y Chloe quiere un vestido para la fiesta de su amiga.

Marcus se sirvió café.

—¿Cuánto gastaste ayer?

Vanessa dejó el bolígrafo.

—¿Otra vez con eso?

—Te hice una pregunta.

—No llevo un registro mental de cada compra.

—Entonces revisa los recibos.

Ella lo miró fijamente.

—¿Desde cuándo tengo que justificar cada cosa que hago en esta casa?

—Desde que descubrí que mi hija está siendo tratada como una invitada y que hay documentos financieros que nadie me ha explicado.

Por primera vez, Vanessa pareció perder la seguridad.

Solo duró un instante.

—¿Qué documentos?

Marcus no respondió inmediatamente.

—Los que le pediste a Olivia que firmara.

Vanessa dejó la taza sobre la mesa con demasiada fuerza.

—Eso era un asunto administrativo. No tenías por qué convertirlo en un interrogatorio.

—¿Qué autorizaban?

—No recuerdo el nombre exacto del formulario.

—Curioso. Recuerdas perfectamente cuánto cuestan los zapatos de tus hijas, pero no recuerdas qué querías que firmara Olivia.

—¡Porque tú estás decidido a hacerme quedar como una delincuente!

Marcus se inclinó ligeramente hacia delante.

—Yo no te he llamado delincuente. Te estoy preguntando qué hiciste.

Vanessa se levantó.

—No hice nada malo. Intentaba organizar las cosas mientras tú estabas demasiado ocupado para prestar atención a tu familia.

—¿A cuál de mis hijas te refieres cuando dices mi familia?

La pregunta la hizo callar.

Desde el pasillo llegó el sonido de unos pasos. Brianna apareció con el cabello todavía húmedo, seguida por Chloe, que llevaba una sudadera rosa.

—Mamá, ¿vamos a ir al centro comercial hoy? —preguntó Chloe.

Vanessa recuperó inmediatamente su sonrisa.

—Claro, cariño. Solo déjame terminar algo.

Marcus observó el cambio de expresión.

Era como si Vanessa pudiera cerrar una puerta invisible entre la mujer que mostraba a sus hijas y la que mostraba a Olivia.

—Las compras tendrán que esperar —dijo él.

Vanessa giró hacia él.

—No tienes derecho a decidir eso.

—La tarjeta está vinculada a mi cuenta. Sí tengo derecho a revisar los gastos.

—¡Son gastos de la familia!

—Entonces no debería haber ningún problema en revisarlos.

Vanessa agarró su bolso.

—No voy a seguir soportando esta humillación.

—Nadie te está humillando. Estoy intentando entender qué está pasando.

—No. Estás buscando una excusa para castigarme porque Olivia no consiguió un vestido nuevo.

Marcus sintió una oleada de ira, pero mantuvo la voz firme.

—No vuelvas a reducir el dolor de mi hija a un vestido.

Vanessa se quedó inmóvil.

Brianna y Chloe intercambiaron una mirada.

Olivia apareció en la escalera, con los brazos cruzados sobre el pecho. Había escuchado lo suficiente para saber que la discusión no terminaría fácilmente.

Vanessa la vio y endureció el rostro.

—¿Estás contenta ahora? —le preguntó—. ¿Ya conseguiste que tu padre piense que soy una mala persona?

Olivia palideció.

—Yo no hice nada.

—Claro que no. Tú nunca haces nada. Solo lloras y esperas a que Marcus venga a rescatarte.

—Vanessa, basta —intervino Marcus.

—¡No me digas que basta en mi propia casa!

—Es mi casa también —dijo Olivia en voz baja.

El silencio fue inmediato.

Vanessa la miró como si acabara de cometer una ofensa imperdonable.

—¿Qué dijiste?

Olivia tragó saliva.

Marcus se acercó a ella, pero no habló por su hija. Quería que Vanessa escuchara sus palabras sin poder atribuirlas a una intervención de su padre.

—Dije que esta también es mi casa —repitió Olivia—. Y que estoy cansada de sentir que tengo que pedir permiso para existir aquí.

Brianna bajó la mirada.

Chloe dejó de jugar con la cremallera de su sudadera.

Por un segundo, Vanessa pareció no saber cómo responder.

Después tomó su bolso y salió del comedor.

La puerta principal se cerró con un golpe.

Marcus abrazó a Olivia por los hombros.

—Fuiste muy valiente.

—Tengo miedo, papá.

—Lo sé.

—Ella va a decir que estoy intentando separarlos.

Marcus no quiso mentirle.

—Puede que lo diga. Pero no vamos a tomar decisiones basadas en amenazas ni en culpa. Vamos a averiguar la verdad.

A media mañana, Daniel llamó.

Había revisado los primeros documentos y encontrado algo que merecía una investigación más profunda.

El fondo fiduciario de Olivia había sido creado con dinero del seguro de vida de su madre y una aportación posterior de Marcus. Los retiros estaban sujetos a condiciones específicas y requerían documentación verificable.

Sin embargo, había una cuenta secundaria vinculada a una autorización anterior.

—Marcus, necesito que escuches con atención —dijo Daniel—. Hay movimientos que no puedo explicar todavía. No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero el documento que encontraste podría estar relacionado con esa cuenta.

—¿Cuánto dinero?

Daniel hizo una pausa.

—Antes de darte una cifra, quiero confirmar los registros con el banco. Pero hay otro problema. La autorización que nos enviaron no parece llevar la firma de Olivia.

Marcus se puso de pie.

—¿Qué significa eso?

—Significa que debemos verificar si alguien utilizó una autorización distinta, si hubo un error administrativo o si se presentó un documento que no correspondía.

Marcus miró hacia el jardín.

Vanessa acababa de regresar.

Y no venía sola.

Un hombre desconocido la acompañaba, llevando un maletín negro. Ambos entraron por la puerta lateral, creyendo que nadie los observaba.

Marcus reconoció al hombre cuando se quitó las gafas de sol.

Era Richard Cole, un asesor financiero que había trabajado con él durante varios años antes de abandonar la empresa.

El mismo hombre que había ayudado a organizar los documentos del fondo de Olivia.

Marcus apretó el teléfono.

—Daniel, creo que acabamos de encontrar a alguien más que necesita explicar sus decisiones.

A través de la ventana, vio a Vanessa entregar a Richard un sobre.

Richard lo abrió, leyó el contenido y negó con la cabeza.

Después dijo algo que Marcus no pudo escuchar.

Vanessa le agarró el brazo.

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Y entonces Richard pronunció una frase que Marcus sí consiguió leer en sus labios:

«Ella todavía no sabe lo de su madre».

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