Chapter 5: La grabación que nadie debía encontrar
—Detén el video —ordenó Marcus.
Maya pausó la grabación.
La pantalla quedó congelada con Vanessa de pie junto al sofá y Nia entrando detrás de ella. El sobre azul descansaba sobre la mesa. La mochila negra de la adolescente estaba apoyada contra la pared.
Nia se acercó lentamente al teléfono.
—Esa es mi mochila.
Darius la miró.
—¿Por qué estabas ahí con Vanessa?
—No lo recuerdo así —susurró Nia.
—¿Cómo que no lo recuerdas así? —preguntó Marcus.
La adolescente retrocedió como si la pregunta la hubiera golpeado.
Vanessa aprovechó la confusión.
—Eso es lo que llevo intentando explicar. Nia vino conmigo porque estaba preocupada por el dinero. Yo estaba tratando de ayudarla a resolverlo antes de que la situación se saliera de control.
—Hace un minuto dijiste que no recordabas haber hablado con ella esa noche —señaló Maya.
—¡Nunca dije eso!
—Dijiste que no era importante.
—¡Porque no lo era!
Marcus extendió la mano hacia su hija menor.
—Maya, ¿puedes reproducir el resto?
Ella asintió y volvió a tocar la pantalla.
La grabación continuó sin sonido durante unos segundos. Vanessa dejó el sobre sobre la mesa y señaló la mochila. Nia permaneció inmóvil, mirando hacia el pasillo. Después, Vanessa tomó a la adolescente por los hombros y la condujo hasta el sofá.
Nia se cubrió la boca.
—No...
Darius dio un paso hacia la pantalla.
—¿Qué está pasando aquí?
La grabación siguió avanzando. Vanessa abrió el sobre, sacó varios billetes y comenzó a contarlos. Después miró hacia la puerta de la cocina y le entregó algo a Nia.
La imagen era demasiado borrosa para distinguirlo.
—Acércala —pidió Marcus.
Maya amplió la imagen, pero el objeto quedó reducido a una forma oscura entre las manos de ambas mujeres.
Entonces Vanessa señaló el pasillo y pareció hablar con Nia durante varios segundos. La adolescente negó con la cabeza. Vanessa volvió a acercarse a ella, y Nia terminó sentándose en el sofá.
La grabación finalizó a las 9:51 p. m.
Nadie dijo nada.
Marcus sintió que la sangre le golpeaba las sienes.
—Vanessa, explícame por qué estabas contando mi dinero.
Ella cruzó los brazos.
—No puedes sacar conclusiones de un video sin sonido.
—Te estoy haciendo una pregunta.
—Estaba revisando el dinero porque tú me pediste que comprobara la cantidad.
Marcus la miró fijamente.
—Yo nunca te pedí eso.
Vanessa desvió la mirada.
Fue un movimiento pequeño, casi imperceptible, pero Maya lo vio.
—¿Qué le entregaste a Nia? —preguntó la joven.
—No lo recuerdo.
—¿No recuerdas lo que hiciste hace tres noches?
—No voy a seguir respondiendo preguntas absurdas.
—Entonces responde las importantes —dijo Marcus—. ¿Por qué estaba la mochila de Nia junto al dinero?
Vanessa soltó un suspiro exagerado.
—Porque ella estaba buscando algo. Quizá una tarea, quizá sus llaves. No lo sé. ¿Tengo que recordar cada detalle de una conversación familiar?
Nia comenzó a llorar.
—Yo no quería hacerlo.
La voz fue tan débil que Marcus tuvo que inclinarse para escucharla.
—¿Qué cosa, cariño?
Nia se frotó las manos contra los pantalones.
—Vanessa me dijo que necesitaba ayuda para resolver un problema. Dijo que si la ayudaba, todo estaría bien.
Darius apretó los dientes.
—¿Ayudarla con qué?
Nia lo miró con miedo.
—Con el dinero.
El rostro de Marcus perdió el poco color que le quedaba.
—¿Estás diciendo que sabías dónde estaba mi dinero?
—No sabía todo —respondió Nia rápidamente—. Solo sabía que Vanessa tenía el sobre.
Vanessa se volvió hacia ella.
—Nia, piensa muy bien antes de seguir hablando.
Marcus se interpuso.
—No vuelvas a hablarle así.
—¡Estoy intentando protegerla!
—¿De quién? ¿De mí?
Vanessa no contestó.
Nia comenzó a explicar entre sollozos. El martes, Vanessa la había llamado a la sala y le había dicho que Darius estaba a punto de meterse en problemas por culpa de un dinero que había desaparecido. Según Vanessa, su hijo mayor estaba teniendo dificultades económicas y había estado tomando dinero sin permiso.
Nia no sabía si aquello era cierto. Vanessa le aseguró que tenía pruebas, pero que Marcus no estaba preparado para escuchar la historia completa.
—Me dijo que papá se enojaría con todos —explicó Nia—. Me dijo que, si yo hablaba primero, podría evitar que Darius me culpara por lo que estaba pasando.
Darius abrió la boca, pero su hermana continuó.
—Después me preguntó si alguna vez había tenido miedo de quedarme sola con él. Le dije que a veces discutíamos. Entonces me dijo que debía contarle a papá que Darius me había intimidado para que nadie me acusara de haber tomado el dinero.
Marcus sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Vanessa te dijo que acusaras a tu hermano?
—No usó exactamente esas palabras —contestó Nia—. Dijo que debía contar cómo me había hecho sentir y que papá entendería el resto.
Vanessa levantó las manos.
—¡Eso no es lo que ocurrió!
—¿Entonces qué ocurrió? —preguntó Marcus.
—La niña estaba confundida. Yo intentaba ayudarla a encontrar una manera de hablar contigo.
—¿Por qué necesitabas que hablara de Darius?
—Porque Darius tiene antecedentes de problemas de conducta.
—¡Me suspendieron una vez cuando tenía quince años! —protestó Darius—. ¡Por pelear con un muchacho que me había insultado!
—Y desde entonces has demostrado que puedes ser impulsivo —respondió Vanessa.
Darius soltó una carcajada amarga.
—Así que ahora cualquier cosa que diga puede usarse contra mí.
Marcus se volvió hacia Nia.
—¿Tu hermano te amenazó esa noche?
La muchacha bajó la cabeza.
—No.
La respuesta fue tan clara que nadie pudo fingir no haberla escuchado.
—¿Te impidió salir del pasillo?
—No.
Darius cerró los ojos. Durante un instante, pareció a punto de derrumbarse, pero se obligó a mantenerse de pie.
—Gracias por decir la verdad —murmuró.
Nia comenzó a llorar con más fuerza.
—Lo siento. Yo no quería que todo terminara así.
Darius se acercó, pero se detuvo cuando ella retrocedió instintivamente.
El gesto lo hirió más que cualquier acusación.
—No voy a tocarte, Nia —dijo suavemente—. Solo quiero que sepas que nunca quise hacerte daño.
Marcus observó a sus hijos. Comprendió que, aunque una parte de la acusación parecía desmoronarse, el daño ya estaba hecho. Darius había sido señalado dentro de su propia casa, y Nia había sido empujada a una situación que no comprendía por completo.
Pero aún faltaba algo.
Maya volvió a revisar la grabación.
—Papá, espera. Hay un archivo anterior.
Marcus se inclinó hacia ella.
—¿De qué hora?
—Martes, 9:17 p. m. Veinticinco minutos antes de que Vanessa entrara con Nia.
La joven tocó el archivo.
La imagen en blanco y negro mostró a Vanessa sentada sola en el sofá, hablando por teléfono. La mujer miró hacia la puerta, comprobó que nadie estuviera cerca y abrió un cuaderno sobre sus rodillas.
Después escribió una cifra.
Maya amplió la imagen.
Aunque los números estaban parcialmente borrosos, se distinguía algo con claridad: cuatro mil dólares.
Vanessa se levantó y caminó hacia la cámara.
Por un instante, su rostro llenó la pantalla.
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Y justo antes de que el video terminara, sus labios formaron unas palabras que Maya leyó en voz alta.
—«Si Marcus se entera, estamos acabadas».