Chapter 2: La grabación que nadie debía encontrar
Marcus no apartó los ojos del teléfono.
La voz de Vanessa había sonado con absoluta claridad. No había interferencias ni cortes. La cámara mostraba cada movimiento de aquella conversación, incluida la forma en que Vanessa había mirado hacia la puerta antes de hablar con Nia.
—Retrocede —ordenó Marcus.
Vanessa se llevó una mano al pecho.
—Cariño, por favor. Esa frase está fuera de contexto.
—Entonces vamos a escuchar el contexto.
Marcus deslizó el dedo por la pantalla y volvió a reproducir el fragmento.
En la imagen, Vanessa aparecía sentada junto a Nia. La adolescente de la grabación tenía los hombros encogidos y las manos entrelazadas sobre las rodillas.
—Escúchame bien, Nia —decía Vanessa desde el teléfono—. Tu padre no puede enterarse de todo esto todavía.
La Nia de la grabación levantaba la cabeza.
—Pero yo no hice nada. ¿Por qué tendría que mentir?
Vanessa miraba hacia la entrada de la sala.
—Nadie te está pidiendo que mientas. Solo te estoy diciendo que necesitas pensar en lo que es mejor para esta familia.
La Nia de la grabación negaba con la cabeza.
—¿Y qué pasa con Darius?
Vanessa se inclinaba hacia ella.
—Darius ya es mayor. Puede defenderse. Tú no tienes que preocuparte por él.
La grabación terminaba abruptamente cuando Vanessa se levantaba y salía del encuadre.
En la sala real, nadie se movió.
Marcus dejó el teléfono sobre la mesa con tanto cuidado que el gesto resultó más inquietante que un golpe.
—Vanessa, ¿por qué le dijiste a mi hija que no podía contarme lo que estaba pasando?
Ella intentó acercarse.
—Porque sabía que reaccionarías así. Mira lo que está sucediendo ahora. Tus hijos están peleándose, Darius está gritando y Maya está convirtiendo una situación delicada en un espectáculo.
—No cambies de tema —dijo Marcus.
—¡No estoy cambiando de tema! ¡Estoy intentando que entiendas que yo estaba protegiendo a Nia!
Darius soltó una carcajada amarga.
—¿Protegiéndola de quién? ¿De mí o de la verdad?
Vanessa lo señaló con un dedo.
—Tú no tienes derecho a cuestionarme después de lo que hiciste.
—¡No hice nada!
—¡Darius! —intervino Marcus.
El joven apretó los puños y dio un paso atrás. Su mandíbula estaba tensa, pero obedeció.
Maya se sentó junto a Nia. La menor parecía a punto de llorar, aunque todavía se esforzaba por mantener el rostro inexpresivo.
—Nia —dijo Maya con suavidad—, ¿qué pasó después de esa conversación?
La adolescente se frotó las palmas contra los pantalones.
—Vanessa me dijo que debía esperar. Que si hablaba con papá antes de que ella arreglara las cosas, podía perder algo importante.
Marcus giró hacia su pareja.
—¿Qué podía perder?
Vanessa negó con la cabeza.
—No voy a permitir que me interroguen como si estuviera en un tribunal.
—Estás en mi casa —respondió Marcus—. Y acabas de aparecer en una grabación diciéndole a mi hija que no me contara algo. Así que sí, voy a hacer preguntas.
Vanessa se quedó mirándolo. Durante once años había compartido con él cenas familiares, celebraciones de cumpleaños y domingos de iglesia. Conocía su forma de discutir y sabía que, cuando Marcus bajaba la voz en lugar de levantarla, era porque había llegado al límite de su paciencia.
—Nia estaba asustada —dijo finalmente—. Quería evitar que empeorara las cosas.
—¿Qué cosas? —preguntó Maya.
Vanessa no respondió.
Darius caminó hasta la ventana y apartó la cortina con una mano. La calle estaba tranquila. En el reflejo del cristal podía ver a su padre de pie frente a la mesa y a Vanessa atrapada en el centro de la sala.
Toda su vida había intentado ser el hijo que Marcus pudiera respetar. Había trabajado después de clases, ayudado con las facturas cuando su padre sufrió una lesión en la espalda y renunciado a varias oportunidades para quedarse cerca de su familia.
Ahora, en cuestión de minutos, se había convertido en el sospechoso de una historia que ni siquiera entendía.
—Papá —dijo sin volverse—, si crees que hice algo malo, dímelo de frente. Pero no voy a aceptar que alguien utilice a mi hermana para inventar una acusación contra mí.
Marcus lo observó.
—Todavía no he decidido qué ocurrió.
—Pero ya me estás mirando como si lo hubieras decidido.
May you like
Aquellas palabras golpearon a Marcus más de lo que esperaba.
Se acercó a su hijo.