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Chapter 7: La noche en que murió mi madre

Papá permaneció mirando la fotografía como si acabara de descubrir que todos los recuerdos de su vida estaban construidos sobre una mentira.

La licenciada Reynolds tomó la imagen y examinó la pulsera que Vanessa llevaba en la muñeca.

—Marcus, ¿recuerdas haber visto a esta mujer en el hospital la noche en que murió Elena?

Papá negó lentamente con la cabeza.

—No. Pasé aquella noche junto a la cama de mi esposa. Maya estaba con mi hermana. No recuerdo haber hablado con ninguna mujer que se pareciera a Vanessa.

—¿Y antes de esa noche? ¿Elena conocía a alguien con ese nombre?

Papá se quedó callado.

Yo estaba sentada en una silla, abrazando el cuaderno de recetas de mamá contra mi pecho.

—Papá, ¿mamá estaba asustada cuando murió?

Él se volvió inmediatamente hacia mí.

—No, cariño. Estaba enferma, pero nunca dejó de luchar. Los médicos hicieron todo lo que pudieron.

—Entonces, ¿por qué Vanessa estaba allí?

Papá no tuvo respuesta.

El señor Brooks guardó la fotografía en una carpeta protectora.

—Necesitamos averiguar qué ocurrió realmente en el hospital. No podemos asumir que la presencia de Vanessa signifique que estuvo involucrada en algo ilegal.

La licenciada Reynolds asintió.

—Voy a revisar los registros que legalmente podamos solicitar. También debemos encontrar a Patricia Morales. Si Elena dejó instrucciones adicionales, ella podría ayudarnos a entenderlas.

Papá miró el reloj.

—No pienso esperar sentado mientras Vanessa sigue ocultando información.

—Marcus —advirtió la abogada—, no la confronte sin tener claro qué pruebas posee. Si está intentando ocultar algo, una confrontación precipitada podría complicar la investigación.

Papá respiró profundamente.

—Tiene razón.

Pero yo sabía que quería respuestas tanto como yo.

Aquella tarde, mientras los adultos hacían llamadas, subí a mi habitación y saqué una caja de zapatos que guardaba debajo de la cama.

Dentro estaban las pocas cosas que conservaba de mamá: una cinta rosa para el cabello, una tarjeta de cumpleaños y una fotografía de las dos en el jardín.

Me senté en el suelo y pasé los dedos por la imagen.

Mamá tenía una mano alrededor de mis hombros.

Yo estaba riendo.

No recordaba cuándo se había tomado aquella fotografía, pero sí recordaba su perfume y la manera en que me llamaba mi rayito de sol.

—¿Por qué nadie me contó la verdad? —susurré.

Entonces recordé algo.

Una noche, poco antes de morir, mamá me había despertado para darme un beso.

Yo tenía seis años y estaba medio dormida.

—Maya, mi amor, prométeme que siempre le dirás a papá cuando algo te haga sentir miedo.

—¿Por qué, mamá?

Ella me acarició la mejilla.

—Porque las personas que te aman de verdad necesitan saber cuándo tienes miedo para poder protegerte.

En aquel momento, pensé que solo hablaba de las pesadillas.

Ahora aquellas palabras me parecían una advertencia.

Bajé las escaleras y encontré a papá hablando por teléfono en el despacho.

Cuando terminó, me acerqué.

—Papá, recuerdo algo de la noche en que murió mamá.

Él se volvió hacia mí.

—¿Qué recuerdas?

—Mamá me despertó y me pidió que te contara siempre cuando tuviera miedo.

Su expresión se suavizó.

—Ella quería que supieras que nunca tenías que enfrentarte sola a las cosas difíciles.

—¿Crees que sabía que iba a morir?

Papá se arrodilló frente a mí.

—No lo sé, cariño. Estaba muy enferma y quizá tenía miedo de lo que podía pasar. Pero nunca quiso que tú vivieras con miedo.

Me abrazó.

Durante un momento, permanecimos así, sin hablar.

Entonces sonó su teléfono.

Era un número desconocido.

Papá contestó en altavoz.

—¿Diga?

Una voz femenina respondió con cautela.

—¿Hablo con Marcus Carter?

—Sí. ¿Quién habla?

—Me llamo Patricia Morales.

Papá se quedó inmóvil.

Yo levanté la cabeza.

—¿Patricia?

La mujer respiró profundamente.

—La licenciada Reynolds me contactó. Me dijo que habían encontrado una tarjeta que perteneció a Elena.

Papá se sentó lentamente.

—Patricia, necesito preguntarte algo. ¿Conocías a Vanessa antes de que ella entrara en mi vida?

La mujer guardó silencio.

—Sí —respondió finalmente—. Y desearía haberles contado la verdad hace muchos años.

Papá apretó el teléfono.

—¿Qué verdad?

—Vanessa conoció a Elena mucho antes de que muriera. Trabajaron juntas durante un tiempo en una organización comunitaria que ayudaba a familias con dificultades económicas.

—¿Y por qué nunca me lo dijo?

—Porque su relación terminó mal.

—¿Por qué?

Patricia suspiró.

—Vanessa estaba pasando por problemas financieros. Elena intentó ayudarla, pero descubrió que había utilizado documentos ajenos para solicitar dinero. Cuando Elena se negó a encubrirla, Vanessa la culpó de arruinarle la vida.

Sentí un escalofrío.

Papá se levantó y comenzó a caminar.

—¿Estás diciendo que Vanessa conocía a mi esposa desde antes de su muerte y después se acercó a mí deliberadamente?

—No puedo demostrar cuáles eran sus intenciones cuando te conoció. Pero sí sé que, unos meses antes de que Elena muriera, Vanessa me preguntó por el fideicomiso de Maya.

Papá se detuvo.

—¿Qué le dijiste?

—Que no tenía derecho a acceder a él. Elena había dejado instrucciones muy claras.

—¿Qué instrucciones?

Patricia hizo una pausa.

—Elena guardó una declaración firmada ante notario. Explicaba quién debía administrar el fideicomiso y qué ocurriría si alguien intentaba utilizarlo en beneficio propio. Yo conservé una copia porque ella temía que los documentos originales pudieran desaparecer.

La licenciada Reynolds, que había regresado al despacho, se acercó al teléfono.

—Señora Morales, soy la abogada de la familia Carter. ¿Podría entregarnos esa declaración?

—Sí. Pero hay algo más que deben saber.

Su voz comenzó a temblar.

—La noche en que Elena murió, Vanessa estaba en el hospital. Yo también estaba allí.

Papá palideció.

—¿Qué ocurrió?

—Elena había pedido hablar con ella. Quería cerrar definitivamente aquella historia y asegurarse de que Vanessa no volviera a acercarse a Maya.

Yo me llevé una mano a la boca.

—¿Mamá sabía que Vanessa iba a regresar?

—No puedo asegurar eso, cariño —respondió Patricia al escucharme—. Pero tu mamá tenía miedo de que Vanessa intentara aprovecharse de la situación.

Papá apretó la mandíbula.

—¿Qué pasó entre ellas aquella noche?

—No vi toda la conversación. Cuando llegué a la habitación, Elena estaba llorando. Vanessa salió furiosa y dijo que algún día todos comprenderían que Elena no era la persona que aparentaba ser.

—¿Y después?

—Después Elena me pidió que guardara los documentos. Me dijo que, si algún día Vanessa entraba en tu familia, debía asegurarme de que Maya estuviera protegida.

Papá cerró los ojos.

Yo sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Vanessa no había llegado a nuestra casa por casualidad.

Al menos, eso era lo que empezábamos a sospechar.

—Patricia —dijo papá—, necesito verte. ¿Puedes venir mañana?

—Puedo estar allí a las diez.

La llamada terminó.

Papá me abrazó y me besó el cabello.

—Vamos a averiguar todo, mi niña. Te lo prometo.

Pero esa noche, mientras preparábamos la cena, recibimos un mensaje de Vanessa.

No iba dirigido a papá.

Era para mí.

*«Maya, tu padre te está contando una historia incompleta. Si quieres saber por qué tu madre me odiaba, pregúntale qué ocurrió durante la última conversación que tuvieron antes de morir».*

Le mostré el mensaje a papá.

Su rostro perdió el color.

—¿Qué significa eso? —pregunté.

Él no respondió inmediatamente.

Después miró hacia la caja de recuerdos de mamá.

—Significa que Vanessa está intentando que dudemos de lo que sabemos.

Pero aquella noche, cuando papá creyó que yo dormía, lo escuché entrar al despacho y cerrar la puerta.

Me levanté silenciosamente.

A través de la rendija, vi que sostenía una fotografía antigua.

Una imagen que nunca había visto.

Mamá estaba sentada en la cama del hospital.

Vanessa estaba junto a la ventana.

Y entre ambas había una tercera persona.

Mi padre.

Lo que más me asustó no fue la fotografía.

Fue la fecha escrita en el reverso.

*La noche en que murió Elena Carter.*

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Papá había estado allí cuando Vanessa y mi madre se enfrentaron.

Y, por primera vez, comprendí que él también me estaba ocultando algo.

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