Chapter 7: El traidor que se sentaba a mi mesa
El nombre que aparecía en el teléfono de Vanessa era el de Gregory Price, mi director financiero.
Gregory llevaba siete años trabajando conmigo. Había estado presente cuando abrimos nuestro tercer restaurante, cuando tuvimos que renegociar un préstamo y cuando mi madre cortó el listón durante la inauguración de nuestra sede corporativa.
Yo le había confiado mis números, mis contratos y buena parte de mis decisiones más delicadas.
Incluso había recomendado a su hija para una beca universitaria.
Ahora, frente a la pantalla de Vanessa, me preguntaba si alguna vez había conocido realmente al hombre que tenía sentado a mi lado durante tantas reuniones.
—¿Estás segura de que ese mensaje vino de él? —pregunté.
Vanessa asintió.
—Lo recibí desde su número personal. Lo tengo guardado desde hace dos semanas.
—¿Por qué no me lo mostraste antes?
Ella apretó el bolso contra su pecho.
—Porque Gregory me dijo que tú conocías el acuerdo. Cuando descubrí que había algo extraño, mi padre me pidió que no hablara contigo. Me aseguró que todo estaba controlado.
—¿Y le creíste?
Vanessa bajó la mirada.
—Quería creerle.
No era la primera vez que escuchaba esas palabras durante las últimas veinticuatro horas.
Pero una cosa era querer creer en un padre y otra muy distinta era utilizar esa confianza para perjudicar a otras personas.
—Necesito que hables con Olivia —dije—. Ella revisará los mensajes y determinará cómo conservarlos como evidencia.
—¿Me vas a denunciar?
La miré directamente.
—No voy a decidir tu responsabilidad antes de conocer todos los hechos. Pero tampoco voy a ocultar información para protegerte.
Vanessa asintió con dificultad.
—Entiendo.
Cuando se marchó, llamé a Olivia.
Llegó a mi oficina cuarenta minutos después, acompañada por un especialista en auditoría forense llamado Michael Reed.
Michael era un hombre meticuloso que hablaba despacio y hacía preguntas que parecían insignificantes hasta que uno comprendía su importancia.
Le mostramos el mensaje de Vanessa, la cláusula de transferencia y la documentación encontrada en el almacén de mi padre.
Él tomó notas sin interrumpir.
—No debemos acceder a las cuentas de Gregory sin autorización —explicó—. Pero podemos revisar los registros corporativos a los que la empresa tiene acceso legítimo, preservar las comunicaciones relevantes y solicitar una auditoría independiente.
—Hazlo —respondí.
Olivia me miró.
—Marcus, hay algo que debes considerar. Gregory tiene acceso a información financiera sensible. Si sospecha que lo estamos investigando, podría intentar borrar registros o mover fondos.
—Entonces no lo confrontaremos hasta preservar lo que podamos.
Michael asintió.
—Necesito una lista de los sistemas que administra, los contratos que ha revisado y las operaciones que ha autorizado durante los últimos seis meses.
Le entregué la información que tenía disponible.
Durante las siguientes horas, el equipo comenzó a revisar las operaciones vinculadas con Sterling Capital Partners.
A las seis de la tarde, Michael regresó a mi oficina con una carpeta.
—Encontramos tres transferencias relacionadas con Vantage Advisory Group —dijo.
Sentí que el estómago se me contraía.
—¿Por qué cantidades?
—Una de un millón doscientos mil dólares. Otra de doscientos mil. La tercera es de cincuenta mil.
—¿Quién autorizó los pagos?
Michael abrió la carpeta.
—La primera transferencia procede de una cuenta vinculada a la familia Williams. La segunda pasó por una empresa de consultoría que aparece en nuestros registros como proveedora externa. La tercera salió de una cuenta corporativa de Bennett Hospitality Group.
Me quedé inmóvil.
—¿Una cuenta nuestra?
—Sí. La transferencia de cincuenta mil dólares fue registrada como un anticipo por servicios de asesoría financiera.
Olivia tomó el documento.
—¿Quién aprobó la operación?
Michael señaló una línea.
Gregory Price.
La habitación pareció quedarse sin aire.
—¿Hay evidencia de que ese dinero llegó a Vantage? —pregunté.
—Estamos verificándolo. Los registros iniciales indican que la cuenta receptora está vinculada a la misma entidad que aparece en los documentos de Vanessa. Pero todavía debemos confirmar quién controla realmente esa cuenta.
Olivia cerró la carpeta.
—No debemos saltar a conclusiones. Una autorización contable puede ser fraudulenta, pero también puede haber sido introducida utilizando credenciales ajenas.
Miré la firma digital.
Gregory había aprobado la transferencia un martes por la mañana, a las 9:14.
A esa hora yo estaba en una reunión con varios gerentes regionales.
Recordaba perfectamente aquella mañana porque habíamos discutido la apertura de un restaurante en Nashville.
Gregory también había participado en la reunión.
—Quiero que revisen los registros de acceso —dije—. Necesitamos saber desde qué dispositivo se autorizó el pago y si hubo modificaciones posteriores.
Michael tomó nota.
—Lo investigaremos.
A las siete y media, Gregory apareció en mi oficina.
Llevaba su habitual traje azul marino y una taza de café. Sonrió al verme, pero su expresión cambió cuando notó la presencia de Olivia y Michael.
—Marcus, ¿interrumpo algo?
—Pasa, Gregory.
Cerré la puerta.
Él dejó el café sobre la mesa y observó la carpeta que tenía delante.
—¿Sucede algo con la inversión de Sterling?
—Sí. Hemos encontrado irregularidades en algunos documentos y pagos relacionados con el acuerdo.
Gregory se sentó lentamente.
—¿Qué clase de irregularidades?
—Una transferencia de cincuenta mil dólares a Vantage Advisory Group, registrada como asesoría financiera.
Su rostro apenas cambió.
—Ah, eso. Era una operación preliminar. La consultora debía realizar un análisis de mercado para la expansión.
—¿Quién aprobó el contrato?
—Yo, naturalmente. Era parte de mis responsabilidades.
—¿Dónde está el informe?
Gregory parpadeó.
—¿Qué informe?
—El análisis de mercado por el que pagamos cincuenta mil dólares.
Se acomodó en la silla.
—Debo revisar los archivos. Creo que el proveedor todavía estaba preparando la documentación.
Olivia intervino.
—¿Puede identificar a los responsables de Vantage Advisory Group?
Gregory la miró.
—No personalmente. Trabajamos con numerosos proveedores.
—¿Verificó su registro comercial antes de autorizar el pago?
—Supongo que el departamento correspondiente lo hizo.
Michael anotó algo.
Yo no aparté la mirada de Gregory.
—¿Hablaste con Vanessa Williams sobre la inversión?
Una pausa.
Demasiado larga.
—¿Vanessa? La conozco de algunas reuniones sociales. ¿Por qué?
—Porque afirma que le dijiste que yo había aprobado una comisión de un millón doscientos mil dólares.
Gregory soltó una risa breve.
—Eso es absurdo. Yo jamás haría algo así sin tu autorización.
—¿Le enviaste mensajes sobre el acuerdo?
—No lo recuerdo.
—Ella conserva mensajes enviados desde tu número.
Gregory dejó de sonreír.
Por primera vez, pareció entender que aquella conversación no era una revisión rutinaria.
—Marcus, si hay alguna confusión, podemos aclararla. No necesitas involucrar a abogados.
Olivia se inclinó ligeramente hacia delante.
—Precisamente para aclarar cualquier confusión estamos documentando los hechos.
Gregory me miró.
—¿Después de siete años, realmente crees que podría traicionarte?
La pregunta me dolió porque sabía exactamente por qué la había hecho.
Quería que recordara nuestra historia, los problemas que habíamos superado y las veces que habíamos confiado el uno en el otro.
Pero la confianza no podía convertirse en una excusa para ignorar los documentos.
—No estoy decidiendo quién eres, Gregory —respondí—. Estoy intentando descubrir qué ocurrió.
Él se levantó.
—Entonces espero que encuentres la respuesta.
Se dirigió a la puerta.
Antes de salir, se volvió hacia mí.
—Solo ten cuidado, Marcus. A veces, las personas que llegan con pruebas no son las que dicen ser.
La puerta se cerró.
Michael dejó su bolígrafo.
—Eso fue interesante.
—¿Por qué?
—Porque no le preguntamos si conocía a Daniel Mercer, y sin embargo parecía nervioso cuando mencionamos la empresa intermediaria.
Olivia asintió.
—También intentó desviar la conversación hacia tu confianza personal. No demuestra culpabilidad, pero merece atención.
En ese momento, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Ethan.
«Mi padre quiere reunirse contigo mañana. Dice que puede demostrar que Gregory actuó por su cuenta».
Lo leí dos veces.
Si Richard Williams sabía lo que había hecho Gregory, podía estar intentando colaborar con la investigación.
O podía estar preparando otra maniobra para salvarse.
Antes de responder, recibí un segundo mensaje.
Esta vez provenía de un número desconocido.
«No confíes en Gregory. Él no creó el plan. Solo estaba siguiendo instrucciones de alguien que tiene acceso a todos tus documentos».
Debajo había una fotografía de una hoja de papel.
Reconocí mi firma en la parte inferior.
Pero la fecha correspondía a un día en que yo había estado fuera del país.
Y en el margen, escrito a mano, aparecía un nombre.
*Olivia Grant.*
Mi abogada.
La persona que acababa de ayudarme a investigar la conspiración.
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Levanté la mirada hacia ella.
Olivia seguía revisando los documentos, sin saber todavía que alguien acababa de poner su nombre en el centro de todo.