Chapter 5: La mujer que regresó de entre las sombras
Tres golpes resonaron en la puerta principal.
Marcus caminó hacia el recibidor, pero Vanessa se interpuso en su camino.
—Déjame abrir a mí.
—Es mi hermana.
—Y es una mujer que lleva meses huyendo de algo que no conoces.
Marcus la miró con dureza.
—¿Cómo puedes decir eso y esperar que me quede tranquilo?
—Porque durante seis meses nadie se preocupó por preguntarse si estaba viva. Yo sí.
Un cuarto golpe sacudió la puerta.
Amara corrió hacia el recibidor.
—¡Es la tía Rochelle! ¡Tenemos que dejarla entrar!
Vanessa abrió antes de que Marcus pudiera detenerla.
Rochelle Reed estaba en el umbral, empapada por la lluvia. Llevaba una chaqueta gris demasiado grande, el cabello recogido de cualquier manera y una pequeña bolsa de viaje colgada del hombro. Su rostro, antes luminoso, parecía consumido por el cansancio.
Cuando vio a Marcus, retrocedió.
—No sabía que estarías aquí.
—Esta es mi casa —respondió él—. ¿Dónde demonios has estado?
Rochelle miró a Vanessa.
—Me dijiste que él no vendría.
—No sabía que iba a venir —contestó Vanessa—. Llegó esta tarde.
Marcus dio un paso adelante.
—No vuelvas a hablar de mí como si yo fuera un extraño. Soy tu hermano. Desapareciste sin explicaciones, dejaste de contestar mis llamadas y ahora apareces en mi puerta diciendo que no esperabas encontrarme.
Rochelle apretó la correa de su bolsa.
—No desaparecí porque quisiera.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste?
Ella no respondió.
Vanessa tomó su mano y la condujo hacia el comedor.
—Siéntate. Estás temblando.
—No tengo tiempo para sentarme —susurró Rochelle—. ¿Daniel está aquí?
—Está arriba, durmiendo —dijo Vanessa—. ¿Por qué?
Rochelle cerró los ojos aliviada.
—Gracias a Dios.
Marcus observó a su hermana. Aquella reacción le resultó extraña. Rochelle siempre había adorado a sus sobrinos, pero ahora parecía aterrorizada ante la idea de encontrarse con ellos.
—¿Qué está pasando? —preguntó.
Vanessa colocó una taza de agua frente a Rochelle.
—Primero necesitas saber que no le robé dinero a nadie.
Marcus cruzó los brazos.
—Todavía no has explicado la transferencia.
Rochelle miró los documentos que él había dejado sobre la mesa.
—¿Ocho mil dólares?
—Sí —respondió Marcus—. Salieron de una cuenta relacionada con la hipoteca.
Rochelle se llevó ambas manos al rostro.
—No debiste utilizar ese dinero.
Vanessa se quedó helada.
Marcus señaló a su hermana.
—¡Por fin alguien está dispuesto a decir la verdad!
—No he terminado —replicó Rochelle—. No debiste utilizarlo porque era dinero que yo te había pedido que guardaras para Daniel y Amara.
El silencio fue inmediato.
Marcus bajó los brazos.
—¿Qué?
Vanessa miró a Rochelle, sorprendida.
—¿De qué estás hablando?
Rochelle respiró profundamente.
—Hace dos años, cuando papá murió, me dejó una parte de su herencia. No quería que la recibiera directamente porque estaba atravesando problemas personales. Marcus se ofreció a administrarla temporalmente.
Marcus palideció.
—Eso no tiene nada que ver con los ocho mil dólares.
—Sí tiene que ver —dijo Rochelle—. Porque esa transferencia salió de una cuenta donde yo había depositado dinero para el futuro de mis sobrinos.
Marcus se volvió hacia Vanessa.
—¿Estás diciendo que utilizaste la herencia de Rochelle para pagar la hipoteca?
—No exactamente —respondió ella.
—¡Deja de hablar en acertijos!
Vanessa sacó otra carpeta del aparador.
—La cuenta familiar estaba vinculada a un fondo que Marcus creó después de la muerte de tu padre. Cuando los pagos de la casa comenzaron a retrasarse, intenté averiguar si quedaba dinero reservado para los niños. Encontré una transferencia pendiente y llamé al banco.
Marcus le arrebató la carpeta.
—No tenías autorización para revisar esa cuenta.
—Soy copropietaria de la casa y aparezco en los documentos financieros relacionados con los pagos —contestó Vanessa—. Y cuando el banco me informó que había fondos disponibles, los utilicé para evitar que iniciaran el procedimiento de ejecución hipotecaria.
—¿Sin preguntarme?
—Te llamé diecisiete veces.
Marcus abrió la boca, pero no respondió.
Rochelle se inclinó hacia delante.
—Yo le pedí que lo hiciera.
Marcus giró hacia ella.
—¿Por qué?
—Porque tú dejaste de contestar mis llamadas.
Aquellas palabras parecieron alterar algo dentro de él.
Rochelle continuó:
—Cuando me quedé sin trabajo, acudí a ti. Me dijiste que estabas ocupado y que no podías seguir resolviendo mis problemas. Después descubrí que alguien había empezado a retirar dinero de la cuenta que papá me dejó. Fui a preguntarte y me dijiste que no hiciera preguntas.
Marcus sacudió la cabeza.
—Eso no es cierto.
—Tengo los estados bancarios.
Rochelle abrió su bolsa y sacó varios sobres. Los colocó junto a la carpeta de Vanessa.
—Durante meses intenté recuperar el dinero. Cuando descubrí que parte de él había sido utilizado para cubrir pérdidas de tu negocio, tuve miedo. No sabía cuánto habías perdido ni qué ibas a hacer cuando te enfrentaras a mí.
—¿Estás diciendo que te robé?
—Estoy diciendo que no puedo encontrar el dinero que me prometiste proteger.
Marcus miró los documentos. Reconoció el nombre de la entidad financiera y las fechas de las transferencias.
Por primera vez, la posibilidad de que Vanessa no fuera la responsable de todo comenzó a abrirse paso entre sus certezas.
—Si creías que había cometido un delito, ¿por qué no acudiste a la policía? —preguntó.
Rochelle bajó la mirada.
—Porque alguien me envió una copia de un documento donde aparecía mi firma autorizando los movimientos.
—¿Y no los autorizaste?
—No.
Amara se acercó a su tía.
—¿Alguien falsificó tu firma?
Rochelle asintió lentamente.
—Eso creo.
Marcus revisó los papeles, buscando una explicación que encajara con todo lo que estaba escuchando.
Entonces encontró una hoja que no reconocía.
Era una autorización bancaria fechada tres semanas antes de que Rochelle desapareciera. En la parte inferior figuraba su firma, junto a la de otra persona.
La de Vanessa.
Marcus levantó la cabeza.
—Vanessa, ¿por qué firmaste este documento?
Vanessa miró la hoja y perdió el color del rostro.
—Esa no es mi firma.
—Está claramente escrita con tu nombre.
—¡Te estoy diciendo que no la firmé!
Rochelle se levantó, aterrorizada.
—Entonces ya lo sabe.
Marcus dejó el documento sobre la mesa.
—¿Saber qué?
Rochelle miró hacia la ventana, donde las luces de un automóvil acababan de iluminar la entrada de la casa.
—Que regresé.
Un teléfono comenzó a sonar dentro de su bolsa.
Ella lo sacó, vio el número desconocido y se quedó inmóvil.
Vanessa susurró:
—No contestes.
Pero Rochelle ya había deslizado el dedo por la pantalla.
Una voz masculina se escuchó al otro lado.
—Espero que hayas disfrutado tu visita familiar. Ahora escucha con atención: tienes hasta mañana para devolver los documentos. Si no lo haces, todos sabrán lo que hiciste con el dinero de los niños.
La llamada terminó.
Rochelle dejó caer el teléfono.
Marcus la miró con el rostro endurecido.
—¿Qué documentos quieren que devuelvas?
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Ella levantó los ojos, llenos de lágrimas.
—Los que demuestran quién ha estado robando de la familia durante los últimos dos años.