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Chapter 6: La mujer que conocía a mi madre antes de casarse con mi ex

No podía dejar de mirar la fotografía.

Mi madre llevaba su abrigo color vino y un collar de perlas que yo le había regalado por su cumpleaños. Frente a ella estaba Vanessa, mucho más joven, con el cabello recogido y una expresión que nunca le había visto.

No estaban sonriendo.

Parecía una conversación seria.

—¿Dónde consiguió esto mi madre? —pregunté.

Patricia se sentó al otro lado del escritorio.

—Lorraine me la entregó junto con la carta. Me dijo que la conservara porque demostraba que había conocido a Vanessa antes de que ella se casara con Marcus.

Malik se inclinó para observar la imagen.

—¿Por qué se reunieron?

Patricia abrió una carpeta.

—Eso es lo que su abuela intentó documentar. Pero antes de explicarlo, quiero que entiendan algo: no puedo asegurarles que cada sospecha de Lorraine fuera correcta. Lo que sí puedo confirmar es que existen documentos que respaldan algunas de sus preocupaciones.

Asentí lentamente.

No quería más rumores.

Quería hechos.

Patricia sacó una copia de un correo electrónico fechado ocho meses antes de la boda de Marcus y Vanessa.

El remitente era una dirección que no reconocía.

El destinatario era mi exesposo.

El mensaje decía:

«La señora Williams sabe más de lo que imaginas sobre el fondo. Necesitamos hablar antes de que su madre intervenga».

Sentí que la habitación se inclinaba.

—¿Mi madre sabía que Vanessa estaba intentando acercarse a Marcus?

—Lorraine sospechaba que Vanessa había investigado las finanzas de la familia —respondió Patricia—. Pero no tenía pruebas suficientes para afirmar por qué.

Malik apretó los puños.

—¿Y papá?

—Marcus respondió a ese correo al día siguiente. Dijo que hablaría con Vanessa en persona.

Me quedé mirando la pantalla.

Marcus y yo ya estábamos separados cuando comenzaron a salir juntos. Siempre había creído que su relación había surgido de manera natural, después de que nuestro matrimonio terminara.

Ahora había una posibilidad mucho más inquietante.

¿Había conocido Vanessa a mi madre antes de entrar en nuestra familia?

¿Había buscado a Marcus por interés económico?

¿O mi madre había descubierto algo completamente distinto?

Patricia deslizó la fotografía hacia mí.

—Lorraine escribió una nota sobre esta reunión.

La sacó de un sobre pequeño.

Reconocí inmediatamente la letra de mi madre.

«Vanessa asegura que no conoce a Marcus desde hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando mencioné el fondo de Malik, hizo preguntas muy específicas sobre quién lo administra y cuándo podrá acceder a él. No sé cuáles son sus intenciones, pero Nia debe tener cuidado».

Me cubrí la boca.

Mi madre había intentado protegernos.

Y yo no había sabido nada.

—¿Por qué no me llamó? —pregunté, con la voz rota.

Patricia guardó silencio unos segundos.

—Según sus notas, Lorraine intentó hablar contigo dos veces. La primera, Marcus respondió tu teléfono porque tú estabas trabajando. La segunda, ella dejó un mensaje que nunca recibió respuesta.

Miré a Malik.

Recordaba aquellos días.

Trabajaba turnos dobles, atendía llamadas de pacientes y regresaba a casa tan agotada que a veces me dormía en el sofá antes de cenar.

Mi madre había estado enferma.

Yo había prometido visitarla más a menudo, pero siempre surgía algo urgente.

Durante semanas me repetí que tendría tiempo el fin de semana siguiente.

Hasta que dejó de haber un fin de semana siguiente.

Las lágrimas me nublaron la vista.

—Debí haberla escuchado.

Malik se sentó a mi lado y me tomó la mano.

—No sabías lo que estaba pasando, mamá.

—Era mi madre.

—Y ella sabía cuánto trabajabas para cuidarnos. No te habría culpado por eso.

Patricia nos dio unos minutos.

Después sacó el sobre sellado.

—Esta es la carta que Lorraine dejó para usted. La he conservado sin abrir desde que me la entregó.

Mis dedos temblaron cuando rompí el sello.

Dentro había cuatro páginas escritas a mano.

La primera comenzaba con una frase que me hizo llorar antes de llegar al segundo párrafo.

«Mi querida Nia: si estás leyendo esto, probablemente no pude protegerte de todo lo que intenté evitar. Quiero que sepas que nunca dudé de la madre que eres. No permitas que nadie te convenza de que debes pedir permiso para amar a tu propio hijo».

Me detuve.

Malik me rodeó los hombros.

Continué leyendo.

Lorraine explicaba que había conocido a Vanessa en una cafetería cerca de la clínica donde yo trabajaba. Vanessa se había presentado como una conocida de Marcus y le había preguntado por el futuro de Malik.

Al principio, mi madre pensó que la joven estaba intentando establecer una relación cordial con la familia.

Pero Vanessa hizo preguntas sobre el fondo educativo.

Quiso saber quién figuraba como beneficiario, qué ocurriría si Marcus volvía a casarse y si yo podía retirar el dinero sin su consentimiento.

Mi madre no le dio ninguna información.

Unas semanas después, descubrió que alguien había solicitado información financiera relacionada con la cuenta.

No sabía quién había hecho la solicitud.

Por eso contactó a Patricia.

La carta terminaba con una advertencia:

«Si alguna vez descubres que el dinero de Malik fue utilizado sin autorización, no te conformes con que te prometan devolverlo. Pide que se revisen los documentos originales. Hay una firma que no pertenece a ninguna de las personas que aparecen en el acuerdo».

Leí aquella frase en voz alta.

Patricia se inclinó hacia delante.

—¿Una firma de quién? —preguntó Malik.

Volví a examinar las páginas.

En el margen inferior de la última hoja, mi madre había escrito un nombre.

No era Marcus.

Tampoco era Vanessa.

Era Daniel Reed.

El hermano mayor de Vanessa.

Nunca había conocido personalmente a Daniel, pero recordaba que Vanessa lo mencionaba de vez en cuando. Según ella, trabajaba en inversiones y había ayudado a su familia durante una época difícil.

Patricia sacó otra hoja.

—Daniel aparece como testigo en una de las transferencias bancarias. También figura en una solicitud de acceso a la cuenta que se presentó cuatro años atrás.

Malik frunció el ceño.

—¿Por qué el hermano de Vanessa tendría acceso al dinero de mi universidad?

—Esa es una de las preguntas que todavía necesitan respuesta —dijo Patricia.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era Marcus.

No quería contestar.

Pero Malik me hizo una señal para que pusiera el altavoz.

—¿Qué quieres? —pregunté.

Su voz sonaba agotada.

—Nia, necesitamos hablar a solas.

—Ya hemos hablado bastante.

—Hay cosas que no entiendes. Vanessa no sabía todo lo que estaba pasando.

Miré la fotografía de mi madre.

—¿Por qué mi madre se reunió con ella ocho meses antes de tu boda?

Hubo un silencio.

—¿Encontraste la fotografía?

—Encontré la carta de mi madre. Y encontré el nombre de Daniel Reed.

Escuché una respiración brusca al otro lado.

—No involucres a Daniel.

Malik se acercó al teléfono.

—¿Por qué, papá? ¿Qué hizo el tío de Vanessa?

Marcus elevó la voz.

—¡No sabes con quién te estás metiendo!

—Entonces explícame.

—No puedo hacerlo por teléfono.

—Siempre tienes una excusa.

Marcus bajó la voz.

—Nia, escucha. Si Patricia te entregó todos los documentos, hay una cosa que debes saber. El fondo de Malik no fue la primera cuenta que Daniel ayudó a administrar.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué otra cuenta?

Marcus tardó en responder.

—La cuenta de ahorros de Lorraine.

Sentí que se me helaban las manos.

Mi madre tenía una pequeña cuenta personal para pagar sus gastos médicos. Cuando murió, Marcus me había ayudado a organizar algunos documentos porque yo estaba demasiado destrozada para ocuparme de todo.

Recordaba que me dijo que la cuenta estaba prácticamente vacía.

Me aseguró que los últimos gastos médicos habían consumido sus ahorros.

Yo le creí.

—¿Estás diciendo que alguien sacó dinero de la cuenta de mi madre?

—Estoy diciendo que Daniel manejó ciertas operaciones y que yo no revisé todo lo que debía revisar.

—¿Cuánto dinero?

Marcus no contestó.

Patricia nos miraba con expresión grave.

Entonces mi hijo abrió una de las carpetas y encontró una copia de un estado bancario que no habíamos visto antes.

La cifra impresa en la parte inferior era de sesenta y dos mil dólares.

Malik levantó la hoja.

—Mamá, esta cuenta tenía sesenta y dos mil dólares el mes antes de que muriera la abuela.

Miré la fecha.

Era imposible.

Porque, según Marcus, mi madre apenas había dejado dinero suficiente para cubrir sus últimos gastos.

Volví a acercarme al teléfono.

—Marcus, quiero que me digas exactamente dónde terminó el dinero de mi madre.

Mi exesposo respiró temblorosamente.

—Nia, hay algo más. Daniel no se quedó con ese dinero.

—¿Entonces quién lo recibió?

La respuesta llegó en un susurro.

—Vanessa.

Y antes de que pudiera reaccionar, escuchamos un golpe en la puerta del despacho de Patricia.

Una mujer entró sin esperar permiso.

Llevaba una carpeta roja contra el pecho.

Era Vanessa.

Tenía los ojos hinchados y el maquillaje corrido.

Miró la carta de Lorraine, después la fotografía y finalmente a mí.

—Antes de que Marcus te cuente otra mentira —dijo con la voz quebrada—, tienes que saber que yo no fui quien falsificó tu firma.

Dejó la carpeta roja sobre el escritorio.

La abrió.

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Y señaló un documento que llevaba el nombre de una persona que ninguno de nosotros había esperado encontrar en aquella historia.

*Malik Bennett.*

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