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Chapter 4: La voz detrás de la puerta

Michael sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Conocía aquella voz.

Era la voz de Elena, su hermana menor, la mujer que había dejado de visitar su casa hacía casi un año después de una discusión que Vanessa describió como una pelea familiar sin importancia.

Elena, la misma mujer que le había enviado mensajes durante meses y a quien él había dejado de contestar porque Vanessa insistía en que solo quería dinero.

Elena, la misma mujer que supuestamente se había mudado a otro estado.

Y ahora estaba detrás de una puerta cerrada con candado, pronunciando su nombre como si llevara horas esperando que alguien la escuchara.

—Elena… —susurró Michael, acercándose a la madera—. ¿Eres tú?

—Sí, Michael. Por favor, abre. No tengo mucho tiempo.

Vanessa se interpuso inmediatamente.

—¡No la escuches! Está enferma. Tiene problemas, y por eso tuvimos que dejarla aquí hasta que se calmara.

Michael la miró como si acabara de verla por primera vez.

—¿Dejarla aquí? ¿Desde cuándo?

—No voy a discutir esto contigo.

—¡Desde cuándo, Vanessa!

Ella retrocedió.

Lily, todavía aferrada a la camisa de su padre, levantó la cabeza.

—La tía Elena me daba comida cuando tenía hambre —dijo en voz baja—. Por eso Vanessa se enojó con ella.

Michael bajó la mirada hacia su hija.

—¿La tía Elena te daba comida?

Lily asintió.

—Una vez me dio un sándwich. Vanessa dijo que no podía hacerlo porque yo tenía que aprender a obedecer. Después escuché que cerró la puerta.

Desde la despensa llegó un golpe desesperado.

—¡Michael, no dejes que te engañe! —gritó Elena—. ¡Vanessa me encerró porque me negué a quedarme callada!

Vanessa se volvió hacia la puerta.

—¡Cállate! ¡No sabes lo que estás provocando!

Aquella reacción terminó de destruir cualquier duda que Michael todavía pudiera tener.

Sacó el teléfono y volvió a llamar a emergencias para informar que posiblemente había una persona encerrada contra su voluntad. La operadora le indicó que no se pusiera en peligro y que esperara a los agentes.

Michael obedeció, pero no apartó la vista del candado.

—Dame la llave, Vanessa.

—No.

—No voy a pedírtelo una tercera vez.

—¡Esa mujer destruyó nuestra familia mucho antes de que tú la conocieras! —gritó Vanessa—. ¡Siempre ha querido separarnos!

—Entonces abre la puerta y deja que explique lo que pasó.

Vanessa apretó la mandíbula.

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—No puedes creerle a una mujer que ni siquiera ha podido cuidar de sí misma.

Desde

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